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Altares pop: una exposición en Londres analiza los fandoms más extremos

Niños de Graceland (proyecto).
Hijos de Graceland (proyecto). Derechos de autor  Hayley Louisa Brown
Derechos de autor Hayley Louisa Brown
Por Amber Louise Bryce
Publicado Ultima actualización
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La muestra 'Holy Pop!' en Somerset House explora la devoción hacia los iconos de la música y el entretenimiento en este 2026. Desde reliquias insólitas como el chicle de Nina Simone hasta objetos cotidianos, la exhibición descodifica las relaciones parasociales y el coleccionismo moderno.

He querido a muchas personas en mi vida, pero durante un tiempo quise por encima de todas a Christina Aguilera.

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Todo empezó como solían empezar muchas obsesiones de la cultura pop milenial, de pie entre los pasillos de una tienda de discos. Mi padre dijo que podía elegir lo que quisiera, así que cogí 'Stripped', el segundo disco de Aguilera, que acababa de salir.

Lo metí en el reproductor de CD del coche de camino a casa, bajé las ventanillas y sentí cómo mi antigua identidad se deshacía en la brisa, reemplazada por un soplo de algo nuevo.

Quizá no era solo una niña preadolescente obsesionada con perros de dibujos animados y faldas de franela de colores. Tal vez era una mujer incomprendida, con una voz poderosa y una angustia poética, solo que aún no había encontrado los vaqueros de tiro bajo adecuados.

Los años siguientes fueron un torbellino de páginas de fans en GeoCities, de coleccionar cualquier póster de revista que encontraba y de llevar un piercing falso en la nariz de Claire's Accessories. Cambié el tono de mi Nokia por 'Fighter', perfeccioné la coreografía de 'Dirrty' y dejé el folleto de la gira Xtina de 2003 junto a la cama como si fuera una biblia.

Luego, un día, tan rápido como había llegado la obsesión, desapareció, y solo quedaron los recuerdos y los recuerdos físicos.

Una caja metálica para lápices con la cara de la cantante, una imagen arrugada de ella con aquellos famosos chaps. Tonterías nostálgicas para cualquiera, pero que para mí habían sido boyas mágicas en medio del caos de la adolescencia.

El poder de esas devociones a los famosos y de las identidades que construimos a su alrededor es el tema de una nueva exposición en Somerset House, en Londres, titulada 'Holy Pop!'.

Llena de altares y recuerdos dedicados a todo el mundo, de las Spice Girls a Elvis, es como entrar en el diario de una adolescente. El resplandor rosa chicle de los frascos de perfume, bancos deslumbrantes cubiertos de brillantitos y cartas de amor garabateadas a toda prisa; todo pertenece al mundo interior de otra persona.

Dream Girl (2023) Athen & Nina, 'Sleepover', GLASSHOUSE de Gathering, Londres.
Dream Girl (2023) Athen & Nina, 'Sleepover', GLASSHOUSE de Gathering, Londres. Photo: Damian Griffiths

"La exposición trata obviamente de la cultura pop, pero también de las personas y de cómo afrontamos la vida. De las cosas a las que nos agarramos para sobrellevarla y sentir que pertenecemos a algo", explicó la comisaria Tory Turk a 'Euronews' Culture.

"Cuidar tus objetos, ordenarlos con mimo, es muy terapéutico y, en realidad, muy significativo".

Durante su etapa en HyMag, que presume de tener la mayor colección de revistas del mundo, Turk desarrolló una fascinación por los apasionados de temas muy específicos y por sus colecciones, ese tipo de objetos horteras o extraños que no tienen prestigio en un museo tradicional, pero encierran una humanidad única.

"Eran cosas que el canon había pasado por alto, más interesado en lo mejor del diseño", dijo. "Sentía que la cultura pop se veía como algo de poca categoría, así que empecé a coleccionar coleccionistas".

Hay que tener fe

A medida que el mundo se ha vuelto más laico, las personas han dirigido su veneración hacia los famosos y la cultura pop para llenar un vacío.

En su novela "Beautiful World, Where Are You", Sally Rooney lo define como "un crecimiento maligno donde antes estaba lo sagrado". Pero, pese a todas las relaciones parasociales y las posibles consecuencias dañinas de encumbrar a los famosos, también puede haber algo entrañable en ello.

Un altar dedicado a George Michael en 'Holy Pop!'
Un altar dedicado a George Michael en 'Holy Pop!' Amber Bryce

Desde pegatinas holográficas de George Michael en espejos con forma de corazón hasta coronas conmemorativas rosa pastel y tarros de galletas de 'Yellow Submarine' llenos de cenizas, resulta asombroso ver cómo los fandoms inspiran comunidad, conexión y una creatividad a la vez torpe y fascinante.

Para la mayoría, estas pasiones pueden encenderse de la nada y por cualquiera o cualquier cosa. Pero llama la atención que ciertos iconos, como Dolly Parton, Prince o Elvis, ejercen un atractivo especialmente intenso que sigue cautivando a nuevas generaciones.

"Creo que hay personas que simplemente tienen esa magia, y es esa magia la que toca el alma de la gente", señaló Turk. "Por ejemplo, el espíritu de Elvis irrumpiendo en la cultura pop. Se convirtió en algo parecido a Jesús, ya sabe. Un profeta".

El chicle de Nina Simone

La exposición termina en una sala en penumbra, donde solo se ve el resplandor casi esférico de un diminuto trozo de chicle. Es quizá el objeto más sagrado de todos, una nubecilla pegajosa que, durante un breve instante, estuvo en la boca de Nina Simone.

El chicle de Nina Simone.
El chicle de Nina Simone. Royal Danish Library, Anders Sune Berg

La cantante lo dejó sobre el piano durante una actuación en Londres en 1999, y el músico australiano Warren Ellis corrió a recuperarlo. Años después escribió un libro inspirado en él y explicó: "Me encanta que esta pequeña cosa, este chicle, en realidad no sea nada y se haya convertido en algo casi sagrado y espiritual. Una reliquia venerada…"

Como sabe cualquiera que se haya perdido alguna vez en un mercadillo o se haya quedado mirando un calcetín abandonado en la acera, a menudo son los objetos más cotidianos los que más nos conectan entre nosotros.

En 'Holy Pop!', esos objetos no solo representan el giro de la sociedad hacia la adoración de los famosos, también hablan del deseo, que todos tenemos, de aferrarnos a cómo nos hizo sentir un momento, un lugar o una persona concretos.

"Un objeto tiene el poder de devolverte a un momento y a una emoción. Guardar un billete de tren o, ya sabe, quedarse con la colilla del cigarrillo de un famoso", dijo Turk.

"Por muy vulgares o por muy tontas que parezcan, esas cosas tienen la capacidad de hacerte sentir de una determinada manera".

Al fin y al cabo, los recuerdos de nuestras devociones a las estrellas nunca son en realidad altares a ellos, sino altares a nosotros mismos, a las personas que hemos sido y a las que hemos querido sin pudor, coreografías de 'Dirrty' incluidas.

'Holy Pop!' ya puede visitarse en Somerset House, en Londres (Reino Unido), hasta el 9 de agosto de 2026.

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