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Planes de centros de datos espaciales de Musk pueden dar a SpaceX monopolio de la IA, alertan

La próxima frontera en la carrera mundial por la IA podría no estar en la Tierra.
La próxima frontera en la carrera global por la inteligencia artificial podría no estar en la Tierra. Derechos de autor  Canva
Derechos de autor Canva
Por Pascale Davies
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Los planes de Elon Musk para centros de datos en el espacio pueden tardar décadas, pero los expertos advierten de que los países no pueden permitirse esperar a que sean una realidad.

La próxima frontera en la carrera mundial por la inteligencia artificial (IA) y la computación en la nube puede que no esté en la Tierra.

La empresa SpaceX de Elon Musk está adquiriendo su otra compañía de inteligencia artificial, xAI, una operación que tiene mucho que ver con los ingresos, pero aún más con el envío de centros de datos al espacio.

Aunque los expertos señalan que esto podría tardar al menos décadas en hacerse realidad, un escenario así podría hacer que la cadena de suministro mundial de software dependiera de un monopolio estadounidense fuera de la Tierra.

Esa es también la dirección que está tomando el envío de servicios en la nube a la órbita, algo que podría llegar en unos cinco años.

"Cuando se trata de Elon Musk, siempre pienso que hay que añadir un cero invisible a cualquiera de sus predicciones", afirmó Jermaine Gutierrez, investigador del Instituto Europeo de Política Espacial (ESPI), en referencia a las previsiones de Musk de que en dos o tres años empezarían a proliferar centros de datos espaciales.

Pero un informe del ESPI calculaba que un centro de datos competitivo en términos de potencia estaría "como mínimo a 20 años vista".

Los centros de datos son instalaciones físicas donde se alojan los sistemas informáticos de una organización y grandes volúmenes de datos, accesibles desde cualquier lugar del mundo. Requieren mucha energía tanto para funcionar como para mantenerse fríos y ocupan mucho espacio en la Tierra.

Otra ventaja es la seguridad. En el espacio hay mayor seguridad, ya que los datos no se envían constantemente desde la Tierra y de vuelta, explicó Javier Izquierdo, director de estrategia del operador de satélites de telecomunicaciones Hispasat.

Por qué aún no enviaremos centros de datos al espacio

La idea del centro de datos espacial es que podría funcionar con energía solar, lo que lo haría menos intensivo en consumo energético.

El espacio también es mucho más frío que la Tierra, pero la realidad, contraintuitiva, es que aunque el espacio sea frío, enfriar centros de datos en órbita es mucho más difícil que en la Tierra.

"No hay un fluido que disipe el calor", señaló Gutierrez. "Solo cuentas con radiadores y, básicamente, te enfrentas a la ley de Stefan-Boltzmann", dijo, en referencia a la ley física según la cual, cuando la temperatura sube un poco, la radiación térmica aumenta mucho.

Esto implicaría una infraestructura de gestión térmica enorme que superaría con creces el propio hardware de computación.

Otra razón por la que los centros de datos espaciales tardarán en llegar es que la Starship de SpaceX tendría que ser totalmente reutilizable y volar con gran frecuencia para abaratar el coste de los lanzamientos hasta acercarlo prácticamente al precio del combustible. El otro problema es que Starship ni siquiera ha alcanzado todavía la órbita.

Pero cualquiera que esté estudiando los centros de datos espaciales tiene la vista puesta en Starship, afirmó Guiterrez, porque su modelo de negocio depende del éxito de Starship, incluida la propia SpaceX.

Además de los costes de lanzamiento, está la cuestión de la viabilidad de reparar los componentes de esos centros de datos.

En órbita, los componentes suelen durar solo cinco años debido a los daños provocados por la radiación. Mantener esta infraestructura exigiría enviar robots al espacio y, por ahora, estos no tienen la capacidad necesaria para realizar esas tareas. Sin embargo, podría ser algo en lo que la empresa de Musk, Tesla, esté trabajando.

