Incluso un aumento modesto de la producción petrolera de Venezuela podría acarrear consecuencias climáticas a escala de países enteros, advierten los expertos.
Expertos medioambientales advierten de que el empeño de Estados Unidos por reactivar y potenciar la explotación de las vastas reservas de petróleo de Venezuela podría agravar décadas de daño ecológico. También podría aumentar la contaminación que calienta el planeta en un país que ya lidia con el legado de una industria petrolera en declive desde hace años.
Las advertencias llegan mientras Washington ha intensificado la presión sobre Venezuela tras la captura del expresidente Nicolás Maduro el pasado fin de semana. Desde entonces, Estados Unidos ha dado pasos para afianzar el control sobre las exportaciones de petróleo venezolano, la principal fuente de ingresos del país, incautando petroleros que, sostiene, transportaban crudo en violación de las sanciones estadounidenses, y ha dado a entender que planea redirigir el petróleo venezolano a los mercados globales bajo supervisión de Estados Unidos.
La Administración Trump ha dicho que planea vender entre 30 millones y 50 millones de barriles de crudo venezolano en todo el mundo, aunque no ha especificado plazos. Los ingresos se depositarían en cuentas controladas por Estados Unidos que, según la Administración, beneficiarían tanto a los venezolanos como a los estadounidenses.
Venezuela ya está muy expuesta a la contaminación petrolera
Analistas del sector advierten que ampliar de forma sustancial la producción de petróleo venezolano exigiría años de inversión y decenas de miles de millones de dólares para reparar una infraestructura en ruinas, lo que pone en duda con qué rapidez, o incluso si, los planes de Trump podrían ejecutarse de forma realista.
"Hay instalaciones de almacenamiento que literalmente se hunden en el suelo, cabezales de pozo rotos e infraestructuras degradadas por doquier", señala Paasha Mahdavi, profesor asociado de Ciencia Política en la Universidad de California en Santa Bárbara, que estudia la gobernanza energética y la economía política.
Se considera que las reservas de petróleo de Venezuela son las mayores del mundo, con una estimación de 300.000 millones de barriles. El país, que se extiende desde la costa caribeña hasta el norte de los Andes, ya está muy expuesto a la contaminación petrolera y figura entre los países tropicales con tasas de deforestación más aceleradas, según Global Forest Watch, una plataforma de seguimiento en línea alojada por el Instituto de Recursos Mundiales.
Venezuela produce crudo pesado que emite mucha más contaminación que la mayoría de los demás tipos de petróleo. Esto se debe a que requiere más energía para su extracción y refinado, procesos que a menudo implican quemar gas natural, en su mayor parte metano, un potente gas de efecto invernadero que calienta el planeta.
Reactivar la industria petrolera venezolana profundizaría el daño ambiental en un país ya aquejado por vertidos, fugas de gas e infraestructuras deterioradas. Un mayor volumen de producción elevaría las emisiones y aumentaría el riesgo de vertidos en ecosistemas frágiles, advirtieron varios expertos.
El Observatorio de Ecología Política de Venezuela, un organismo de control medioambiental, documentó casi 200 vertidos de petróleo entre 2016 y 2021, en su mayoría no reportados por las autoridades.
Datos satelitales de Global Forest Watch, una plataforma de monitoreo forestal en línea alojada por el Instituto de Recursos Mundiales, muestran que Venezuela ha perdido aproximadamente 2,6 millones de hectáreas de cobertura arbórea, un área similar al tamaño de Macedonia del Norte, en las dos últimas décadas, impulsada en gran medida por la agricultura, la minería y los incendios, aunque la actividad petrolera ha contribuido a la pérdida de bosques en algunas regiones productoras.
Según un informe de 2025 de la Agencia Internacional de la Energía, la intensidad de las emisiones de metano, es decir, la proporción de metano liberado por gas natural producido, fue muy superior a la normal en las operaciones de petróleo y gas de Venezuela, con estimaciones que sitúan las emisiones de metano en la fase de producción en torno a seis veces la media mundial. La intensidad de la quema en antorcha, es decir, el volumen de gas natural quemado en relación con el petróleo producido, fue alrededor de diez veces superior a los niveles globales habituales.
En una declaración compartida con la agencia AP, el Departamento de Energía de Estados Unidos afirmó que las compañías petroleras y gasistas estadounidenses que modernizarían la industria petrolera de Venezuela tienen "los estándares medioambientales más altos". "A medida que aumente la inversión estadounidense en Venezuela, cabe esperar una mejora de las condiciones ambientales", añadió el comunicado.
La producción de crudo venezolano exige mucha energía y emite mucho carbono
El crudo venezolano, denso y pastoso, tiene un alto contenido de azufre, lo que dificulta su extracción y refinado frente a otros petróleos, como el más ligero de los yacimientos de esquisto de Estados Unidos, explica Diego Rivera Rivota, investigador sénior del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.
