¿Puede ser arte una imagen creada por IA, qué papel tendrá en la educación y nos quitarán las máquinas el trabajo? Lo hablamos con Bereczki Nóra, artista Digital Umami, ganadora entre 52.000 de un prestigioso concurso de IA.
La inteligencia artificial está transformando por completo nuestro mundo, desde las vallas publicitarias callejeras hasta las operaciones cerebrales. El arte tampoco queda al margen, cada vez más creadores utilizan modelos de IA mientras se mantiene un intenso debate sobre si las obras realizadas de este modo pueden considerarse propiamente creación artística.
Este es uno de los temas sobre los que queríamos conocer la opinión de Nóra Bereczki. Cada vez se presta más atención a esta artista de IA, que crea bajo el nombre de Digital Umami, su serie de vídeos que da vida a poetas y escritores húngaros ha aparecido en numerosos lugares de las redes sociales y, este verano, ganó el concurso de una de las aplicaciones de generación de imágenes, donde la eligieron vencedora entre 52.000 participantes, con lo que se llevó el premio principal de 100.000 dólares.
La serie ganadora lleva por título 'Dolce Impossible' y se inspira en el verano mediterráneo. Consta de diez imágenes que muestran escenas típicas de vacaciones, por eso mucha gente puede sentirse identificada, pero en todas aparece un elemento surrealista. Por ejemplo, así:
¿Cuál es la diferencia entre una imagen generada por IA corriente y una obra de arte? ¿Por qué puede ser peligroso considerar la inteligencia artificial no como herramienta, sino como compañera? ¿Qué papel puede desempeñar la IA en la educación? ¿Cómo debemos preparar a nuestros hijos para el nuevo mundo moldeado por la inteligencia artificial? ¿Y de verdad las máquinas nos quitarán el trabajo? De todo esto hablamos con Nóra Bereczki.
Para empezar, ¿cómo entraste en contacto con la inteligencia artificial?
Profesionalmente me dedico a la consultoría de marketing y, además, la tecnología me interesa muchísimo. Mi último puesto de trabajo, del que me fui para coger el permiso de maternidad, fue en una empresa de robótica y automatización industrial. Mi marido también trabaja en el ámbito de la IA y hablamos mucho del tema, seguimos qué está ocurriendo y cómo evoluciona la tecnología.
Las herramientas de IA irrumpieron en 2022 para el público más amplio, y fue entonces cuando empecé a pensar en cómo integrarlas de forma eficaz en la estrategia de marketing de una empresa. Además del marketing, llevo más de 20 años trabajando con fotografía analógica y digital y me apasiona la creación de imágenes, así que empecé a probar estas herramientas de IA también por separado. De ahí surgieron proyectos personales y, mientras tanto, seguí de cerca la evolución de la tecnología, hasta que el pasatiempo acabó creciendo más allá de eso.
Si te he entendido bien, utilizas la IA para materializar tus propias ideas visuales. ¿Has encontrado por fin una herramienta con la que puedes hacer cualquier cosa que imagines?
Vas bien encaminado. Cuando voy por la calle, estoy todo el tiempo viendo encuadres, pienso en composiciones. Tengo muchísimas imágenes en la cabeza y muchas de mis ideas no puedo llevarlas a cabo con la fotografía clásica. En cambio, la IA es perfecta para expresar visualmente esos conceptos.
Un buen ejemplo es una de las imágenes de la serie premiada. En una playa, una enorme langosta del tamaño de una persona se encuentra frente a una niña de 3 años. La escena ya estaba en mi cabeza desde hace tiempo. Por supuesto, se podría intentar crearla como producción fotográfica tradicional, pero exigiría una organización, una posproducción y un presupuesto considerables. Con ayuda de la IA, en cambio, pude materializar la idea visual tal y como la había imaginado.
