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¿Dónde está el oro de América Latina?: Entre historia, mitos y realidad económica

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adrianamejiapaula Derechos de autor  Pixabay / Creative Commons
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Por Christina Thykjaer
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Del mito de El Dorado a los debates actuales sobre expolio, el oro ha marcado el relato de la colonización española de América Latina. Sin embargo, un experto advierte de que las claves del subdesarrollo histórico del continente están más allá del metal precioso.

Durante siglos, el oro ha ocupado un lugar central en el relato sobre la colonización española de América Latina. Desde el mito de El Dorado hasta el debate contemporáneo sobre el "robo" de recursos, el metal precioso aparece como símbolo de expolio y desigualdad. Sin embargo, para muchos economistas e historiadores, el oro explica solo una parte, y no la más decisiva, de la historia económica del continente.

"El oro salió de América Latina, pero no fue lo más importante que se perdió", resume Juan Arismendi Zambrano, profesor del University College Dublin, en una entrevista con 'Euronews'. "Desde un punto de vista económico, el impacto más duradero de la colonización fue institucional".

Antes de la conquista: el oro no era riqueza

Antes de la llegada de los europeos, el oro no ocupaba el lugar central que adquiriría después. Para muchas civilizaciones precolombinas, su valor era simbólico, ritual o político, pero no económico en el sentido moderno.

"Para los pueblos originarios, el oro no funcionaba como dinero ni como base de la riqueza", explica Arismendi Zambrano. "Tenían otras formas de organización económica y tecnologías muy avanzadas para su tiempo. El valor que hoy le damos al oro es una construcción posterior".

El mito de El Dorado, ampliamente difundido en Europa desde el siglo XVI, refleja más una obsesión europea que una realidad americana. La búsqueda de ciudades hechas de oro alimentó expediciones, pero también contribuyó a consolidar una narrativa que redujo la complejidad del continente a la idea de riqueza mineral.

¿Fue el oro el motor de la conquista?

Aunque el oro acabó siendo central en el sistema colonial, no fue la causa inicial de la conquista. "La colonización no empezó como una búsqueda de América, sino como un intento de encontrar nuevas rutas comerciales hacia Asia", recuerda el economista. "El encuentro con el continente y sus recursos fue, en gran medida, accidental".

Una vez establecido el dominio colonial, sí se puso en marcha un proceso sistemático de extracción de riqueza. Pero, según Arismendi Zambrano, limitarlo al oro es una simplificación.

"Hubo extracción de recursos naturales, pero también, y quizá más importante, extracción de fuerza laboral", señala. "La combinación de dominio militar y trabajo forzado permitió a las potencias coloniales generar enormes transferencias de riqueza".

¿Se puede hablar de "robo" del oro?

El uso del término 'robo' sigue siendo uno de los puntos más polémicos del debate histórico. Desde la perspectiva del economista, se trata de una categoría moral más que analítica.

"'Robo' es un término cargado éticamente", afirma Arismendi Zambrano. "Desde la economía, lo que podemos afirmar es que existió un proceso de extracción de recursos y de riqueza en una relación profundamente desigual".

La falta de registros completos dificulta además cuantificar con precisión cuánto oro salió del continente. "No existen cifras exactas. Hay estimaciones, pero muchas operaciones no dejaron rastro documental o los archivos se perdieron con el tiempo", añade.

¿Dónde quedó ese oro?

No todo el oro extraído terminó en España ni permaneció allí. Parte se utilizó localmente, otra se desvió por circuitos informales y una cantidad significativa acabó financiando guerras europeas.

"España empleó buena parte de esos recursos en conflictos militares en Europa", explica el profesor. "Eso significa que parte de la riqueza extraída de América Latina terminó redistribuyéndose hacia otros países del continente".

Esta dinámica ayuda a entender por qué la abundancia de oro no se tradujo automáticamente en desarrollo sostenido, ni en América Latina ni en la propia España. Para Arismendi Zambrano, la clave del subdesarrollo latinoamericano no está en lo que se extrajo, sino en lo que no se construyó.

"El mayor problema fue que no quedaron instituciones económicas sólidas", sostiene. "Derechos de propiedad débiles, inestabilidad política y ausencia de marcos duraderos desincentivaron la inversión a largo plazo".

Esta visión coincide con una de las teorías más influyentes de la economía del desarrollo, que subraya el papel de las instituciones en la divergencia entre regiones. "La diferencia entre América Latina y países como Estados Unidos o Canadá no es la cantidad de recursos naturales, sino la calidad de las instituciones que se establecieron" explica.

El oro hoy: entre símbolo y realidad económica

Cinco siglos después, América Latina sigue siendo una región relevante en la producción de oro. Países como Perú, Colombia, México o Brasil mantienen una actividad minera significativa. Sin embargo, su peso en la economía es menor que en el pasado.

"Hoy el oro compite con otros sectores mucho más importantes, como la energía, la agricultura o la tecnología", señala Arismendi Zambrano. "Sigue siendo un activo refugio en momentos de crisis, pero no es el motor central del desarrollo".

La extracción actual involucra a empresas privadas, Estados y también a redes de minería ilegal, con impactos económicos y ambientales muy distintos.

El oro sigue ocupando un lugar central en el imaginario histórico y político de América Latina. Pero, como advierte Arismendi Zambrano, entender el pasado del continente exige mirar más allá del metal precioso.

"La riqueza moderna no se mide solo en recursos naturales", concluye. "Se mide en instituciones, estabilidad y capacidad de generar conocimiento. El oro puede brillar, pero no explica por sí solo la historia".

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