Bruselas quiere vetar la financiación de la UE a proyectos de energía limpia que usen inversores solares y de baterías de países de alto riesgo, sobre todo China, lo que obligará a recurrir a alternativas europeas y podría encarecer la luz y los costes de producción.
Los sistemas solares generan el 13,4% la electricidad de la UE y son una piedra angular de la red energética europea.
Los inversores solares son el cerebro de estos sistemas, ya que convierten la corriente continua que producen los paneles en corriente alterna para hogares y empresas.
Aunque el 61% de los inversores solares importados por la UE procede directamente de China, la Comisión Europea ha decidido ahora prohibir a entidades financieras como el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo que financien proyectos que utilicen componentes chinos.
La medida solo se aplica a proyectos en desarrollo y a futuras instalaciones y responde a preocupaciones de seguridad nacional y ciberseguridad.
"Los inversores actuales están conectados a internet para que el fabricante pueda realizar actualizaciones de software y tareas de mantenimiento", explica Christoph Podewils, secretario general de la European Solar Manufacturing Company, una asociación empresarial de la UE.
Añade, además, que "eso significa que hay que confiar en que el fabricante del inversor no llevará a cabo actualizaciones de software maliciosas que obliguen al inversor a dañar la red eléctrica".
"En el caso de los inversores chinos, también hay que confiar en el Gobierno chino, que puede ordenar a cualquier empresa china que siga sus instrucciones. De este modo, China podría controlar indirectamente cientos de gigavatios de capacidad de inversores, lo que en la práctica significa que podría controlar la red eléctrica europea", concluye.
"El 80% de todos los nuevos sistemas de energía solar instalados en la UE dependen directamente de inversores fabricados en China.
Que se concentre en un solo país una parte tan grande del hardware de la fuente de energía que más crece en la UE puede suponer un riesgo crítico que podría desestabilizar la red eléctrica y provocar apagones a escala nacional", añadió.
Podewils señaló un estudio de ciberseguridad realizado por la Universidad Técnica Checa de Praga.
Concluía que investigadores vinculados a China llevan años estudiando redes eléctricas extranjeras, con trabajos sobre fallos en cascada, ataques de inyección de datos falsos y métodos para identificar nodos críticos cuya alteración podría provocar cortes de suministro a gran escala.
El estudio sostiene que los recursos energéticos distribuidos, como los sistemas solares y las baterías, aparecen cada vez más en estas investigaciones tanto como activos de la red como posibles superficies de ataque.
El sector se divide
Los promotores de energías limpias se apresuran a reescribir sus contratos de compra. La congelación de la financiación entra en vigor de inmediato, de modo que los proyectos que utilizan fondos de la UE deben detener las adquisiciones y sustituir el hardware chino.
Los calendarios se están retrasando entre seis y doce meses mientras los promotores esperan inversores fabricados en Europa. Como aproximadamente el 20% de las instalaciones solares de la UE recibe apoyo del BEI, cientos de proyectos se ven afectados. Entre ellos figura Solaria Utility Portfolio, en España, un programa de 1.700 millones de euros para construir 100 plantas solares en España, Italia y Portugal.
Los promotores deben recurrir ahora a equipos de fabricantes europeos o de socios considerados fiables, como Japón y Estados Unidos. Entre los proveedores clave figuran la alemana SMA Solar Technology, la austríaca Fronius International, la italiana Fimer y la neerlandesa Victron Energy, aunque la rápida transición está creando cuellos de botella logísticos.
Jürgen Reinert, consejero delegado de SMA, declaró a 'Euronews': "La decisión puede añadir cierta complejidad para los promotores de proyectos que dependen de inversiones de la UE.
Los promotores tendrán que revisar con más detenimiento la elección de proveedores y reconsiderar algunos supuestos de los proyectos. Al mismo tiempo, vemos un cambio más amplio, más allá del coste y el rendimiento, factores como la seguridad del sistema, la transparencia y el cumplimiento normativo están cobrando más importancia en las decisiones de compra".
Las empresas también tendrán que exigir a sus proveedores que certifiquen que los componentes internos, incluidas las placas de circuito y los semiconductores, no proceden de China. Se prevé que los controles aduaneros provoquen retrasos administrativos adicionales.
Se espera que la prohibición encarezca los costes de adquisición en torno a un 2%, ya que las alternativas europeas y de países aliados son más caras y la capacidad de fabricación no puede ampliarse de la noche a la mañana.
Los fabricantes chinos se benefician de una producción altamente automatizada y suelen poder ofrecer productos entre un 20 y un 30% más baratos que sus competidores europeos.
China controla además cerca del 98% de la cadena de suministro de componentes solares y de baterías, lo que significa que las empresas europeas siguen dependiendo de insumos asiáticos, con el consiguiente aumento de los costes de transporte e intermediación.
La transición para reducir las importaciones procedentes de China también se espera que genere cuellos de botella temporales en el suministro a medida que la logística se desplace hacia redes de transporte europeas de ámbito regional.
"SMA, por ejemplo, está bien consolidada y cuenta con una amplia experiencia en el suministro de sistemas complejos", afirmó Reinert.
"En muchos casos, el impacto dependerá de factores específicos de cada proyecto, como los plazos, los requisitos de certificación y las estructuras de financiación, más que de las propias limitaciones de suministro", señala.
El impacto en los ciudadanos de la UE
Se espera que los promotores asuman los mayores costes de fabricación, los retrasos en los proyectos y la reestructuración de las cadenas de suministro. Con el tiempo, parte de estos costes podría trasladarse a los consumidores, lo que se traduciría en ligeros aumentos de los precios de la electricidad.
"Es posible que los costes aumenten un poco. Pero el reto a largo plazo es la resiliencia de nuestras cadenas de suministro", declaró a 'Euronews' David Greau, secretario general del sindicato francés de la energía Enerplan.
"La reindustrialización de toda la cadena de valor, desde los paneles solares hasta los inversores, forma parte de este esfuerzo. Necesitamos una industria europea fuerte".
La decisión también afectará al despliegue de las energías renovables. A medida que los grandes proyectos sustituyan el hardware chino, la incorporación de nueva energía renovable de bajo coste a la red se ralentizará temporalmente.
"Es necesario garantizar que los calendarios estén alineados, e imponer requisitos de fabricación en Europa cuando la industria sea capaz de atenderlos", añadió Greau.
"Con las economías de escala, los productos europeos deberían volverse competitivos, aunque se necesite apoyo adicional durante la fase de despegue. A largo plazo, todo el sector saldrá ganando".
La reducción prevista en la factura energética de los consumidores probablemente llegará más tarde de lo estimado en la Estrategia Solar de la UE, que preveía un alivio en 2025-26 y un descenso de entre el cuatro y el 25% en los precios mayoristas de la electricidad de aquí a 2030.
El camino hacia la resiliencia
Entre 2027 y 2030 se espera que los fabricantes europeos aumenten la producción local en el marco de la Ley de Industria de Cero Emisiones Netas.
Los mayores costes de producción interna probablemente se trasladarán a las tarifas eléctricas de referencia, lo que se traducirá en unos precios de la energía estructuralmente más seguros pero ligeramente más caros a largo plazo.
Sus partidarios sostienen que esta contrapartida ofrece una red eléctrica más segura.
Retirar el software chino de la infraestructura energética crítica reduce el riesgo de ciberataques auspiciados por Estados que provoquen apagones a gran escala y, al mismo tiempo, supone un importante impulso para la industria europea.