Los científicos han propuesto un "primer paso" para abordar las emisiones relacionadas con la carne sin disparar los precios de los alimentos.
Las llamadas a imponer un impuesto sobre la carne siguen intensificándose, a medida que crecen las pruebas de cómo nuestras dietas intensivas en carbono están calentando el planeta. La alimentación y la agricultura aportan un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, solo por detrás de la quema de combustibles fósiles.
Un estudio de 2023 publicado en la revista 'Nature' concluyó que las emisiones derivadas de cómo producimos y consumimos alimentos podrían añadir casi 1ºC de calentamiento a la atmósfera terrestre de aquí a 2100.
La carne, en particular la ternera y el cordero, suele identificarse como uno de los grandes responsables del daño ambiental. Según el portal CO2 Everything, una ración de 100 gramos de ternera equivalen a recorrer 78,7 km en coche. Y, aun así, la UE no ha mostrado ningún plan concreto para introducir un impuesto sobre la carne ni para animar a los Estados miembros a transitar hacia una dieta mayoritariamente vegetal, una medida que podría recortar las emisiones agrícolas un 15%.
¿Cómo sería un impuesto a la carne?
Un nuevo estudio del Instituto Potsdam para la Investigación del Clima (PIK) analiza la huella ecológica de las dietas y las opciones de política que podrían contrarrestarla.
"Desde una perspectiva económica, se deberían añadir al precio los costes ambientales generados durante la producción", sostiene Charlotte Plinke, investigadora del PIK y autora del estudio. "Esto significa que, cuanto más CO2 se emita, más caro será". No obstante, sostiene que implantar un sistema así para la "enorme variedad" de alimentos que consumen los europeos sería "muy complejo" e inviable a corto plazo.
Por ello, los investigadores defienden que la opción más sencilla es actuar sobre el impuesto sobre el valor añadido (IVA) de productos cárnicos. Los alimentos comprados en supermercados suelen tener un tipo reducido frente a los vendidos en restaurantes y cafeterías, aunque hay excepciones.
Por ejemplo, en Alemania los alimentos de tienda llevan un IVA del 7% en lugar del 19%, lo que ayuda a mantener los precios bajos. En 2023, 22 de los 27 Estados miembros de la UE también aplicaron un tipo reducido a la compra de carne.
Los investigadores calcularon que someter la carne al tipo general del IVA podría reducir el daño ambiental asociado al consumo de alimentos entre el 3,48% y el 5,7%, según la categoría de impacto.
Esto obedecería previsiblemente a una caída de las ventas, que podría empujar a los consumidores a comprar más frutas y verduras. Un estudio de 2025 de University College de Londres concluyó que aplicar el tipo completo del IVA a la carne y los lácteos reduciría el consumo de ambos grupos en una ración por semana en los países de la UE. En el Reino Unido, esa reducción se duplicaría, hasta dos raciones semanales de cada grupo de alimentos.
¿Cuánto costaría un impuesto a la carne?
Eliminar el tipo reducido del IVA en la carne elevaría en torno a los 109 euros el gasto alimentario medio anual de los hogares de la UE. Sin embargo, los investigadores señalan que esto se compensaría con ingresos fiscales adicionales de 83 euros por hogar, que podrían, en teoría, destinarse a financiar compensaciones sociales mediante un pago per cápita. Así, esta política apenas elevaría el coste neto anual a 26 euros por hogar.
Después, los investigadores calcularon un escenario en el que el Estado fija una diferencia de precio homogénea según el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero asociado a cada producto. Estiman que un recargo general de unos 52 euros por tonelada de CO2 equivalente permitiría evitar la misma cantidad de emisiones vinculadas a la alimentación que la eliminación del tipo reducido de IVA a la carne.
"Una señal de precios tan amplia reduciría los otros impactos ambientales, más allá de los gases de efecto invernadero, incluso algo más que la señal selectiva del IVA para la carne", afirma Michael Sureth, autor del estudio.
Con el tiempo, esta diferencia de precios podría ampliarse para contabilizar otros impactos climáticos y sobre la biodiversidad de los productos cárnicos, aportando finalmente recursos para abordarlos. Sureth añade que una compensación social fuerte permitiría reducir los costes netos, de modo que el hogar medio de la UE quedaría con un perjuicio de apenas 12 euros al año.