Varios países debaten restricciones legales ante el repunte del ciberacoso y los problemas de salud mental. Un informe de la OMS en este 2026 alerta de que el uso problemático sube al 11% entre los adolescentes, siendo las niñas las principales afectadas por la presión estética virtual.
Los planes del Reino Unido para prohibir el acceso de los adolescentes a las redes sociales han reavivado un debate que se libra en toda Europa, mientras los Gobiernos se enfrentan a crecientes demandas, desde padres hasta profesores, para proteger a los menores en internet.
Países como Francia, España, Austria, Grecia y Dinamarca están debatiendo medidas para restringir el acceso de los niños, con preocupaciones que van desde el ciberacoso y el diseño adictivo de las plataformas hasta tragedias como suicidios y autolesiones.
Según un estudio del proyecto Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), respaldado por la OMS, el uso problemático de las redes sociales entre adolescentes aumentó del 7% en 2018 al 11% en 2022.
El estudio definía el uso problemático de las redes sociales mediante una escala de comportamiento que mide síntomas como la incapacidad para reducir el tiempo de uso, el abandono de otras actividades y la aparición de conflictos o consecuencias negativas como resultado del tiempo pasado en línea.
Según los adolescentes de 15 años encuestados, algunas de las tasas más altas de uso problemático se registraron en Rumanía, Irlanda y Malta.
En el extremo opuesto de la escala, los Países Bajos, Dinamarca y Estonia presentaron algunos de los niveles más bajos.
Las adolescentes lideran el uso problemático
En el conjunto de países analizados, las chicas declararon niveles de uso problemático significativamente más altos que los chicos.
Esta diferencia es especialmente marcada en Rumanía, donde el 28% de las chicas de 15 años declaró un uso problemático, frente al 18% de los chicos. En Irlanda, las cifras fueron del 25% y del 13% respectivamente.
Las chicas también tenían más probabilidades de afirmar que estaban en contacto con sus amistades en línea a todas horas, un 44% de las adolescentes de 15 años frente al 29% de los chicos.
Según el informe, las chicas tienden a estar más conectadas socialmente en línea y pueden tener una experiencia virtual distinta a la de los chicos.
Diversas investigaciones han concluido que las adolescentes sufren mayor presión sobre su aspecto físico y más insatisfacción con su cuerpo en las redes sociales que los chicos, además de declarar niveles ligeramente más altos de experiencias relacionadas con el ciberacoso.
El apoyo a las prohibiciones es elevado, pero las pruebas de su eficacia son limitadas
Mientras los Gobiernos debaten cómo restringir el acceso, el apoyo político a limitar el uso de determinadas aplicaciones por parte de los niños se encuentra en niveles muy altos.
Una encuesta de YouGov publicada en abril reveló que el 79% de la población en Francia apoyaba prohibir las redes sociales para los menores de 16 años, frente al 76% en el Reino Unido, el 74% en Alemania y el 70% en Italia. También había mayorías a favor de restricciones en España (68%) y Polonia (53%).
Los padres respaldaron de forma especial las prohibiciones y restricciones, con un 79% de quienes tienen hijos a favor de una prohibición en Reino Unido, Italia y España.
Los Gobiernos están atendiendo este impulso político, la Asamblea Nacional francesa ha aprobado una ley que restringe el acceso a las redes sociales para los menores de 15 años, mientras que España ha propuesto elevar la edad mínima de acceso a las redes sociales a 16 años.
Muchas de las propuestas que se debaten en Europa exigen sistemas eficaces de verificación de la edad y pueden enfrentarse a retos legales y prácticos con arreglo a las normas de ámbito europeo, que impiden a los Gobiernos nacionales obligar sin más a aplicaciones como TikTok, Instagram o Snapchat a bloquear de la noche a la mañana a los menores de 16 años.
Y aunque el apoyo a las prohibiciones es muy elevado, las pruebas de que sean eficaces son muy limitadas, sobre todo porque apenas existen estudios de largo plazo que hayan permitido evaluar con rigor el impacto de estas medidas en el bienestar de los niños.