"Es muy denso, muy pastoso, muy difícil. Y además es muy ácido", dice Rivota. "En términos prácticos, eso significa que requiere, frente a otros recursos petrolíferos, más infraestructura y mayor uso de energía; es mucho más intensivo en energía y, por tanto, también mucho más intensivo en carbono".
Aun así, muchas refinerías estadounidenses fueron diseñadas hace décadas para procesar este tipo de crudo, de modo que el petróleo venezolano encaja bien pese a sus mayores exigencias de procesamiento.
Incluso un aumento modesto de la producción de petróleo en Venezuela podría acarrear consecuencias climáticas equiparables a las de países enteros, señala Mahdavi, de la Universidad de California en Santa Bárbara.
Mahdavi calcula que elevar la producción en torno a un millón de barriles diarios, un objetivo citado a menudo a corto plazo, añadiría unos 360 millones de toneladas de dióxido de carbono al año en la fase de producción. Si se impulsara aún más, hasta alrededor de 1,5 millones de barriles diarios, las emisiones anuales podrían alcanzar unos 550 millones de toneladas, dice, un volumen comparable al de aproximadamente la mitad de todos los vehículos de gasolina en Estados Unidos. "Eso solo en la fase de producción", apunta Mahdavi, que recuerda que la combustión del petróleo por los consumidores genera emisiones mucho mayores.
El envejecido entramado petrolero de Venezuela eleva el riesgo de vertidos
Patrick Galey, de la ONG Global Witness, afirma que el sistema petrolero de Venezuela es de los peor mantenidos del mundo tras años de falta de inversión, con oleoductos e instalaciones de almacenamiento envejecidos y una quema en antorcha generalizada que aumenta el riesgo de vertidos y fugas de metano. Sostiene que cualquier impulso rápido para ampliar la producción probablemente priorizará el volumen sobre los controles de contaminación, con el consiguiente agravamiento del daño climático y ambiental.
Kevin Book, director de investigación en ClearView Energy Partners, señala que, con una inversión significativa, podrían impulsarse esfuerzos para hacer más eficiente la producción petrolera venezolana, tanto en lo económico como en lo ambiental.
"La nueva inversión incorporará las tecnologías más recientes de captura de metano y de gestión de emisiones, no solo por objetivos ambientales, sino porque se trata de un recurso valioso que puede capturarse y venderse", afirma Book. "Y por eso, en relación con la situación actual, podría haber cierta mejora ambiental, si se parte de la premisa de que la demanda de petróleo iba a aumentar de todos modos".
En sus intervenciones públicas recientes, los funcionarios estadounidenses se han centrado en el control de las ventas de petróleo, los ingresos y las reparaciones de infraestructuras, sin mencionar las salvaguardias ambientales ni los impactos climáticos. El presidente Trump, tanto en su primer mandato como ahora en el segundo, ha rechazado repetidamente el consenso científico sobre el cambio climático y ha revertido políticas ambientales y de energía limpia.
Impactos sobre un entorno ya frágil
En Caracas, Antonio de Lisio, profesor e investigador en medio ambiente en la Universidad Central de Venezuela, sostiene que la explotación petrolera en el país ha ido históricamente de la mano de daños ambientales, dejando una contaminación de décadas que nunca se ha abordado por completo.
Explica que las reservas de crudo pesado de Venezuela se encuentran en llanuras frágiles surcadas por ríos de curso lento, una geografía que puede amplificar los efectos de los vertidos.
"Cualquier vertido de petróleo tiene potencial para agravarse porque no son ríos de aguas rápidas, son aguas lentas", dice de Lisio, en referencia a los morichales (humedales de palmares comunes en el oriente de Venezuela), donde la contaminación puede persistir durante largos periodos.
Señala que las plantas de procesamiento intensivas en energía que emplean calor, productos químicos y grandes volúmenes de agua para hacer exportable el crudo pesado entrañan riesgos ambientales añadidos, especialmente en sistemas fluviales frágiles.
El daño ambiental ha persistido incluso con el descenso de la producción petrolera, añade, y cita el lago de Maracaibo, un lago somero en el oeste de Venezuela explotado para petróleo desde hace más de un siglo, como uno de los ecosistemas más contaminados por hidrocarburos del mundo.
Apunta que los vertidos y la contaminación también han afectado a otras zonas, entre ellas áreas cercanas al Complejo Refinador de Paraguaná y parques costeros protegidos como Morrocoy, donde la polución ha devastado la vida marina y los arrecifes de coral.
Los verdaderos costes ambientales y sociales del petróleo venezolano nunca se han calculado por completo, afirma de Lisio. "Si esos costes se contabilizaran plenamente, veríamos que seguir produciendo petróleo no es el mejor negocio para Venezuela".