La agrivoltaica podría ayudar a evitar el abandono de tierras de cultivo al proteger las cosechas y aumentar los ingresos, pero algunos sostienen que esta solución pasa por alto los problemas de fondo.
Mientras el sol avanza hacia el oeste en el cielo de Murcia, en España, los paneles solares captan sus rayos al tiempo que protegen una gran variedad de cultivos, desde pimientos hasta uvas de vino y pitayas.
Conocida por su agricultura y su abundante sol, esta región del sureste está explorando si, en lugar de competir por la tierra, la agricultura y la energía solar pueden coexistir sin conflictos.
"La agrivoltaica es la integración de la producción de alimentos con la producción de energía renovable", explica Silvia Tomasi, investigadora sénior en Eurac Research. Esto implica instalar paneles fotovoltaicos sobre los cultivos, entre ellos o en los márgenes de las zonas de producción agrícola, añade.
Un estudio de 2023 (fuente en inglés) estimó que Europa tiene potencial para generar, mediante la agrivoltaica, también conocida como agri-PV, 25 veces su demanda actual de electricidad.
Sin embargo, la energía solar conlleva sus propios costes ambientales y sociales. Como necesita más tierra (fuente en inglés) que otras fuentes de energía para generar la misma cantidad de electricidad, ha provocado conflictos por el uso del suelo, especialmente en las zonas rurales.
"La agrivoltaica tiene un gran potencial, tanto en beneficios económicos como ambientales", señala Tomasi. "Pero siempre depende de cómo se aplique la tecnología y de quién se beneficie realmente".
Los gobiernos y las grandes tecnológicas apuestan por la agrivoltaica
La idea de convertir el sur de Europa en un gran polo solar recibió un respaldo de alto perfil en enero, cuando Elon Musk afirmó que las zonas poco pobladas de España y Sicilia podrían, en teoría, generar suficiente energía solar para abastecer a toda Europa.
Las grandes tecnológicas ya se han sumado. En el sur de Italia, Amazon (fuente en inglés) y Apple (fuente en inglés) han firmado contratos para comprar energía de proyectos agrivoltaicos a gran escala con una capacidad conjunta superior a 150 megavatios, suficiente para cubrir las necesidades anuales de aproximadamente 100.000 hogares italianos.
Europa también está financiando este cambio. El proyecto AGRISOL (fuente en inglés), financiado por la Unión Europea (UE), pretende invertir 1,9 millones de euros en proyectos de agrivoltaica, entre ellos en Italia y España, mientras que solo Italia ha obtenido 1.700 millones de euros en ayudas estatales para la iniciativa.
"Por ahora, la agrivoltaica apenas supone una contribución mínima", afirma Angelo Gentili, secretario nacional de Legambiente, la mayor organización ecologista de Italia. "Pero si se expande, representará un gran impulso para los objetivos de descarbonización".
Cómo gestionar el impacto en los cultivos y la tierra
Las normas de la UE y las legislaciones nacionales exigen cada vez más que la agricultura siga siendo una parte significativa de las tierras donde se instalan paneles solares. En Francia, los proyectos deben mantener al menos el 90% de la producción de cultivos en comparación con los rendimientos de referencia determinados localmente. En Italia, al menos el 70% de la superficie debe seguir dedicada a la agricultura.
Los expertos señalan que no cualquier combinación de energía solar y agricultura debería considerarse agrivoltaica. "Más que una definición, lo que realmente necesitamos es una clasificación", afirma Pilar Flores, que coordina un proyecto de agrivoltaica financiado por la UE en el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA). Sostiene que la protección de la agricultura debe guiar todas las clasificaciones: "La clave es garantizar que la pérdida de suelo cultivable sea mínima".
¿Por qué utilizar tierras de cultivo en lugar de terrenos vacíos o abandonados? Flores señala que las condiciones son similares: que sean relativamente llanos y estén cerca de la red eléctrica. Además, los terrenos sin uso pueden tener valor ecológico. "No se trata solo de hacer un cálculo sencillo de cuánta tierra libre queda", apunta.
Cómo puede beneficiar la agrivoltaica a los agricultores
En algunos casos (fuente en inglés), se ha comprobado que la agrivoltaica mejora la eficiencia en el uso del agua, protege los cultivos frente a fenómenos meteorológicos extremos y aumenta la productividad de la tierra (fuente en inglés). Las instalaciones solares también pueden ayudar a los agricultores a hacer frente al cambio climático. "Las lluvias excesivas y el calor han dañado gravemente los campos, empujando a los agricultores a abandonar las tierras de cultivo", señala Gentili. "La agrivoltaica representa una gran herramienta para evitar el abandono de tierras y las pérdidas de ingresos para los agricultores".
