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Dentro de Kourou: Así se preparó el satélite que vigilará el cielo de Europa para evitar catástrofes naturales

El satélite MTG-I2, lanzado en un Ariane 6 desde la Guayana Francesa. El lanzamiento tuvo lugar el 27 de agosto de 2026.
El satélite MTG-I2, lanzado en un Ariane 6 desde la Guayana Francesa. El lanzamiento tuvo lugar el 27 de agosto de 2026. Derechos de autor  ESA-CNES-ARIANESPACE-ArianeGroupOptique
Derechos de autor  ESA-CNES-ARIANESPACE-ArianeGroupOptique
Por Maria Muñoz Morillo
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Ingenieros de ArianeGroup, Arianespace, CNES, Eumetsat, ESA y Thales Alenia Space explican, instalación por instalación, cómo un cohete Ariane 6 y un satélite meteorológico de 3,8 toneladas llegaron juntos hasta la rampa de lanzamiento del Puerto Espacial Europeo.

Tras dos vuelos y más de 7.000 kilómetros de París hemos sido testigos de primera mano de un lanzamiento que ha puesto a Europa a la vanguardia de la tecnología espacial mundial: la puesta en órbita de un moderno satélite con el que se acelera el mapeo de la superficie de la tierra para monitorizar catástrofes y evitar que inundaciones e incendios sigan arrasando países del Viejo Continente.

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El corazón del sistema de lanzamiento del Ariane 6 no está en la rampa, sino en una sala de control sin ventanas, a varios kilómetros de allí. Es ahí donde nos reciben el subdirector de lanzamiento, Frédéric, de quien no tenemos el apellido para evitar que sufra ciberataques, y varios ingenieros que nos explican los detalles del hito. El cohete que va a poner en órbita al nuevo satélite meteorológico europeo nació de una premisa muy concreta: ser más barato y más versátil que su predecesor, el Ariane 5, en un contexto de competencia internacional mucho más dura que la de hace una década.

El lanzador: un cohete diseñado para no perder tiempo en Kourou

La clave, explican los ingenieros, está en dónde se hace cada cosa. La etapa principal del Ariane 6 se fabrica y se verifica por completo en Francia; la etapa superior, en Alemania. Ambas llegan a la Guayana ya "listas para volar", sin necesidad de someterlas a ninguna prueba funcional adicional una vez desembarcadas del Canopée. El transporte corre a cargo de este buque Canopée de carga dedicado, el mismo con grandes velas que ha hecho célebre a la naviera, que además recoge piezas en Burdeos y Róterdam antes de completar la ruta hasta América del Sur.

Los propulsores de combustible sólido que ayudan al despegue, en cambio, se fabrican en la propia Guayana, en las plantas de Regulus y Europropulsion. "Es mucho más práctico y conveniente fabricar aquí los propulsores que enviar ese tipo de propelente desde Europa", resumen los ingenieros. Una vez que todas las piezas están en tierra, el equipo de ArianeGroup necesita tan solo entre siete y nueve días para ensamblar el núcleo central del lanzador y dejarlo listo para volar.

"No es como llegar a una gasolinera, llenar el depósito y arrancar. Llenar el lanzador lleva dos horas, y luego hora y media más de estabilización térmica, porque el oxígeno líquido está a unos -150°C y el hidrógeno líquido, a -250°C", nos relata Frédéric.

El satélite MTG-I2, lanzado a bordo de un cohete Ariane 6 desde el puerto espacial europeo de la Guayana Francesa el 27 de agosto de 2026.
El satélite MTG-I2, lanzado a bordo de un cohete Ariane 6 desde el puerto espacial europeo de la Guayana Francesa el 27 de agosto de 2026. ESA

El vuelo del MTG-I2 tuvo, además, dos particularidades técnicas poco habituales. Fue la primera vez que un Ariane 6 viajaba hasta una órbita de transferencia geoestacionaria (GTO), la más lejana alcanzada por el cohete hasta la fecha, en configuración A62 con dos propulsores laterales. Y, por primera vez desde el vuelo inaugural, la misión contó con una ventana de lanzamiento de dos horas y 30 minutos en lugar de un instante de despegue fijo, lo que dio al equipo cierto margen ante posibles imprevistos.

La etapa superior del cohete, propulsada por el motor Vinci, puede además volver a encenderse en pleno vuelo gracias al sistema de presurización con helio(que asientan el combustible en el fondo del depósito antes de cada reignición: una capacidad que Ariane 5 no tenía y que Ariane 6 estrena con este tipo de misiones.

El montaje: robots que ensamblan un cohete en horizontal

El cohete se monta en horizontal, no en vertical. Vehículos guiados desplazan la etapa inferior y la superior hasta una posición común, donde ambas piezas se unen con una precisión de apenas un milímetro. "No es un proceso totalmente automático, es un proceso asistido: hay muchos pasos que el personal tiene que comprobar y validar antes de lanzar la siguiente secuencia automática", matizan los expertos.

