El presidente de Estados Unidos aseguró que no mantiene ningún roce con Madrid horas después de ver a España proclamarse campeona del mundo en el MetLife Stadium, donde compartió palco con Sánchez, los Reyes y otros mandatarios.
Donald Trump quiso pasar página este domingo a los desencuentros con España. Poco antes de subir al Air Force One para regresar a Washington, tras asistir a la final del Mundial en la que la selección española venció a Argentina por 1-0 en la prórroga, el presidente estadounidense afirmó que ya no existen fricciones con el Gobierno español.
"Hablé con España y les felicité por tener un gran equipo", dijo Trump, sin precisar si esas palabras se las había dirigido directamente a Pedro Sánchez, presente en el estadio de Nueva Jersey. Preguntado de forma más directa por el estado de la relación bilateral con Madrid, fue tajante: "No, no tengo tensiones. No tengo tensiones con nadie". Antes de partir, Trump se encargó de entregar las medallas a los jugadores de ambas finalistas y puso en manos de Rodri, capitán de La Roja, el trofeo de campeón del mundo.
Apretón de manos tras el cristal blindado
La cita en el palco había comenzado con gestos de cordialidad. Al inicio del partido, Trump estrechó la mano de Sánchez y de los reyes Felipe VI y Letizia, protegidos por un cristal blindado, e intercambió unas breves palabras con ellos antes de ocupar su asiento. Le acompañaban su esposa, Melania Trump, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, mientras que Sánchez estaba junto a los monarcas y el presidente de la Federación española, Rafael Louzán.
El palco de autoridades reunió también a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y al primer ministro canadiense, Mark Carney, representantes de los otros dos países que han acogido este Mundial junto a Estados Unidos.
Era el primer encuentro entre Trump y Sánchez desde la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara a principios de julio. Desde el regreso del republicano a la Casa Blanca en enero de 2025, la relación entre ambos gobiernos ha estado marcada por la tensión, sobre todo por las reticencias de Madrid a asumir los compromisos de gasto en Defensa exigidos dentro de la Alianza Atlántica.