Chequia destaca en Europa por su decidida apuesta por la soberanía nuclear y su ambición de liderar la energía atómica mientras reduce su dependencia de los combustibles fósiles.
Con apenas 10,5 millones de habitantes y una economía mucho más pequeña que las de Francia o Alemania, la República Checa parece un líder poco probable del renacimiento nuclear europeo. Sin embargo, en Bruselas y en la región de Visegrád, Praga ejerce influencia y está tejiendo discretamente un ambicioso programa de expansión nuclear.
La energía nuclear ya aporta en torno al cuarenta por ciento de la electricidad del país, generada por seis reactores en dos centrales: Dukovany y Temelín.
El Gobierno quiere ir mucho más lejos. En su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima actualizado, Chequia se ha fijado como objetivo que el 68% de la electricidad proceda de la nuclear en 2040, una cuota que rivalizaría proporcionalmente con la de Francia y superaría con creces la media de la UE, de en torno al 23%.
Una apuesta de 18.000 millones de euros por la tecnología coreana
El núcleo de la estrategia nuclear de Praga es un acuerdo firmado en junio de 2025 con la surcoreana KHNP para construir dos nuevos reactores APR-1000 de 1.050 megavatios en Dukovany, por un coste de 18.000 millones de euros. Las obras comenzarán en 2029 y la primera unidad entrará en funcionamiento en 2036.
Existe una opción para otros dos en Temelín y un impulso paralelo a los reactores modulares pequeños (SMR). El 24 de abril se firmó un acuerdo con Rolls-Royce, con el objetivo de obtener las autorizaciones hacia 2030.
La arquitectura financiera es tan ambiciosa como la ingeniería. La eléctrica estatal CEZ, que controla el 70% de la capacidad de generación del país, contará con el respaldo de préstamos públicos que cubrirán entre el 70% y el 80% del coste del proyecto, una estructura que la Comisión Europea ha aprobado conforme a sus normas sobre ayudas de Estado. Se prevé una nueva capacidad de hasta 2.570 megavatios, lo que podría situar a Chequia en la primera división de productores nucleares europeos per cápita.
La crisis como catalizador
El impulso de Chequia llega en un momento en que la guerra en Irán y el cierre de Ormuz están perturbando los flujos de gas natural licuado, lo que desencadena un shock en los mercados energéticos europeos. Esto reaviva un debate que no ha dejado de crecer desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, califica la reducción previa del parque nuclear de "error estratégico", y Bruselas ha anunciado un paquete de inversión de la UE de 330 millones de euros para el desarrollo de SMR. El Gobierno checo ve la nuclear como la columna vertebral de su abandono del carbón, previsto para 2033.
La crisis ha acelerado una senda ya marcada. Praga tiene en cuenta también el aumento de la demanda de electricidad por parte de los centros de datos y los vehículos eléctricos, sectores que necesitan un suministro estable de energía de base que las renovables aún no pueden garantizar con fiabilidad.
"La energía nuclear puede desempeñar un papel de apoyo en nuestro sistema energético, pero también tenemos que preguntarnos si realmente es la tecnología central y a qué coste", afirma Alexander Roth, experto en política energética en el laboratorio de ideas Bruegel.
Praga lidera el bloque de Visegrád
Dentro del Grupo de Visegrád, la alianza de Chequia, Hungría, Polonia y Eslovaquia, Praga se ha consolidado como la fuerza motriz en materia nuclear. Los cuatro países operan reactores y están ampliando su capacidad.
Fue la licitación checa la primera en cruzar la línea de meta gracias al contrato con KHNP, que ha fijado un modelo para la contratación y la financiación pública que Hungría y Eslovaquia observan ahora con atención. Chequia exporta además alrededor de 15 teravatios hora de electricidad al año, lo que le confiere un papel estabilizador en la red regional más amplia.
El apoyo público es sólido, entre el 71 y el 78% respalda la expansión nuclear según las encuestas, una de las tasas más altas de Europa, y el 77% espera un impacto positivo para el país. Este consenso permite al Gobierno de Praga sacar adelante proyectos de una escala y un coste que serían muy polémicos en otros lugares.
Una voz escéptica desde Bruselas
No todos comparten el optimismo de Praga. Roth pide prudencia con los plazos y los costes. La retórica política cambia, señala, pero la realidad económica permanece.
"Los proyectos nucleares que se han terminado en Europa en los últimos años han sido bastante caros y han llevado bastante tiempo", explicó a 'Euronews'. "La cuestión es si el empuje político puede cambiar eso. Personalmente tengo mis dudas".
Roth no descarta por completo la nuclear, reconoce que puede ayudar a descarbonizar las redes, pero insiste en el ritmo de la transición. "Europa puede construir paneles solares y parques eólicos mucho más rápido y abandonar los combustibles fósiles antes que si depende de la nuclear, que podría tardar diez años", señaló.
Para Roth, la lección de las crisis energéticas es clara, hay que poner fin a la dependencia de los combustibles fósiles, y el camino más rápido no pasa por un programa de construcción nuclear que se prolongue durante una década.
La mini Francia de Europa Central
Francia, el gigante nuclear de Europa, opera 56 reactores que generan entre el 65 y el 70% de su electricidad. Chequia, con seis reactores, produce 30 teravatios hora anuales a partir de una capacidad de 4,3 gigavatios.
Si se mira per cápita, la distancia entre Chequia y Francia es menor, y el objetivo del 68% para 2040 situaría proporcionalmente a Praga junto a París a pesar de su tamaño más reducido. Los dos países han tomado además decisiones distintas en el contrato de Dukovany. La francesa EDF ofrecía su reactor EPR1200, con la promesa de colaborar con su propio programa de nuevas centrales e integrarlo en una cadena de suministro europea más amplia.
Praga optó en cambio por la coreana KHNP, en gran medida por el precio y por su historial. El diseño EPR de EDF ha sufrido retrasos y sobrecostes en Flamanville, en Francia, y en Olkiluoto, en Finlandia, mientras que KHNP ha terminado varias unidades en Corea del Sur dentro de plazo. La decisión supone un veredicto discreto pero significativo sobre el estado de la industria nuclear europea.
Francia y Chequia coinciden en voluntad política y opinión pública. El apoyo a la nuclear en Chequia, entre el 71 y el 78%, se sitúa en niveles similares a los de Francia, entre el 66 y el 70%. Ambos países están aprovechando las crisis energéticas para reforzar su producción nacional de base baja en carbono. Presionan activamente para lograr un marco nuclear más sólido en la UE y defienden un trato igual para la energía atómica en la financiación verde.
Persisten los obstáculos. Austria es una crítica muy vocal y ha emprendido acciones legales contra las ayudas de Estado de la UE para Dukovany. Habrá que escoger un emplazamiento de almacenamiento de residuos nucleares a largo plazo en algún momento de la década de 2030, y los sobrecostes siguen siendo un riesgo, incluso con contratistas coreanos. Por ahora, la estrategia de Chequia figura entre los planes más coherentes de Europa Central.
Gráfico y datos de Leticia Batista-Cabanas