Desde que las dos etapas llegan a la nave hasta que el núcleo central está listo para trasladarse a la rampa transcurren alrededor de diez días. La instalación cuenta con dos líneas de montaje paralelas, lo que permite empezar a ensamblar el siguiente cohete en cuanto el anterior sale rumbo a la plataforma de lanzamiento. El objetivo del programa es alcanzar un ritmo de nueve a diez lanzamientos al año a partir de 2027.

El satélite: el pasajero más sensible que ha volado en un Ariane 6

A pocos metros de allí, en el edificio de encapsulado, el aire se filtra, se regula en temperatura y se controla al detalle en humedad. Es la última sala en la que los técnicos tienen acceso físico directo al satélite antes de que quede sellado dentro de la ojiva del cohete. Para el MTG-I2, un instrumento óptico de observación meteorológica extremadamente sensible a la contaminación, esa limpieza no es un detalle menor: cualquier partícula puede degradar la calidad de sus futuras imágenes.

El proceso incluye incluso un sistema de trampas de luz para insectos y pájaros: cuando el contenedor con el satélite llega de noche y las mastodónticas puertas del edificio se abren para dejarlo entrar, cualquier animal que se cuele podría poner en riesgo la limpieza de la carga útil. "No podemos abrir el contenedor y dejar que salga con algún pájaro dentro, claro", explica uno de los responsables de la instalación, que lleva casi un año coordinando este tramo final de la campaña junto al equipo de la nave espacial.

Datos técnicos del Arina 6 que lanzó el MTG-I2 en agosto de 2026 en la Guyana Francesa.
Datos técnicos del Arina 6 que lanzó el MTG-I2 en agosto de 2026 en la Guyana Francesa. Ariane Space

La sala de control Júpiter: la cadena de mando de la cuenta atrás

11 horas antes del despegue arranca la cronología final, y el centro de gravedad se traslada a la sala de control Júpiter, del CNES, el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia. Una gran pantalla operativa muestra el estado de todos los sistemas en verde, la trayectoria prevista y los relojes de cuenta atrás.

Bruno Erin (izquierda), director de misión de Arianespace y Maxime André (derecha), director de operaciones del CNES.
Bruno Erin (izquierda), director de misión de Arianespace y Maxime André (derecha), director de operaciones del CNES. Euronews

En el centro se sienta Maxime André, director de operaciones de lanzamiento, responsable de coordinar la seguridad de todo el rango de lanzamiento (personas, medios, entorno) y de dar, junto al equipo de calidad y al responsable de medidas que supervisa telemetría, radares y localización, la voz y los ojos que dan el visto bueno final.

Hasta el último minuto, el equipo de la misión permanece conectado con el centro de control del propio satélite, situado a unos cuatro kilómetros de la sala Júpiter, para confirmar que todo sigue correcto y transmitir esa confirmación, escalón a escalón, hasta el director de operaciones.

El veto del rayo: la meteorología que puede parar un lanzamiento

A pocos metros del complejo de lanzamiento, un pequeño equipo vigila el cielo con la misma intensidad que los ingenieros vigilan el cohete. François Laforge, analista meteorológico de la estación del centro espacial, sigue dos parámetros por encima de todos los demás: los rayos y el viento. "La lluvia o la temperatura no son muy importantes; lo que de verdad importa son las tormentas eléctricas y el viento, tanto en superficie como en altitud".

La lluvia o la temperatura no son muy importantes; lo que de verdad importa son las tormentas eléctricas y el viento, tanto en superficie como en altitud
François Laforge, analista meteorológico del CNES

Los criterios son estrictos: ninguna tormenta en un radio de diez kilómetros alrededor de la base, ni durante la preparación ni durante el propio despegue; y ninguna nube por encima de los 6.500 metros de altura en ese mismo radio, porque el paso del cohete a través de una nube tan alta podría generar electricidad estática capaz de provocar un rayo. Para vigilarlo, el equipo combina radares que miden la altura de las nubes con un sistema de triangulación de tres antenas que localiza cada descarga eléctrica en tiempo real.

Los globos meteorológicos con radiosonda, lanzados varias veces durante la cuenta atrás, miden el perfil de viento en altitud, un dato que Leonard Bouchaillot, ingeniero de seguridad de vuelo, utiliza junto al resto del equipo para velar por unas condiciones seguras para que el "corredor de lanzamiento" calculado de antemano, la zona en la que se simula, por seguridad, una posible neutralización del cohete en pleno vuelo, sigue siendo válido.

Es, explica, una exigencia recogida en la ley espacial francesa que garantiza la seguridad de la población. La última verificación meteorológica llega apenas diez minutos antes del despegue. Una vez en el aire, el riesgo cambia de naturaleza: el cohete supera la velocidad del sonido en menos de 50 segundos y los 50 kilómetros de altitud en menos de dos minutos, por lo que el viento deja de ser una amenaza real casi de inmediato. El verdadero riesgo, insisten, está en tierra.

