Galicia estrenó el pasado sábado la primera normativa autonómica que prohíbe a los menores comprar, consumir o llevar encima bebidas energéticas. Los datos ya reflejan un descenso notable en el consumo adolescente antes de que la ley fuese efectiva.
El efecto ha llegado antes que la norma. Según los últimos datos del Plan Nacional sobre Drogas, el porcentaje de estudiantes gallegos de entre 14 y 18 años que reconoce haber tomado bebidas energéticas en el último mes ha pasado del 45,6% al 31,3% en apenas dos años. Galicia queda así por debajo de la media nacional, que se sitúa en el 38,4%.
La explicación más extendida entre expertos y familias es que el propio debate público ha funcionado como disuasor. Clara Fornís, dependienta de un establecimiento que vende este tipo de bebidas, lo nota en el día a día: "Muchos menores han dejado de comprarlas.
No saben exactamente si ya estaba prohibido o no, pero por si acaso prefieren no hacerlo". Yago, padre de dos adolescentes, apunta en la misma dirección: "Nuestros hijos saben que son peligrosas y que pueden causar problemas de salud".
A pesar del descenso, alrededor de 39.000 adolescentes gallegos siguen consumiéndolas. La Xunta confía en que la entrada en vigor de la ley, combinada con campañas de concienciación, reduzca aún más esa cifra.
Lo que prohíbe la normativa y cómo afecta a los comercios
Desde este sábado, la ley gallega prohíbe vender, consumir, poseer o transportar bebidas energéticas a menores de edad. Las sanciones parten de 200 euros y pueden llegar a 3.000 en caso de reincidencia. La norma afecta a todas las bebidas que contengan 32 miligramos o más de cafeína por cada 100 mililitros, con frecuencia acompañada de otros estimulantes como taurina, guaraná o ginseng.
La regulación va más allá de la simple prohibición de venta. Estos productos no podrán estar presentes en centros educativos, hospitales, espacios de ocio ni eventos dirigidos a menores. Los comercios, además, deberán colocarlos en zonas diferenciadas del resto de refrescos y pedir el DNI cuando haya dudas sobre la edad del comprador.
Con esta normativa, Galicia se adelanta al resto del país. El Gobierno central ha expresado interés en estudiar medidas similares, pero de momento no existe ninguna regulación estatal que limite el acceso de los menores a estas bebidas.
Los médicos llevan tiempo alertando
El endurecimiento de la normativa no ha surgido de la nada. Detrás hay años de señales sanitarias que se han ido acumulando. Cristina Simón, médica de familia en Ourense, describe lo que ve en consulta: "Estamos viendo adolescentes con hipertensión, ansiedad, insomnio, taquicardias o incluso síncopes derivados del abuso de estas bebidas".
Los especialistas recuerdan que una sola lata puede contener el equivalente en cafeína a dos expresos, además de otros compuestos estimulantes. A eso se suma otro problema: su consumo se asocia con una mayor probabilidad de mezclarlas con alcohol y con una mayor cercanía a otras sustancias.