¿Controlará Estados Unidos la computación espacial?

Gutierrez sostiene que, aunque los centros de datos en órbita estén a 20 años vista, solo lo estarán si se empieza a trabajar ya en ellos, y quien controle esa infraestructura de IA podría controlar la tecnología.

El consejero delegado y cofundador de OpenAI, Sam Altman, ha dicho que el coste de la computación para IA acabará acercándose al coste de la propia energía.

En órbita, la energía solar es prácticamente gratuita y constante. Quien controle la generación barata de energía en el espacio podría dominar los servicios de IA al margen de la economía actual. "Si dejamos que toda esa infraestructura de energía solar espacial quede dominada por los estadounidenses, quizá ahí resida el riesgo", apuntó Guiterrez.

Sin embargo, para Himanshu Tyagi, cofundador de la empresa de IA de código abierto Sentient, controlar los satélites no significa ganar la carrera de la IA: "el verdadero riesgo no es una superinteligencia desbocada propia de la ciencia ficción, sino quién acaba teniendo las llaves".

Señaló que hacer funcionar modelos en satélites no es fundamentalmente distinto de ejecutarlos en fábricas, porque la IA en el borde estará en todas partes. Lo que debería preocupar a la gente, dijo, es la acumulación de poder en toda la cadena, desde la capacidad de cálculo y el despliegue hasta la distribución, el capital y la gobernanza.

"Cuando el mismo grupo reducido controla varios cuellos de botella, como los lanzamientos y las comunicaciones, además de la IA, la robótica y las plataformas de consumo, te acercas a una especie de oligarquía difícil de regular, de competir con ella o incluso de auditar de forma significativa", advirtió Tyagi.

Estados Unidos no es el único país que trabaja en centros de datos espaciales. China ha desplegado su constelación Three Body, con satélites que ya operan con capacidades de edge computing y alojan cargas útiles de IA.

El papel de Europa

En Europa, pese al interés declarado en los centros de datos espaciales, aún no existe un plan concreto.

Del mismo modo que el continente carece de una infraestructura en la nube competitiva, con servicios dominados por Amazon Web Services y Google, corre el riesgo de repetir esa dependencia en el espacio.

Bajo la Cloud Act estadounidense, las empresas norteamericanas pueden verse obligadas a cortar servicios en cualquier parte del mundo, incluida Europa.

Los reguladores de la UE ya han entendido que la soberanía digital exige poseer y gestionar la infraestructura, y no depender de proveedores extranjeros.

"Europa no tiene esa misma actitud de 'lanzar la marca y apostar fuerte'", afirmó Guiterrez, recordando que la última vez que Europa tuvo una visión espacial clara fue con el cohete Ariane 4, que llegó a ser el sistema de lanzamiento más competitivo del mundo.

Mientras tanto, aunque los centros de datos en el espacio puedan tardar dos décadas, aplicaciones como el edge computing en estaciones espaciales podrían llegar en un plazo de cinco años, según los avances en los costes de lanzamiento y la ingeniería térmica.

"Europa tiene que tomarse en serio el futuro de sus propios datos y desarrollar sus propias capacidades", señaló Izquierdo, que añadió que también es vital para la ciberseguridad del continente, ya que "es más difícil piratear en el espacio".

Empresas europeas como Thales ya cuentan con equipos que investigan la tecnología de los centros de datos espaciales. Pero sin un apoyo europeo coordinado y sin clientes, estos esfuerzos corren el riesgo de quedarse en ejercicios técnicos aislados.

"Thales tiene a su equipo trabajando en ello, pero no consiguen clientes ni socios porque no hay una coordinación europea más amplia", explicó Guiterrez.

La cuestión no es si hoy los centros de datos espaciales tienen sentido económico, sino si los países pueden permitirse esperar a que lo tengan.

Cuando la computación en órbita y los centros de datos sean viables, es posible que la infraestructura ya esté en manos del país y la empresa que empezaron primero.

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