Una expedición ártica de un mes ha revelado ecosistemas de aguas profundas en una zona que se está estudiando para su explotación minera.
Durante un mes, un equipo de científicos internacionales exploró el fondo del Ártico frente a la costa de Noruega. Vehículos operados de forma remota (ROV) recorrieron los montes submarinos y las fumarolas hidrotermales del océano, descendiendo hasta 3.000 metros de profundidad.
Su misión era reunir pruebas sobre la rara y frágil vida marina que podría verse amenazada por los planes para explotar el fondo marino en busca de minerales críticos.
La expedición, organizada por Greenpeace, se retransmitió en directo y atrajo a más de 450.000 espectadores en las redes sociales.
Entre las especies filmadas se encontraba un raro pulpo Dumbo, casualmente la mascota de la expedición. Los investigadores también recogieron más de 400 muestras de esponjas e identificaron varias especies que podrían ser nuevas para la ciencia.
Anne Helene Tandberg, investigadora de la Universidad de Bergen que participó en la expedición, afirma que los ecosistemas de aguas profundas tardan especialmente en recuperarse de las perturbaciones. "Muchísimas de las especies son longevas y producen muy pocas crías, de modo que, si ocurre algo, tienen muy poca capacidad de recuperación", explica.
Tandberg añade que el cambio climático agrava el problema. Muchos invertebrados de aguas profundas dependen de aguas frías y estables y de esqueletos externos formados por calcio, ambos afectados a medida que los océanos se calientan y se acidifican. "Las profundidades marinas, aunque estén tan lejos de nosotros, ya están afrontando numerosos problemas", señala.
La minería del fondo marino desata un intenso debate
La zona estudiada durante la expedición fue abierta a la minería en aguas profundas por el Gobierno noruego en 2024. Desde entonces, la exploración se ha suspendido al menos hasta 2029, después de las objeciones de grupos ecologistas, científicos, comunidades pesqueras y partidos de la oposición en Noruega.
Los defensores de la minería en aguas profundas, incluidos algunos gobiernos y empresas mineras, sostienen que el fondo marino alberga reservas de minerales críticos, como cobalto, níquel y elementos de tierras raras, necesarios para baterías, vehículos eléctricos y otras tecnologías verdes, y que estas reservas podrían aliviar la presión sobre las cadenas de suministro terrestres. Noruega ha esgrimido este argumento para explotar sus propios recursos marinos.
Los críticos, entre ellos científicos marinos y organizaciones conservacionistas, responden que los riesgos medioambientales se conocen mal y pueden ser irreversibles, y que aún existen suficientes reservas minerales en tierra firme. Reclaman una moratoria hasta que se conozcan mejor los impactos. Las negociaciones sobre las normas internacionales de explotación, dirigidas por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos de la ONU, siguen en marcha.
Para los científicos responsables de la expedición en el Ártico, la prioridad es reunir pruebas antes de que se tome cualquier decisión. Sus muestras y grabaciones se analizarán en los próximos meses y se espera que sus conclusiones contribuyan a las propuestas de creación de áreas marinas protegidas en aguas noruegas.