Los vídeos de animales generados con inteligencia artificial acumulan millones de visualizaciones en internet, pero los investigadores advierten de que también están distorsionando la percepción pública del comportamiento de la fauna salvaje y podrían minar el apoyo a la conservación.
Las imágenes falsas de animales en redes sociales están distorsionando los esfuerzos de conservación y podrían minar el apoyo público a las especies en peligro, según ha comprobado un estudio.
Las herramientas de inteligencia artificial generativa ya son capaces de producir vídeos y fotografías de fauna muy verosímiles que nunca han ocurrido, según un artículo publicado en la revista 'Conservation Biology' por investigadores de la Universidad de Córdoba.
Los autores, José Guerrero-Casado, Tamara Murillo-Jiménez, Antonio Carpio, Francisco Tortosa y Rocío Serrano-Rodríguez, sostienen que este tipo de contenido influye cada vez más en la manera en que el público entiende el comportamiento animal, a menudo de forma errónea.
Uno de los ejemplos que destacan es un vídeo viral generado con IA en el que varias especies de aves protegen a sus polluelos de la lluvia, compartido de forma masiva con mensajes que lo describen como "verdadero amor de madre".
Ese enfoque obvia un hecho bien conocido, en el 90% de las especies de aves los machos también participan en la crianza de las crías, mientras que muchos reptiles, anfibios y peces no ofrecen ningún tipo de cuidado parental.
El artículo también menciona interacciones inventadas entre especies, como vídeos falsos de depredadores y presas, o de parásitos y sus hospedadores, que se comportan con un afecto inverosímil entre sí.
Por separado, los autores resaltan vídeos que muestran vínculos ficticios entre humanos y animales salvajes, como una secuencia en la que unos pescadores rescatan a un oso polar que reacciona con una gratitud exagerada.
Advierten de que estas escenas pueden dar al público una falsa sensación de seguridad ante los animales salvajes y fomentar la demanda de mascotas exóticas, lo que alimentaría el comercio ilegal de fauna.
Conservar a los animales 'adorables'
Los investigadores esperan además que el contenido generado con IA se incline sobre todo hacia los mamíferos, ya que estas especies tienden a tener más éxito en redes sociales.
Alertan de que esto podría reforzar los desequilibrios de financiación existentes, de modo que los proyectos de conservación de grupos animales menos populares se queden atrás.
También advierten de que las imágenes falsas de fauna con etiquetas de localización pueden atraer turistas a lugares donde el animal mostrado nunca ha estado, lo que añade presión sobre los ecosistemas.
El estudio evita proponer una solución concreta y admite que es poco probable que exista una regulación global del contenido de IA a corto plazo, y reclama en su lugar una educación más amplia en alfabetización mediática para que el público aprenda a cuestionar lo que ve en internet.
Los registros de ciencia ciudadana, en peligro
Las conclusiones coinciden con una advertencia distinta publicada esta semana por investigadores en 'Nature Ecology and Evolution', que sostienen que las fotografías, audios y vídeos manipulados con IA enviados a plataformas de ciencia ciudadana podrían contaminar los datos de los que dependen los científicos para seguir dónde se encuentran las especies y cómo se comportan, lo que podría llevar a conclusiones ecológicas erróneas.
Los investigadores señalan que el problema más habitual no es la falsificación completa, sino el exceso de retoque.
Las herramientas de edición pueden eliminar o modificar rasgos físicos que se usan para identificar una especie, lo que en ocasiones lleva a una identificación completamente equivocada.
Citan un caso real en el que una fotografía que se creyó que mostraba un 'red-winged blackbird', una especie norteamericana nunca antes registrada en Brasil, fue enviada a iNaturalist como posible primer avistamiento.
En realidad era un 'epaulet oriole', una especie común en la región. La imagen había sido "reconstruida" con el editor de imágenes con IA de Google, que añadió marcas semejantes a las del ave norteamericana, probablemente porque esa especie está más representada en los datos de entrenamiento de la herramienta.
Los investigadores subrayan que la persona que envió la imagen no tenía intención de engañar a nadie. Su objetivo, explican, era puramente estético, conseguir una foto más llamativa.
El equipo asegura que logró reproducir el mismo error de forma independiente utilizando herramientas de edición con IA. Concluyen que es urgente concienciar a los colaboradores sobre el daño que este tipo de edición puede causar a los datos científicos.