La estación científica Tara Polar ya navega rumbo al Ártico, donde permanecerá más de un año a la deriva sobre la banquisa para investigar la biodiversidad de la región y los efectos del cambio climático.
La estación científica Tara Polar, diseñada para dejarse llevar por la banquisa, zarpó el domingo por la tarde del puerto francés de Lorient rumbo al Ártico en su primera gran expedición científica. Varios centenares de personas se reunieron en los muelles para asistir a la partida, en presencia de la ministra del Mar, Catherine Chabaud.
El objetivo de la tripulación a bordo de este singular laboratorio flotante es comprender mejor la biodiversidad del océano Ártico y analizar los efectos del cambio climático en una región que se calienta entre tres y cuatro veces más rápido que el resto del planeta y donde la banquisa retrocede a un ritmo sostenido.
En esta misión participan 12 países, entre ellos Alemania, Canadá, Estados Unidos, España, Suiza y Japón. Con forma de iglú asentado sobre una enorme boya, la Tara Polar Station ha sido diseñada para soportar la presión del hielo marino y temperaturas de hasta -52ºC.
A partir de mediados de agosto navegará por la costa rusa escoltada por un rompehielos. A comienzos de septiembre quedará atrapada en la banquisa y se dejará arrastrar por los hielos durante entre 350 y 500 días, recorriendo una media de unos diez kilómetros diarios hasta alcanzar el estrecho de Fram, entre Groenlandia y Svalbard, donde se prevé que llegue a finales de 2027.
Una misión en el corazón del hielo
Doce personas vivirán a bordo durante el invierno, entre ellas seis científicos, mientras que en verano la tripulación aumentará hasta las 18. Los miembros de la expedición, seleccionados tras superar una serie de pruebas médicas y psicológicas, también han participado en un programa de preparación para afrontar una misión de larga duración en condiciones extremas.
Durante el invierno deberán enfrentarse a cinco meses de noche polar, temperaturas medias de -25 ºC y al riesgo constante de encontrarse con osos polares. Para garantizar su seguridad durante las salidas al hielo, toda la tripulación ha recibido formación en el manejo de armas de fuego. Además, un perro pastor lapón acompañará la misión para alertar de la posible presencia de osos polares.
Comprender mejor un Ártico en plena transformación
Gracias a un pozo instalado en el corazón de la estación y a un avanzado instrumental científico, los investigadores recogerán más de 10.000 muestras de agua, atmósfera y hielo, alcanzando profundidades de hasta 2.000 metros. Los científicos esperan obtener nuevos datos sobre la biodiversidad del Ártico, todavía en gran parte desconocida, antes de que el calentamiento global transforme profundamente este ecosistema.
Los datos obtenidos también contribuirán a mejorar los modelos climáticos, especialmente mediante el estudio del papel que desempeñan las bacterias en la reflectividad de las nubes. Esta primera misión, con un coste estimado de seis millones de euros, inaugura un programa de diez expediciones previstas entre 2026 y 2045, a razón de una misión cada dos años.