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Caen el oro y la plata: ¿Por qué se enfría la demanda de valores refugio con la guerra en Irán?

ARCHIVO. Un comerciante espera a los clientes mientras se exhiben joyas en un mercado de oro de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, abril de 2025.
ARCHIVO. Un comerciante espera a los clientes mientras se exhiben joyas en un mercado de oro de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, abril de 2025. Derechos de autor  AP Photo/Altaf Qadri
Derechos de autor AP Photo/Altaf Qadri
Por Quirino Mealha
Publicado Ultima actualización
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El precio del oro ha caído casi un 25 % desde sus máximos históricos, pese a que la guerra de Irán lastra la economía. ¿Por qué los inversores dan la espalda a los valores refugio tradicionales?

Es un viejo dicho de los mercados, pero rara vez ha resultado tan acertado: cuando la gente está preocupada por el futuro, compra oro; cuando le inquieta el presente, lo vende.

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Aunque la guerra en Irán ha despertado inquietudes a más largo plazo sobre la seguridad energética y la estabilidad mundial, las consecuencias inmediatas, en forma de un encarecimiento del petróleo y del renovado temor a la inflación, han obligado a los inversores a dar prioridad a la liquidez y a los activos de mayor rentabilidad frente a los metales.

El oro marcó a finales de enero un máximo histórico de 5.602 dólares (4.873 euros) y todavía apuntaba más arriba a comienzos de marzo, pero desde entonces ha caído casi un 25% hasta un mínimo de 4.100 dólares (3.567 euros) y, en el momento de redactar esta información, cotiza en torno a 4.500 dólares (3.915 eutos).

El descenso supone una brusca corrección tras el extraordinario comportamiento del oro el año pasado. En 2025, el metal logró uno de sus mejores avances anuales en décadas, con una subida de más del 60% hasta niveles récord, mientras los bancos centrales acumulaban reservas y los inversores buscaban protección en medio de la incertidumbre económica.

La caída de 2026 ha desencadenado una rápida liquidación de posiciones apalancadas en futuros y fondos cotizados que se habían beneficiado de la espectacular subida del año pasado. Este brusco giro contradice el tradicional papel del metal como refugio en tiempos de turbulencias geopolíticas, ya que la fortaleza del dólar estadounidense y el repunte de las rentabilidades de la deuda han resultado mucho más determinantes.

Las fuerzas macroeconómicas eclipsan el atractivo del oro como activo refugio

El aumento de los rendimientos de la deuda del Tesoro estadounidense y la mayor fortaleza del dólar estadounidense se han convertido en los principales obstáculos para los metales preciosos.

El encarecimiento del petróleo derivado de la guerra en Irán ha elevado las expectativas de inflación, lo que ha llevado a los mercados a descontar menos recortes de tipos de la Reserva Federal e incluso la posibilidad de mantener una política más restrictiva durante más tiempo, con subidas que antes no se contemplaban.

Esto ha incrementado el coste de oportunidad de mantener oro, que no ofrece rentabilidad, mientras que la fortaleza del dólar lo ha encarecido para los compradores internacionales.

El resultado ha sido una clásica búsqueda de liquidez en lugar del esperado refugio en activos de calidad, ya que los operadores apalancados, presionados por las llamadas de margen, han acelerado las ventas. La corrección de los metales ha sido una de las más bruscas que se recuerdan en los últimos años.

La plata se suma a la caída del oro

La plata, que a menudo amplifica los movimientos del oro, ha seguido la estela con un descenso aún mayor. El metal blanco alcanzó un máximo histórico de 121 dólares tan solo un día después que el oro, el 29 de enero, pero desde entonces ha caído en torno a un 50% hasta marcar mínimos en 61 dólares. En el momento de redactar esta información cotiza en torno a 70 dólares.

La plata vivió en 2025 un rally incluso más espectacular que el del oro, al dispararse alrededor de un 145% gracias a la sólida demanda industrial de paneles solares, electrónica y vehículos eléctricos, combinada con las compras de inversión.

En 2026, sin embargo, también ha registrado un fuerte retroceso por las mismas presiones derivadas de la fortaleza del dólar estadounidense y de unos mayores rendimientos, aunque sus factores industriales de fondo siguen ofreciendo apoyo a más largo plazo.

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