Quizá por eso tampoco pienso en la IA como algo que vaya a sustituir a la fotografía en mi caso. Más bien se ha convertido en una herramienta más en la paleta. Me gusta combinar distintas tecnologías y géneros, muchas veces, por ejemplo, mezclo mis propias fotos analógicas con la IA. Siempre intento decidir qué herramienta encaja mejor con cada idea. A veces es la IA, y otras veces no hace falta en absoluto.
¿Te ha pasado alguna vez que tenías una idea y la IA la transformó, te gustó más la nueva versión y al final seguiste por ese camino?
Es distinto cuando alguien simplemente prueba las herramientas de generación de imágenes, escribe por ejemplo "perro azul", el modelo crea algo artístico y al usuario le gusta el resultado, siente que ha logrado algo. Y es otra cosa cuando alguien se sienta delante de la IA con una visión concreta y la cuestión es si consigue llevar su idea hasta el final.
Yo también tengo una imagen de IA en la estantería de libros, y se hizo exactamente como lo has descrito, un poco al azar. En tu caso, imagino que crear una imagen así es un proceso bastante largo.
Si alguien crea una imagen generada por IA de manera aleatoria y le produce alegría, también me parece algo estupendo. Yo, en cambio, normalmente empiezo con la idea bastante clara en la cabeza de lo que quiero ver. Sé de qué elementos debe componerse la imagen, cómo quiero que sea la composición, la iluminación, la textura, el formato o incluso el punto de vista de la cámara, y procuro transmitir todo esto al modelo de la forma más precisa posible.
A partir de ahí es un proceso iterativo, observo qué ha entendido de lo que yo había imaginado y, si algo no es como quiero, lo voy ajustando. A veces el resultado aparece muy rápido, otras hace falta pasar por muchas iteraciones. Para mí lo importante es que no sea la primera imagen generada interesante la que marque hacia dónde sigo, sino tener una idea hacia la que intento dirigir de forma consciente el resultado final.
¿Para eso necesitas instrucciones muy largas?
No necesariamente. Un buen 'prompt' no depende de que sea muy largo, sino de que esté bien pensado y sea claro. Pero para recibir realmente lo que he imaginado hay que tomar decisiones sobre muchos pequeños detalles.
Por ejemplo, puede ocurrir que lo defina casi todo salvo que la escena transcurre de día, y el modelo genere una imagen nocturna. En ese caso hay que afinar la instrucción y volver a generar. Además hay que cuidar de no sobrecargar el prompt, porque a partir de cierto punto demasiadas indicaciones pueden empeorar el resultado. Y, por supuesto, entre modelos hay grandes diferencias en la precisión con la que interpretan las instrucciones textuales.
Cuando se extendieron las redes sociales, se decía que a partir de entonces cualquiera podía convertirse en creador de contenidos, y gracias a la IA esto es ahora aún más cierto. ¿Existe un umbral de entrada para que alguien cree obras artísticas con inteligencia artificial, como por ejemplo tu formación previa en fotografía?
En términos técnicos, hoy el umbral de entrada me parece muy bajo. La IA ofrece una sensación de éxito increíblemente rápida, escribes unas frases y en cuestión de segundos recibes una imagen espectacular. Pero precisamente por eso se genera una cantidad enorme de contenidos y no es casual que haya aparecido el término 'AI slop' para referirse a los materiales de baja calidad generados de forma masiva.
El umbral artístico, en cambio, es otra cuestión. Lo que observo es que detrás de los trabajos que realmente logran destacar en todo este ruido suele haber algún tipo de conocimiento previo relevante. Puede ser fotografía, cine, diseño gráfico, pintura u otro ámbito visual. Influyen mucho el conocimiento, la experiencia y la sensibilidad visual que alguien ha adquirido con los años, cómo funciona una composición, la luz, el color, el ritmo, o cómo se puede contar visualmente una idea. En mi caso, mi formación en fotografía me aporta muchísimo en todo esto.
