El descubrimiento de presuntos centros de exterminio vinculados a cárteles y el récord histórico de desapariciones han vuelto a situar bajo los focos una de las crisis más graves y persistentes de México.
En la jornada inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026, las emociones contrapuestas se hicieron evidentes en Ciudad de México, una ciudad dividida entre la celebración y la protesta.
México acoge el torneo junto con Estados Unidos y Canadá y dio el pistoletazo de salida a la competición con una ceremonia repleta de estrellas en el Estadio Azteca, que contó con las actuaciones de Shakira, Andrea Bocelli y Burna Boy.
Pero mientras los aficionados bailaban al ritmo de la música dentro del estadio, fuera el ambiente era muy distinto. El sonido de los tambores resonaba como símbolo de protesta, no de fiesta.
Más de 1.000 familiares de personas desaparecidas marcharon hacia el recinto portando velas y fotografías de sus seres queridos, muchos de los cuales desaparecieron sin dejar rastro.
Mientras 48 selecciones compiten por conquistar el trofeo mundial, los manifestantes han otorgado su propio título al país anfitrión: "México, campeón en desapariciones". Su mensaje era claro: ahora que la atención mundial se centra en el fútbol, no quieren que se olvide la crisis de desapariciones que atraviesa el país.
La magnitud del problema
Según las cifras oficiales, en México hay registradas más de 130.000 personas desaparecidas. El número ha aumentado de forma constante en las dos últimas décadas, coincidiendo con la expansión de los grupos de delincuencia organizada y la intensificación de la guerra contra el narcotráfico.
Se cree que muchas desapariciones están vinculadas a organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, la extorsión y la trata de personas. Las víctimas pueden ser secuestradas, reclutadas por la fuerza, asesinadas o enterradas en fosas clandestinas.
En algunos casos, familias y organizaciones de derechos humanos han denunciado fallos de las autoridades a la hora de investigar a fondo las desapariciones o de perseguir a los responsables.
El tema volvió al primer plano nacional con el hallazgo en 2025 de un enclave vinculado a los cárteles en el estado occidental de Jalisco. Colectivos civiles de búsqueda informaron de que allí encontraron restos humanos, pertenencias personales y pruebas que apuntan a que el lugar pudo utilizarse para retener y asesinar a víctimas.
El descubrimiento desató una oleada de indignación y reavivó las exigencias de rendición de cuentas.
Las madres buscadoras de México
Uno de los rasgos más distintivos de la crisis de desapariciones en México es el papel desempeñado por los familiares, especialmente por las madres, que han creado colectivos voluntarios de búsqueda.
Conocidas como madres buscadoras, estas agrupaciones suelen llevar a cabo sus propias investigaciones y organizar rastreos en zonas remotas, inmuebles abandonados y posibles lugares de enterramiento.
Sus defensores sostienen que estos grupos han logrado localizar indicios y restos humanos que, de otro modo, podrían haber permanecido ocultos. Sin embargo, las activistas se enfrentan con frecuencia a amenazas por parte de organizaciones criminales y han denunciado la falta de apoyo y protección suficientes por parte del Estado.
En respuesta a la creciente preocupación social, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha propuesto una serie de reformas destinadas a reforzar la búsqueda de personas desaparecidas. Las medidas buscan facilitar la identificación de las víctimas, mejorar la organización y el intercambio de información sobre los casos, aumentar la transparencia de las cifras oficiales y garantizar que las investigaciones comiencen de inmediato, sin necesidad de esperar un plazo determinado.
Las reformas también establecerían una distinción jurídica más clara entre los casos de secuestro y los de desaparición. Al presentar las propuestas en marzo, Sheinbaum afirmó: "Estamos trabajando con tres instancias de Gobierno, lo que es fundamental para evitar la impunidad. Es muy importante que las familias denuncien las desapariciones y es nuestra obligación brindarles apoyo".
Las protestas reflejan la frustración de miles de familias que siguen buscando respuestas sobre el paradero de sus seres queridos. Para muchas de ellas, el problema no se limita a la violencia criminal, sino que también tiene que ver con la verdad, la justicia y el reconocimiento de las víctimas.
Mientras continúan las movilizaciones, los colectivos que lideran esta causa esperan mantener la atención internacional sobre una crisis que lleva más de dos décadas golpeando a comunidades y generaciones enteras en todo México.