Carlos García-Galán, ingeniero malagueño con 27 años en la NASA, ha sido designado director del programa de base lunar permanente. El proyecto, dotado con 20.000 millones de dólares, debe completarse antes de 2030.
Carlos García-Galán creció en Málaga escuchando las cuentas atrás del transbordador espacial por la televisión. Su padre era piloto y su madre auxiliar de vuelo, así que la idea de moverse, de ir más lejos, le resultaba familiar desde pequeño. Pero en la España de los años 90 no había muchos caminos que llevasen directamente a la NASA.
Lo que hizo fue cruzar el Atlántico. Llegó a Estados Unidos como estudiante de intercambio en Nueva Jersey durante su último año de bachillerato y terminó matriculándose en el Florida Institute of Technology, donde se graduó en ciencias espaciales e ingeniería eléctrica.
El momento fue providencial: la NASA estaba a punto de lanzar el primer módulo de la Estación Espacial Internacional y necesitaba gente. García-Galán consiguió trabajo antes de terminar la carrera. "Trabajar para la NASA era mi único objetivo", ha dicho en varias ocasiones. No era una frase hecha.
27 años construyendo lo que otros soñaban
Su trayectoria dentro de la agencia no siguió una línea recta. Empezó como controlador de vuelo de la estación espacial en el Centro Johnson de Houston, gestionando los sistemas de energía eléctrica durante misiones de ensamblaje del transbordador.
Después salió a la industria privada para ampliar su visión, trabajando en Honeywell Space Systems como responsable técnico de tecnologías de gestión de salud de vehículos, y apoyando a Lockheed Martin en las primeras fases del desarrollo de la nave Orion.
Cuando volvió a la NASA lo hizo para quedarse. Pasó varios años dirigiendo la Oficina de Integración del Módulo de Servicio Europeo del programa Orion en el Glenn Research Center de Cleveland.
Ese módulo, desarrollado por la Agencia Espacial Europea, es el corazón energético de la nave que lleva astronautas hacia la Luna: proporciona electricidad, propulsión, agua, oxígeno y control térmico. Coordinar su integración desde Europa con el resto de sistemas fabricados en Estados Unidos no es un trabajo menor.
"Es difícil construir naves espaciales entre distintos estados americanos con todos sus contratistas. Imagina hacerlo entre continentes diferentes", explicó Carlos García-Galán en una entrevista con la NASA. Su respuesta fue la misma que aplica a todo: convertir grupos distintos en un solo equipo.
En septiembre de 2024 fue nombrado subdirector del programa Gateway, la estación orbital que debía servir de escala entre la Tierra y la Luna. Apenas había pasado un año cuando ese proyecto fue aparcado y él ascendió a una responsabilidad mucho mayor.
El hombre al que la NASA llama cuando algo parece imposible
El pasado martes, en el evento Ignition organizado por la NASA para presentar su nueva hoja de ruta espacial, García-Galán se presentó ante la sala con una frase directa: "I'm your Moon guy" ("Soy vuestro hombre de la Luna"). No era una bravuconada. Era su nuevo cargo.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, había presentado minutos antes un plan que rompe con la lógica incremental de los últimos años: construir una base permanente en la superficie lunar en siete años, con un presupuesto de 20.000 millones de dólares, siguiendo la Política Espacial Nacional que Trump firmó al comienzo de su mandato. García-Galán es el responsable de que eso ocurra.
Fases del plan lunar de la NASA
- La primera, que arranca ya, consiste en acumular conocimiento mediante misiones robóticas y rovers que prueben sistemas de energía, movilidad y navegación.
- La segunda introduce infraestructura semipermanente, con aportaciones de Japón a través de la JAXA.
- La tercera, la más ambiciosa, contempla hábitats multiusos construidos por Italia y vehículos utilitarios canadienses que permitan la presencia humana prolongada en la superficie.
El primer paso simbólico llega el próximo 1 de abril, si nada lo impide: el lanzamiento del Artemis II, la primera misión tripulada hacia la Luna en más de 50 años.
Un perfil que no encaja en los tópicos
García-Galán acumula varios premios internos de la NASA, la Silver Snoopy, la medalla de especial por méritos, el Director's Commendation del Centro Johnson, pero lo que llama la atención de su perfil no son los galardones. Es la trayectoria: alguien que llegó sin red desde una ciudad española sin tradición aeroespacial y que ha escalado hasta convertirse en la cara pública del programa más caro y ambicioso que la agencia lleva en años.
Cuando habla de su historia, no lo hace en clave heroica. Lo que repite es que la persistencia importa más que el origen. "Puedes ser parte de esto. Solo sé persistente, ten un objetivo claro y no te rindas ante las adversidades", dijo en una entrevista. Ese es el mismo consejo que él mismo siguió, 30 años atrás, cuando decidió que cruzar el Atlántico era el único camino razonable hacia la Luna.