Un programa de 6.000 millones de euros cuyo beneficio supera los 61.000

James Champion, responsable del proyecto MTG de la Agencia Espacial Europea (ESA), desgranó los 16 años de trabajo en el proyecto satelital de meteosat. Han sido cerca de dos décadas anticipándose a tecnología que aún no estaba disponible, pero con la que tenían que contar a la hora de poner en órbita el MTG-I2.

El coste del programa en las condiciones económicas actuales ha sido de unos seis billones de euros, su beneficio supera los 60 billones, teniendo en cuenta las infraestructuras, además de la cantidad de vidas que se salvarán gracias a los datos del satélite que ayudarán a poner en marcha planes de evacuación, por ejemplo. Esta familia de satélites será clave para la previsión y prevención ante fenómenos meteorológicos adversos.

La ciencia: un 'ojo de halcón vigilante' cada 2,5 minutos sobre Europa

Con el satélite a unas horas de ser puesto en órbita, Cristian Bank, director de preparación y desarrollo de programas de Eumetsat, pone el lanzamiento en su contexto real: el de un continente que sufre cada vez más fenómenos meteorológicos extremos. "En los últimos cinco años hemos acumulado pérdidas de 10.000 millones al año en daños en Europa y miles de decesos. Por suerte, el número de víctimas mortales disminuye gracias a que nuestras previsiones y alertas mejoran, pero el daño en infraestructuras sigue ahí. Tenemos que ser más resilientes", advierte.

El MTG-I2 es la tercera pieza de un trío que se complementa: el primer satélite, lanzado en 2022, ofrece una visión hemisférica, Europa, África, el Atlántico hasta el Índico, que alimenta los modelos meteorológicos globales; el segundo, lanzado en 2025 y ya casi operativo, mide en profundidad la atmósfera (humedad, temperatura, viento, presión); y el tercero del cual hemos sido testigos de su lanzamiento, se centrará en Europa y especialmente el área del Mediterráneo, muy golpeada por fenómenos meteorológicos adversos, actualizando sus datos cada dos minutos y medio.

"Esa frecuencia es crucial para la previsión meteorológica local en Europa y el Mediterráneo, pero también para protección civil: Bomberos detectando incendios forestales, sequías, o los tornados mediterráneos que cada vez son más comumes y virulentos.

Bank calcula que el nuevo satélite necesitará alrededor de medio año de puesta en servicio antes de integrarse y calibrarse junto a sus dos hermanos. A partir de entonces, previsiblemente en torno a abril de 2027, los tres operarán como un único sistema.

La ficha técnica: 500 millones de píxeles cada diez minutos

Graeme Mason, responsable de programas meteorológicos de la ESA, desgranó las cifras que hacen del MTG-I2, uno de los instrumentos de observación más avanzados jamás puestos en órbita. Mientras el primer satélite de la familia escanea todo el disco terrestre visible cada diez minutos a 500 metros de resolución, unos 500 millones de píxeles por barrido completo, repartidos en 16 canales, el MTG-I2 se dedicará únicamente al cuadrante superior, centrado en Europa, y lo repite cada 150 segundos.

Su segundo instrumento, el detector de rayos, trabaja en una banda muy estrecha del espectro, la línea de emisión del oxígeno en 777 nanómetros y toma 1.000 muestras por segundo. Para poder resolver detalles de 500 metros desde una órbita situada a 36.000 kilómetros de la Tierra, el satélite necesita una estabilidad extrema en sus tres ejes.

Datos técnicos de la MTG-I2, el meteosat de tercera generación que mapeará Europa para controlar las catástrofes naturales.
Datos técnicos de la MTG-I2, el meteosat de tercera generación que mapeará Europa para controlar las catástrofes naturales. Euronews.

Este programa supone un ejemplo de la fortaleza de la industria aeroespacial europea: con más de 17 países europeos y 70 empresas implicadas; más de 200 subcontratos; y más de 2.200 personas trabajando en el proyecto

"Este generador de imágenes es el mejor generador de imágenes ('imager') geoestacionario del mundo. El detector de rayos es la mejor cámara para captar rayos ('lightning imager') del mundo, una tecnología que está por delante incluso de la de Estados Unidos. En diez años, la ESA espera mandar la próxima familia de satélites para seguir liderando en la monitorización y análisis del clima y sus efectos.

Europa es líder mundial en observación de la Tierra, y en concreto en ciencia meteorológica
Graeme Mason, ESA

Entre la sala de control del Ariane 6, la nave de encapsulado del satélite y la estación meteorológica que vigila cada nube sobre Kourou, el lanzamiento del MTG-I2 ha sido, en realidad, la suma de decenas de decisiones técnicas tomadas por equipos que rara vez comparten protagonismo con el propio despegue.

Con este satélite en órbita, Europa completa el primer trío operativo de su constelación meteorológica de tercera generación, un sistema llamado a acompañar la vigilancia del clima del continente, al menos, hasta bien entrada la década de 2040.

Editor de vídeo • Jesús Maturana

Fuentes adicionales • Jeremy Wilks

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