Las reformas propuestas al sistema de comercio de emisiones del bloque (ETS) han sido calificadas como "regalo para los contaminadores".
La Unión Europea ha presentado una polémica reforma de su principal política climática que podría frenar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Desde su puesta en marcha en 2005, el sistema de comercio de emisiones (ETS) del bloque ha generado más de 270.000 millones de euros en ingresos. Estos se han destinado a la innovación, la descarbonización industrial y la modernización del sistema energético europeo. También ha ayudado a Europa a recortar las emisiones en un 50 por ciento en los sectores que abarca.
Sin embargo, la Comisión Europea sostuvo la semana pasada (17 de julio) que el “contexto geopolítico y económico” ha cambiado, sometiendo a la industria de la UE a una “presión creciente”. Como resultado, ha propuesto suavizar las normas para dar a las empresas más tiempo para reducir sus emisiones de carbono.
¿Cómo funciona el ETS?
El ETS obliga a las industrias y centrales eléctricas europeas a comprar un permiso, o derecho de emisión, por cada tonelada de dióxido de carbono que emiten, con el fin de incentivar la transición hacia tecnologías más limpias.
Las empresas pueden comprar permisos adicionales o comerciar con ellos, mientras que a algunas se les conceden derechos gratuitos para ayudarlas a competir con compañías extranjeras que no tienen que pagar los llamados "costes de carbono". El ETS limita el número de permisos que pueden comprarse o entregarse cada año para garantizar que las emisiones sigan disminuyendo.
Sin embargo, como parte de las nuevas propuestas, el bloque ha planteado conceder permisos gratuitos hasta 2038. Con las normas anteriores, estos debían eliminarse en 2034 y sustituirse por un arancel de carbono a las importaciones.
El bloque también ha anunciado que ofrecerá el 80 por ciento de los permisos gratuitos por adelantado a las empresas que tengan planes de inversión en descarbonización. El 20 por ciento restante se concederá cuando esas inversiones se hayan materializado.
“El ETS de la UE ha demostrado que poner precio al carbono funciona”, afirma Wopke Hoekstra, comisario de Clima, Cero Neto y Crecimiento Limpio. “Ha reducido las emisiones, ha reforzado la seguridad energética de Europa y ha movilizado inversiones en toda nuestra economía. La propuesta de revisión del ETS reúne tres objetivos clave, la acción climática, la competitividad y la independencia.”
Un caballo de Troya
Sin embargo, la revisión del ETS ya ha provocado fuertes críticas entre los expertos climáticos, que advierten de que la propuesta premia el “retraso en lugar de la descarbonización”.
Linda Kalcker, directora ejecutiva de Strategic Perspectives, un grupo de reflexión climático paneuropeo, describe la reforma como un "caballo de Troya". "Parece un regalo para que las empresas retrasen la reducción de sus emisiones, cuando en realidad las sitúa en desventaja competitiva frente a las compañías chinas que aceleran”, afirma. “Una vez más, la presión política pesa más que la realidad económica y del mercado".
Kalcker sostiene que, como consecuencia, cumplir el objetivo de emisiones de la UE para 2040, que pide a los Estados miembros reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en un 90% respecto a los niveles preindustriales, podría volverse "innecesariamente caro", además de poner en riesgo las inversiones en innovación.
¿Ha debilitado Europa el ETS?
Chiara Martinelli, directora de Climate Action Network (CAN) Europe, asegura que cada tonelada adicional de CO2 permitida en el marco del ETS hace que el reto climático de Europa sea "más difícil y más caro".
"Debilitar ahora el ETS es un regalo para los grandes emisores que han priorizado el reparto de beneficios a los accionistas en lugar de invertir en una producción más limpia, a costa de la ciudadanía, de las futuras generaciones y de aquellas empresas que ya han apostado por soluciones respetuosas con el clima", añade Martinelli.
El bloque también ha recibido críticas por premiar a las empresas únicamente por contar con un plan de descarbonización aprobado, mientras que la ONG Mission Possible Partnership (MPP) sostiene que “la condicionalidad está al revés” y debería vincularse mucho más a "inversiones reales".
Un ‘paso tibio’ hacia la fiscalidad de los vuelos internacionales
Uno de los cambios más importantes del ETS es que, por primera vez, la Comisión ha fijado un precio del carbono para los vuelos que despegan de la UE. Sin embargo, la medida no entrará en vigor hasta 2029 y solo se aplicará a vuelos dentro de un radio de 5.000 km. Esto significa que un vuelo de París a Dubái quedaría cubierto por el mercado del carbono, mientras que uno de París a Nueva York no lo estaría.
Transport & Environment (T&E) afirma que la medida aún deja el 47% de la aviación europea exenta de la tarificación del carbono y sostiene que solo puede considerarse un "primer paso". Si todos los vuelos de salida se incluyeran en el ámbito del mercado del carbono, la UE habría ingresado unos 4.200 millones de euros adicionales.
"Por la presión del sector, solo una parte de los trayectos quedará cubierta y los vuelos más largos y más contaminantes seguirán exentos", afirma Diane Vitry, de T&E.
"Esto solo puede ser un punto de partida. Ahora la pelota está en el tejado de los Estados miembros. Deben, como mínimo, respaldar este compromiso y al mismo tiempo presionar para ampliar progresivamente la cobertura antes de la próxima revisión. La aviación tiene que pagar por todas sus emisiones, igual que cualquier otro sector de la economía".
T&E añade que valora positivamente las propuestas para asignar 110 millones de derechos de emisión del ETS al apoyo de combustibles marítimos limpios y tecnologías de propulsión. Esto aportará financiación para que la industria naviera europea invierta en combustibles electrónicos verdes escalables y buques impulsados por baterías.