Las ventas minoristas en China crecieron un 0,4 % en agosto, el ritmo más lento desde que se retomó el crecimiento y segundo mes seguido de desaceleración, lo que evidencia el escaso avance de Pekín para reactivar el consumo pese al repunte de la producción industrial.
Los consumidores chinos apenas gastan más que hace un año y la brecha entre lo que el país produce y lo que compra sigue ampliándose.
Las cifras publicadas el martes por la Oficina Nacional de Estadística de China muestran un aumento interanual de las ventas minoristas de apenas 0,4%, por debajo del 0,8% que preveían los economistas y inferior al 0,6% de julio y al 1% de junio.
Con todo, la cifra es al menos positiva.
Las ventas minoristas cayeron un 0,6% en mayo, de modo que agosto supone una mejora respecto al mínimo, aunque el consumo sigue prácticamente estancado en un momento en que el Gobierno chino ha convertido su reactivación en una prioridad.
El gasto interno se ha mantenido débil desde el final de la pandemia de la Covid-19, lastrando el crecimiento económico pese al auge de las exportaciones.
La industria se acelera, la inversión se frena
El resto de los indicadores apunta en direcciones opuestas.
La producción industrial aumentó un 5,2% en agosto, un salto frente al 4,5% de julio y claramente por encima del 4,8% previsto. La inversión en activos fijos, en cambio, se contrajo un 7,2% interanual en los primeros ocho meses de 2026, en línea con las previsiones.
La Oficina Nacional de Estadística afirmó que la economía "operó de manera estable" el mes pasado, aunque reconoció que "los factores externos adversos se están intensificando".
Fue más allá al describir el problema de fondo al señalar que "el desequilibrio interno entre una oferta fuerte y una demanda débil sigue siendo acusado, algunas empresas afrontan dificultades operativas y la base para una mejora económica sostenida necesita consolidarse".
Los analistas interpretan la misma división.
"La economía china sigue mostrando señales divergentes, ya que el consumo y la inversión continúan débiles mientras la producción industrial mantiene el impulso", escribió Zhiwei Zhang, presidente y economista jefe de Pinpoint Asset Management.
Pekín se ha fijado para este año un objetivo de crecimiento económico de entre el 4,5% y el 5,0%, la meta más baja en décadas.
El dinero ya está comprometido
Las cifras llegan pocos días después de que Pekín haya tomado medidas para apuntalar su sistema financiero.
Anunciada el domingo anterior, la inyección de capital de 360.000 millones de yuanes (46.100 millones de euros) en ocho bancos y aseguradoras de propiedad estatal está encabezada por el Ministerio de Finanzas, con unos 290.000 millones de yuanes (37.200 millones de euros) destinados específicamente a los bancos para preservar su capacidad de seguir concediendo crédito mientras el Gobierno les insta a apoyar y estimular la actividad económica.
Está por ver si ese dinero se traducirá en un mayor gasto de los hogares.
Zhang prevé que la debilidad persista a corto plazo precisamente porque el apoyo fiscal tarda en llegar a la economía.
"La economía afronta riesgos a la baja en [el tercer trimestre], ya que el apoyo fiscal tarda en aplicarse y transmitirse a la actividad económica", escribió.
Eso deja a Pekín apoyándose en la única parte de la economía que sigue funcionando, con la producción industrial en expansión y unas exportaciones que se mantienen sólidas.
El siguiente movimiento será diplomático.
Se espera que Xi Jinping viaje a Washington el 24 de septiembre y, según los informes, esté preparando una amplia delegación de ejecutivos empresariales chinos, una excepción para un dirigente que rara vez viaja acompañado de figuras corporativas y no lo hace a esta escala desde 2015.
Muchos de esos ejecutivos perdieron peso durante las oleadas regulatorias sobre los sectores tecnológico, educativo e inmobiliario que comenzaron en 2020.
Llevarlos a reunirse con el presidente estadounidense Donald Trump sería una señal de disposición a invertir y comerciar, aunque las expectativas sobre la cumbre siguen siendo modestas, con las dos partes todavía enfrentadas sobre qué productos deben considerarse no sensibles dentro de los acuerdos comerciales vigentes.