Los dos aliados comerciaron bienes y servicios por un valor cercano a un billón de dólares pese a sus tensas relaciones, mientras el presidente estadounidense Donald Trump mantiene la presión para imponer aranceles a sus vecinos del norte.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció este martes que aplazaba los aranceles del 50% que Estados Unidos tenía previsto aplicar a importaciones canadienses por valor de 20.000 millones de dólares (17.270 millones de euros), después de que los dos países alcanzaran un acuerdo de última hora pocas horas antes de que las sanciones entrasen en vigor.
El anuncio, que Trump hizo en su propia red social, da margen para seguir negociando y evita, por ahora, una nueva tensión en unas relaciones ya de por sí delicadas entre estos aliados históricos y vecinos inmediatos.
"He suspendido los aranceles del 50% contra Canadá, que iban a entrar en vigor mañana por la mañana durante un período de tres días, sobre la base de que Canadá y Estados Unidos, a la espera de finalizar la documentación, tienen un ACUERDO", escribió Trump en Truth Social menos de dos horas antes de la fecha límite, fijada a medianoche del miércoles.
Si los aranceles hubieran entrado en vigor como estaba previsto a las 0:01 del miércoles, los impuestos a la importación de Trump habrían afectado a productos canadienses que van desde los palos de hockey hasta los bajalinguas.
Pero el impacto político probablemente habría sido mayor que el económico. Canadá había amenazado con responder a cualquier nuevo arancel con medidas propias, agravando una disputa comercial entre países que el año pasado intercambiaron bienes y servicios por valor de 880.000 millones de dólares (760.000 millones de euros).
El primer ministro canadiense, Mark Carney, y Trump habían hablado por teléfono en dos ocasiones en los últimos dos días sobre las negociaciones en curso, incluida una llamada el martes por la tarde, según la oficina de Carney, lo que subraya el esfuerzo de última hora para cerrar un acuerdo.
Ambos países tenían motivos para alejarse del precipicio. Casi el 72% de las exportaciones de bienes de Canadá del año pasado tuvieron como destino Estados Unidos.
Y la Administración Trump se arriesgaría al imponer un nuevo arancel elevado, que pagan los importadores estadounidenses y que estos intentan repercutir en los consumidores mediante precios más altos, antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, añadiendo presión a una crisis del coste de la vida ya muy extendida en Estados Unidos.
"No creo que ninguna de las dos partes quiera realmente que estos aranceles entren en vigor", declaró Ryan Majerus, socio del despacho King & Spalding y ex alto cargo comercial estadounidense, antes de que se anunciara el retraso. "Hay una presión bastante fuerte en ambos lados para encontrar una salida en este caso".
La forma en que Trump está gestionando la relación con Canadá supone una ruptura extraordinaria con la tradicional cooperación entre ambos países.
Trump ha gravado productos canadienses con aranceles, en un intento de devolver la producción industrial a Estados Unidos, y ha hecho en repetidas ocasiones comentarios incendiarios sobre convertir el país en el estado número 51 de Estados Unidos.
El presidente republicano ha convertido los aranceles en la pieza central de su agenda económica para un segundo mandato. El año pasado impuso impuestos a la importación de dos dígitos a casi todos los países, justificándolos al declarar el persistente déficit comercial de Estados Unidos como una emergencia nacional.
En febrero, el Tribunal Supremo dictaminó que había excedido sus competencias, anuló esos aranceles y abrió la puerta a que el Gobierno federal tenga que devolver el dinero a los importadores.
En busca de otras vías legales para castigar a Canadá, Trump recurrió a la época de la Gran Depresión e invocó la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 para amenazar con aranceles del 50% sobre productos que representan alrededor del 5 % de las exportaciones canadienses a Estados Unidos.
Hace casi un siglo, cuando las economías estadounidense y mundial se encontraban en colapso, el Congreso aprobó la ley arancelaria de 1930, que imponía impuestos a las importaciones de todo el mundo, una política que se hizo tristemente célebre entre economistas e historiadores por limitar el comercio internacional y agravar de forma significativa la etapa de la Gran Depresión.
Los aranceles de la Sección 338 nunca se han aplicado hasta ahora. Autorizan al presidente a imponer aranceles de hasta el 50% sobre importaciones procedentes de países que hayan discriminado a empresas estadounidenses. No se requiere ninguna investigación para justificar esas tasas, ni tampoco hay límite de tiempo para mantener los aranceles en vigor.
Washington está renegociando actualmente un pacto comercial norteamericano, el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, al que Trump presionó a los vecinos de Estados Unidos para que aceptaran durante su primer mandato presidencial.
La amenaza de los aranceles de la Sección 338 da a Estados Unidos margen de presión para exigir nuevas concesiones a Canadá.