Los paneles proyectan sombra, lo que puede reducir la evaporación, ayudar a que el suelo retenga la humedad y ofrecer alivio a los trabajadores del campo y al ganado que pasta. También pueden proteger los cultivos del granizo. Los agricultores pueden utilizar la energía para alimentar sus propias explotaciones y vender el excedente a la red, o alquilar el espacio sobre sus campos a empresas de generación eléctrica.
Pero los beneficios no están garantizados, advierte Flores. "Todas estas oportunidades a veces se presentan como si se dieran siempre, pero depende del sistema agrivoltaico que se utilice y de las características específicas de cada lugar". En Murcia, su equipo comprobó que los pimientos sometidos a estrés hídrico crecían mejor bajo los paneles solares que los que recibían riego abundante. "Hay que analizar cada caso y cada ubicación", afirma.
Pero ¿quién se beneficia realmente de la agrivoltaica?
No todos los agricultores están convencidos. Para Fabrizio Garbarino, presidente del sindicato de agricultores italiano Associazione Rurale Italiana, la agrivoltaica no aborda los problemas de fondo a los que se enfrentan los agricultores. "La agrivoltaica está aprovechando la crisis del sector agrícola en Italia cuando en realidad deberíamos centrarnos en soluciones reales para evitar el abandono de tierras de cultivo", sostiene. "A mí esto me suena más bien a atajo".
Asegura que las empresas emergentes que representan a compañías más grandes, entre ellas promotoras de centros de datos, acosan a los agricultores para hacerse con sus tierras. "Aunque la energía que se produce sea buena, estamos quitando la tierra a los agricultores para sostener negocios que necesitan mucha energía".
Las grandes tecnológicas sostienen que los contratos de compra de energía agrivoltaica les ayudan a alcanzar sus objetivos de emisiones netas cero. Pero un PPA no significa necesariamente que la electricidad de una determinada planta solar alimente físicamente una instalación concreta de la empresa, y la huella de carbono exacta de los centros de datos de inteligencia artificial sigue siendo opaca.
Un estudio de 2025 (fuente en inglés) del que Tomasi es coautora, basado en entrevistas con expertos en cuatro regiones europeas, concluyó que los beneficios de la agrivoltaica pueden favorecer a los grandes agricultores, a los propietarios de tierras y a los inversores frente a los pequeños agricultores y las comunidades locales. También constató que excluir a los residentes y a los ecosistemas de la toma de decisiones puede profundizar los desequilibrios de poder existentes.
Los elevados costes iniciales y las colas para conectarse a la red eléctrica hacen que los grandes proyectos respaldados por multinacionales tiendan a dominar el sector. Un análisis de 2025 del diario italiano Today.it (fuente en inglés) concluyó que aproximadamente el 86% de los cerca de 775 millones de euros en fondos públicos destinados a proyectos agrivoltaicos fueron a parar a grandes instalaciones, incluidas algunas propiedad de multinacionales extranjeras.
En septiembre, un nuevo proyecto de agrivoltaica financiado por una empresa israelí en la Toscana desató una indignación generalizada y alimentó las dudas sobre quién se beneficia.
Tomasi afirma que las comunidades locales deben tener voz para garantizar una transición justa. "Los grandes inversores que llegan a lugares sobre los que en realidad no saben nada, con un enfoque de arriba abajo... y se llevan los beneficios económicos de la generación de energía renovable de la agrivoltaica... no deberían llamarse agrivoltaica, desde mi punto de vista".
"La agricultura no debería ser una preocupación secundaria"
Flores afirma que las administraciones pueden ayudar ofreciendo financiación a los agricultores y dando a los sistemas agrivoltaicos acceso prioritario a la red eléctrica.
También está la cuestión de qué tipo de agricultura se financia con esos ingresos. Para cumplir con la promesa ambiental, ha señalado un estudio (fuente en inglés), "el tipo de agricultura financiado con las rentas del alquiler de instalaciones agrivoltaicas no debería ser una preocupación secundaria". En su lugar, sostiene el autor, esos alquileres podrían subvencionar prácticas agroecológicas o ayudar a los agricultores a abandonar la agricultura industrial.
La agrivoltaica tiene el potencial de ser beneficiosa tanto para los agricultores como para el sector de las energías renovables. Puede ayudar a proteger las tierras de cultivo, respaldar a los agricultores que se enfrentan al cambio climático y contribuir a los objetivos de descarbonización de Europa. Pero también corre el riesgo de convertirse en una oportunidad de lavado verde, en un apoyo a prácticas agrícolas insostenibles o en una forma de satisfacer la creciente demanda energética de las empresas utilizando tierras cultivables. Por sí sola, no es una solución mágica. Mucho depende de cómo se diseñen los sistemas, de quién sea su propietario y, en última instancia, de quién se beneficie.
"El objetivo de la agrivoltaica es proteger las tierras de cultivo y todo el ecosistema; esa es la filosofía", afirma Flores. "Tenemos que ser capaces de distinguir eso de otros intereses".
La elaboración de este reportaje ha sido posible gracias a la beca Magma Environmental Reporting Fellowship.