Al mismo tiempo, una de las cosas más fascinantes de la IA es que puede poner herramientas en manos de personas que ya tenían antes una forma de pensar creativa o sensibilidad artística, pero no habían encontrado el medio adecuado. Conozco a alguien que trabajaba anteriormente en un campo totalmente distinto y que siempre había tenido la necesidad de expresarse. Ha encontrado en la IA la herramienta con la que por fin puede plasmar sus ideas, y está haciendo trabajos fantásticos.
Por cierto, los creadores húngaros son muy fuertes a escala internacional en este campo. Dávid Szauder, por ejemplo, está recibiendo una atención internacional considerable, y también está Laci Gaál, que vive y trabaja en Vietnam y es igualmente un artista reconocido fuera de Hungría. Es interesante que en ambos casos exista ese bagaje visual previo, Dávid Szauder viene de las bellas artes y Laci Gaál, del mundo del cine.
Uno de tus proyectos, los vídeos de IA sobre poetas y escritores húngaros, ya lo han utilizado varios profesores en clase de literatura. La pregunta se impone, en tu opinión, ¿cómo se puede usar la inteligencia artificial en la educación?
Yo lo dividiría en dos partes. Una es cuando el profesor utiliza la IA. He hablado con varios docentes a los que la tecnología les interesa especialmente y que están creando cosas muy estimulantes con ella, por ejemplo aplicaciones de tipo cuestionario, materiales didácticos interactivos o herramientas que ayudan a visualizar fenómenos científicos difíciles de imaginar. Para ello, el profesor debe conocer las herramientas y también sus límites.
Si queremos integrar el uso de la IA en la educación de forma sistemática, creo que primero hay que preparar a los docentes. No solo en cómo utilizar un modelo, sino también en cuándo podemos apoyarnos en él, cómo verificar lo que dice y qué cuestiones de protección de datos, derechos de autor y ética se plantean.
Esto es especialmente difícil tratándose de una tecnología que evoluciona más rápido de lo que somos capaces de adaptarnos. Al mismo tiempo, es imprescindible que los sistemas educativos se preparen también para la presencia de la IA, porque los alumnos se encontrarán con ella en su vida cotidiana y más adelante en el mercado laboral. En varios países y sistemas educativos de todo el mundo ya se han puesto en marcha iniciativas para incorporar la IA y la alfabetización en IA a la enseñanza.
¿Y cuál sería el otro caso?
El momento en que es el propio niño quien utiliza la IA para aprender, en casa, y ahí el papel de los padres es fundamental. Como madre, esto es algo que me preocupa especialmente, dónde está el punto en el que por primera vez pondría una herramienta así en manos de mis hijos. Por un lado es una cuestión de edad, por otro se trata de qué capacidades deben desarrollarse antes.
Pero si las competencias básicas ya están presentes, entonces la IA puede representar una oportunidad enorme, especialmente para el aprendizaje personalizado. Puede explicar el mismo contenido de varias maneras, adaptarse al ritmo del niño, ofrecer otro ejemplo a quien no lo ha entendido a la primera o proponer enfoques de aprendizaje distintos a aquellos para los que los métodos tradicionales funcionan peor.
En el caso de un niño con TDAH, por ejemplo, puede ayudar a trabajar el mismo material dividiéndolo en unidades más breves, de forma más interactiva o vinculándolo a sus intereses. Por tanto, creo que la cuestión no es si debemos usar la IA en la educación, sino cuándo, para qué y sobre qué bases la utilizamos.
Voy a citar ahora una entrevista anterior tuya: "No es cuestión de que la herramienta sea artificial, sino de que la idea detrás sea humana". Con eso, ¿dices que no puede ser una obra artística lo que no es fruto de un pensamiento humano, sino de la inteligencia artificial? ¿No puede ser arte si le digo a la IA que cree una obra bonita que exprese el dolor por el paso del tiempo?
Es difícil responder, porque lo que has descrito encaja precisamente en la categoría del arte experimental. Hay muchas obras artísticas que se han basado en situaciones de azar de este tipo. Solo que, incluso en esos casos, vuelve a haber una idea humana, el objetivo del creador era que la obra naciera con ayuda del azar.
