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Murdoku y la fiebre por los cuadernos de actividades para adultos: el fenómeno que arrasa en España

Imagen promocional en la web de Blackie Books sobre los 'Cuadernos de actividades para adultos'
Imagen promocional en la web de Blackie Books sobre los 'Cuadernos de actividades para adultos' Derechos de autor  Blackie Books
Derechos de autor Blackie Books
Por Cristian Caraballo
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Los cuadernos de actividades para adultos triunfan al combinar pasatiempos, cultura pop y misterios. Su éxito, con Murdoku a la cabeza, refleja la búsqueda de ocio sin pantallas y una forma entretenida de ejercitar la mente.

Los cuadernos de actividades para adultos, que mezclan pasatiempos con cultura pop y misterios por resolver, se han convertido en un fenómeno editorial. Murdoku, con más de 140.000 ejemplares vendidos en España, lidera un género en auge que muchos relacionan con la desconexión digital.

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Antes era el crucigrama del quiosco, el que se llevaba al metro o a la sala de espera del dentista. Ahora es un cuaderno de tapa morada con la silueta de una casa dibujada como rejilla de sudoku, o uno de tapa dura repleto de preguntas sobre Rosalía y series de Netflix.

Los cuadernos de actividades para adultos, la última mutación del pasatiempo de toda la vida, se han convertido en un fenómeno editorial que ya no se limita al verano, y dentro de él hay un subgénero que le está comiendo terreno a todos los demás: el de resolver un asesinato con lápiz, goma y una rejilla de sudoku en la mano.

El fenómeno arrancó hace una década con los cuadernos para colorear dirigidos a adultos, vendidos bajo etiquetas como arteterapia o antiestrés, con mandalas, flores y paisajes. Lo que parecía una moda de verano se asentó, y de ahí nació una versión más ambiciosa: el cuaderno de actividades para adultos, una puesta al día de los pasatiempos de quiosco de toda la vida (crucigramas, sopas de letras, sudokus) con un ingrediente añadido que lo distingue: la cultura popular.

La irrupción del móvil no acabó con el género analógico; lo que ha ocurrido, más bien, es que ambos conviven, del mismo modo que los canales de cocina en YouTube no han hundido los libros de recetas o la televisión, que no mató a la radio.

Blackie Books y los cuadernos con sello propio

Una serie de ejemplos de los cuadernos que vende la editorial Blackie Books
Una serie de ejemplos de los cuadernos que vende la editorial Blackie Books Página web Blackie Books

Blackie Books fue de las primeras en detectar el filón. Sus cuadernos de actividades para adultos van ya por su 14º volumen, uno por verano, ya superan los 250.000 ejemplares vendidos, según datos de la propia editorial. El último propone 60 ejercicios sobre música, cine, series, literatura, ciencia o deporte, pensados para "desoxidar la mente".

El éxito llevó a la editorial a ramificar el concepto: el 'Cuaderno Kids', para niños a partir de 6 años; el 'Cuaderno Golden', orientado a un público mayor con retos de memoria y preguntas sobre rostros conocidos de toda la vida; y el 'Quadern', su versión en catalán, con referentes propios como Mercè Rodoreda o los castellers.

Otros sellos han buscado su propio hueco sin recurrir al crimen: Debate lanzó un cuaderno firmado por 'El Mundo Today' que pone a prueba la capacidad de distinguir realidad de ficción, y GeoPlaneta ya va por su 5º volumen de un cuaderno para viajeros, con listas de canciones y guías gastronómicas incluidas.

Murdoku, el fenómeno que ha disparado la fiebre por resolver crímenes

Si un solo libro resume la temporada, ese es Murdoku. El cuaderno, de inconfundible portada morada, ha vendido ya más de 140.000 ejemplares en España, y este año se le ha visto volar de las mesas en varias ferias del libro de primavera. Su mecánica reinventa el sudoku clásico: cada acertijo sitúa a un grupo de sospechosos en las casillas de una rejilla, sin que se repitan en fila ni columna, y la casilla que queda vacía marca dónde está la víctima; el sospechoso que comparte esa casilla es el asesino.

La dificultad crece a medida que avanza el libro, hasta el punto de que ya hay librerías que organizan competiciones en directo de resolución. Detrás está el canadiense Manuel Garand, diseñador de rompecabezas afincado en Montreal cuyo trabajo también se ha publicado en el 'Financial Times'.

Es tal el éxito que ha tenido el libro (y aquellos que lo intentan imitar) que incluso otras personas han montado una web con la misma propuesta en la que, de manera gratuita, se pueden hacer Murdokus. Al cierre de estas líneas hay 35 puzzles para completar y eso que es una versión en desarrollo.

Versión online del Murdoku
Versión online del Murdoku Murdoku.com

Murdle, Agatha Christie y el resto del género policial

El otro gran nombre del género es Murdle. 'Resuelve el crimen' (editado en España, como 'Murdoku', por Temas de Hoy), que plantea un mecanismo distinto: en lugar de una rejilla de sudoku, ofrece pistas narrativas sobre sospechosos, armas y escenarios que hay que cruzar para señalar al culpable.

Ya suma tres volúmenes y una versión infantil; su creador, el estadounidense G.T. Karber, empezó publicando un caso diario en internet antes de convertirse en superventas en papel. Espasa ha seguido la estela con 'Los casos de Agatha Christie: 100 acertijos y un misterio por resolver', el primer cuaderno oficial sobre la escritora británica, que invita a ponerse en la piel de Poirot o Miss Marple.

Y hay más: 'El crimen del verano' lleva el género a la playa y la piscina, con 121 sospechosos y pistas repartidas entre sudokus, crucigramas y pirámides numéricas; 'Crimigramas', por su parte, esconde al asesino entre sopas de letras. Ninguno de estos formatos es nuevo por separado, pero combinados con una trama de misterio consiguen que el lector deje de ser un espectador pasivo y se convierta, acertijo a acertijo, en detective.

¿Una forma más de desconectar del móvil?

Detrás de esta fiebre por el papel y el lápiz también asoma el hartazgo hacia la pantalla. No es casual que cada vez más de estos cuadernos se vendan explícitamente como una vía de desconexión digital, sin notificaciones ni prisas, pensados para recuperar ese rato de ocio que antes se llevaba el móvil.

A eso se suma un argumento más práctico: quienes siguen de cerca el fenómeno apuntan a que este tipo de juegos trabaja la atención, la memoria y la flexibilidad cognitiva, aunque todavía no existe ningún estudio que confirme qué hay exactamente detrás de su éxito.

Nadie pretende que un pasatiempo en papel compita con la sofisticación de un videojuego; de hecho, ese no es el objetivo. Se trata más bien de un hueco distinto: unos minutos de mente ocupada sin pantalla de por medio, algo que cada vez más gente busca como parte del propio pasatiempo.

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