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Lo que las guerras en Ucrania e Irán enseñan a Europa sobre la defensa aérea moderna

ARCHIVO - Un soldado alumno de la Escuela Yatagan de sistemas aéreos no tripulados lanza un dron de entrenamiento durante ejercicios cerca de Kiev, el 20 de marzo de 2026
ARCHIVO - Un soldado alumno de la Escuela Yatagan de sistemas aéreos no tripulados lanza un dron blanco de entrenamiento en la región de Kiev, Ucrania, 20 de marzo de 2026 Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Una Hajdari
Publicado Ultima actualización
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El centro de estudios Bruegel alerta: mientras EE.UU. e Israel agotan su arsenal para hacer frente a los drones iraníes, Europa se arriesga a enfrentar una batalla aún más difícil en casa.

Cada interceptor Patriot disparado desde posiciones defensivas estadounidenses situadas cerca de la línea del frente de la guerra con Irán cuesta 4 millones de dólares (3,7 millones de euros). El dron iraní Shahed al que derriba cuesta, como mucho, unas decenas de miles de euros. En esa brecha se encuentran algunas de las lecciones más importantes que Europa debe asumir mientras planifica su futuro gasto en Defensa.

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Según el laboratorio de ideas Bruegel, la ecuación de la Defensa ha cambiado de forma fundamental. Los drones y misiles de precisión, que antes tenían un coste muy elevado y estaban restringidos a un puñado de Fuerzas Armadas, son ahora lo bastante baratos como para desplegarse a una escala devastadora.

"Las dos últimas décadas han desembocado en un entorno estratégico en el que los drones y misiles lanzados por Irán (...) cuestan sustancialmente menos que las defensas aéreas y antimisiles desplegadas por otros países", sostienen Guntram Wolff, investigador sénior del Bruegel, y su coautor Alexandr Burilkov.

Los drones y misiles iraníes alcanzan sus objetivos con un efecto igualmente devastador, pese a que los estados del Golfo están consumiendo cientos de interceptores Patriot para derribarlos y las reservas se agotan más rápido de lo que pueden reponerse. "En una campaña tan prolongada, la capacidad de producción es vital", escriben los autores. "La ecuación para Estados Unidos e Israel es sombría".

Sin embargo, a diferencia de Israel y Estados Unidos, el mayor riesgo para la Defensa europea no es Irán sino Rusia, que, según los investigadores del Bruegel, representa una amenaza mucho más grave de lo que nunca podría suponer Teherán con su fuerza aérea rudimentaria y sus limitadas defensas aéreas modernas.

"Rusia no adolece de ninguna de esas debilidades, dispone de una fuerza aérea considerable y de una red integrada de defensa aérea y antimisiles muy sofisticada", señala el análisis.

Cualquier conflicto entre Europa y Rusia, advierte el Bruegel, "cabe esperar que se desarrolle como una versión más intensa del conflicto en Oriente Medio, con grandes andanadas de drones y misiles rusos saturando y, en última instancia, desbordando las defensas aéreas europeas".

El modelo ucraniano

La cuestión es saber de quién debe aprender Europa: si no es de Estados Unidos e Israel, será de Ucrania. Las Fuerzas Armadas ucranianas ya han vivido esta realidad. Los ataques rusos contra ciudades ucranianas e infraestructuras energéticas han obligado a Kiev a tomar decisiones dolorosas sobre cuándo disparar sus valiosos interceptores y cuándo dejar pasar los misiles.

A su vez, los países europeos que suministran sistemas de defensa aérea a Ucrania han notado la presión sobre sus propias reservas. La lección de Kiev es la misma que se está escribiendo ahora en el Golfo, que la defensa por sí sola es una apuesta perdedora si el atacante puede producir proyectiles más rápido de lo que el defensor es capaz de interceptarlos.

El análisis del Bruegel señala dos prioridades concretas en las que los responsables de la planificación de la defensa europea deben actuar. La primera pasa por invertir masivamente en tecnología de interceptores baratos. Empresas ucranianas ya han desarrollado drones interceptores de bajo coste que ahora buscan los estados del Golfo, una señal significativa de dónde se está produciendo la innovación en el campo de batalla.

"Europa tiene que aprender de Ucrania a organizar la defensa aérea de forma rentable", señala el informe. "Debe invertir a gran escala en capacidades baratas contra drones que reduzcan la enorme asimetría financiera entre ataque y defensa".

Seguir confiando en interceptores de alta gama que cuestan millones por disparo contra drones que valen solo una fracción de esa cantidad conduce al agotamiento financiero.

A comienzos de este mes, el Gobierno británico reunió a empresas de Defensa con embajadores y agregados de Defensa de Arabia Saudí, Kuwait, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Jordania, en un encuentro centrado en suministrar equipos y tecnología defensiva para contrarrestar con rapidez los ataques de drones y misiles iraníes.

En 2025, las empresas emergentes europeas de tecnología defensiva captaron 1.800 millones de dólares (1.650 millones de euros), casi tres veces el récord anual anterior, según la plataforma de seguimiento de inversiones Dealroom, y en los primeros meses de 2026 recaudaron otros 854 millones de dólares (785 millones de euros). Empresas como Frankenburg Technologies, con sede en Estonia, y la emergente Uforce están desarrollando interceptores de drones y misiles de bajo coste.

Golpear la fábrica y no solo el dron

La segunda lección es políticamente más difícil pero quizá más importante desde el punto de vista militar. Europa debe desarrollar capacidades ofensivas de ataque en profundidad.

Según el Bruegel, las defensas aéreas por sí solas no pueden ganar una guerra de desgaste contra un adversario con la base industrial de Rusia. "La base industrial de Defensa de Rusia puede producir muchos más drones y misiles modernos de los que incluso la avanzadísima defensa aérea ucraniana puede interceptar", advierte el informe.

Los drones y misiles de largo alcance producidos en Ucrania han alcanzado refinerías, depósitos de armas e instalaciones de producción en el interior de Rusia y en algunos casos han interrumpido meses de producción de drones y misiles con un solo ataque. Eso erosiona la capacidad del atacante en su origen, en lugar de perseguir proyectiles por el cielo a un coste ruinoso.

Barato, abundante y rápido

La lógica estratégica que propone el Bruegel pasa por invertir por completo la asimetría actual. En lugar de gastar interceptores caros para abatir uno a uno drones baratos, Europa debería acumular grandes volúmenes de munición de defensa aérea asequible y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades ofensivas de ataque para mermar la producción rusa.

"En lugar de una ecuación de costes en la que cada misil ruso requiere al menos dos interceptores Patriot, la interceptación debe hacerse a bajo coste y al mismo tiempo hay que atacar los arsenales de munición y la industria de Defensa del enemigo", concluyen Wolff y Burilkov.

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