En mi propio proceso creativo, el punto de partida suele ser algún tipo de tensión interior, un sentimiento, un pensamiento o una pregunta que quiero sacar fuera de mí de alguna manera. Después llega la visión de cómo quiero mostrar eso y, a partir de ahí, elijo la herramienta, que puede ser también la IA.
Así que la idea viene de la persona y la IA es el instrumento de realización, como si utilizáramos un brazo robótico para levantar algo pesado. Sin embargo, muchos no ven la inteligencia artificial como herramienta, sino como compañera.
Sí, y para mí aquí empieza una de las partes realmente problemáticas de esta tecnología. En una entrevista llegaron a referirse a la IA como "compañera de creación" y, confieso, eso me pone la piel de gallina. Yo la veo muy conscientemente como herramienta. La intención creativa, las decisiones, la dirección y, en última instancia, la responsabilidad deben permanecer en manos humanas.
Por ejemplo, hay un vídeo muy impactante en el que una abuela recibe una suscripción a ChatGPT y, cuando su nieto le explica que no está hablando con una persona real, ella ya quería invitarla a su casa, de lo mucho que se habían encariñado. Son situaciones que yo considero muy peligrosas.
Y en realidad no podemos culpar a la abuela por creer que estaba hablando con una persona.
La tecnología evoluciona mucho más rápido de lo que aprendemos a convivir con ella como sociedad. Hace tiempo que hemos superado la fase en la que una imagen generada por IA se reconocía porque alguien tenía seis dedos. Cada vez es más difícil decidir únicamente con nuestros sentidos si algo es real.
Es muy importante que podamos preparar a nuestros hijos para este nuevo mundo. Yo ya hablo con ellos de que el hecho de ver algo en una foto o un vídeo no significa necesariamente que haya ocurrido de verdad. En su mundo, el supuesto básico ya no será "lo creeré cuando lo vea".
La preocupación quizá más frecuente en torno a la inteligencia artificial es que va a quitarnos el trabajo. ¿Hasta qué punto lo ves como una amenaza real?
Me parece una pregunta absolutamente pertinente. Creo que nos esperan cambios muy importantes en el mercado laboral, solo que nadie sabe aún con precisión qué magnitud tendrán.
Hace poco la Universidad de Stanford publicó un estudio que mostraba que, en las profesiones más expuestas a la IA en Estados Unidos, las posibilidades de empleo de los jóvenes ya han empeorado de forma visible.
Analizaron qué porcentaje de las personas de 22-25 años con formación en esas profesiones tienen trabajo y concluyeron que, en el verano de 2025, la desventaja frente a las profesiones menos afectadas por la IA era del 15%, y que en el verano de 2026 esa brecha había aumentado ya al 19%. Al mismo tiempo, por supuesto, también surgen nuevos puestos que antes no existían, cada vez veo más ofertas de empleo específicas de IA.
¿Y cómo deberíamos responder a este desafío? ¿Qué hacemos si, por ejemplo, como periodistas nos preocupa si tendremos trabajo a largo plazo?
En esta situación, lo que creo que no debemos hacer es meter la cabeza en la arena y decirnos que ya se arreglará. Conviene pensar periódicamente cómo puede cambiar nuestra propia profesión, qué nuevos conocimientos necesitaremos, si merece la pena seguir formándonos o incluso buscar a largo plazo un nuevo rumbo profesional. Y creo que vale la pena conocer estas tecnologías incluso si alguien no está de acuerdo con ellas o no celebra su expansión, porque, en cualquier caso, van a influir en nuestro trabajo y en nuestro entorno.
Además, como padres, también debemos tener presente cómo prepararemos a nuestros hijos para un mundo y un mercado laboral que probablemente serán muy distintos de aquellos en los que crecimos nosotros. Hay que seguir de cerca las tendencias. Nadie sabe exactamente qué va a ocurrir, pero ya es evidente que nos esperan muchos cambios.