Rusia registra una invasión récord de 'babosas españolas' de 15-20 cm en varias regiones, especialmente Moscú, San Petersburgo y sus alrededores, que transmiten enfermedades y arrasan cultivos.
Llevan años formando parte de los ecosistemas rusos, pero este año han batido todos los récords de población. Las 'babosas españolas', conocidas biológicamente como 'Arion vulgaris', se han convertido en una auténtica plaga para jardines, huertos y parques en muchos países, incluida Rusia.
Los biólogos alertan y piden eliminar a estos moluscos precisamente ahora, en agosto, cuando comienza su temporada de reproducción. Las cosechas y las plantaciones de las dachas están en peligro, las plagas devoran al instante los frutos desde dentro y los dejan inservibles para su almacenamiento y venta.
Moluscos de tamaño descomunal y de un color llamativamente intenso provocan auténtica conmoción. Se encuentran sobre todo en Moscú, la región de Moscú, San Petersburgo y la región de Leningrado, que se han convertido en los principales focos de este desastre agroclimático.
A las advertencias de los biólogos se han sumado los médicos, que señalan que estos animales son portadores de parásitos, así como de listeriosis y estafilococos. Su mucosidad tóxica puede provocar irritación o alergia al entrar en contacto con la piel, y si una mascota ingiere por accidente una babosa, corre el riesgo de infectarse con un gusano pulmonar.
La gran pregunta es qué hacer. Los especialistas calculan que, en los epicentros de la plaga, la densidad de población en los días húmedos alcanza decenas de ejemplares adultos por metro cuadrado. Advierten de que solo un enfoque integral puede permitir controlar la situación.
Una de las medidas más sencillas es segar con regularidad, ya que la hierba alta crea una sombra húmeda ideal para la comodidad de las babosas. Es aconsejable rodear campos y bancales con barreras de materiales que lesionan la zona ventral del molusco, como arena de río, ceniza o incluso cáscara de huevo triturada.
Los especialistas vinculan la magnitud sin precedentes de la invasión actual con las particularidades climáticas de los últimos meses, la suavidad del invierno de este año permitió la supervivencia de una cantidad récord de huevos depositados en otoño y de ejemplares jóvenes, y las lluvias frecuentes de primavera y verano crearon un efecto invernadero ideal para estas plagas.
La 'Arion vulgaris' se conoce desde el siglo XIX, en 1855 fue descubierta y descrita por el francés Alfred Moquin Tandon. Durante mucho tiempo se pensó que la babosa procedía de la península Ibérica, de ahí su nombre.
Sin embargo, los estudios genéticos modernos han mostrado que su origen histórico se encuentra, con toda probabilidad, en Francia y Alemania Occidental. La expansión mundial de las 'babosas españolas' no comenzó hasta finales del siglo XX, el auge del comercio y el transporte de plantas ornamentales, plántulas y sustratos ayudó a estos moluscos a colonizar toda Europa Central, del Norte y del Este.