¿Deben los animales opinar sobre el urbanismo? El singular parlamento animal de Milán da voz a palomas, zorros e insectos.
El Ayuntamiento de Milán se llena de cantos de pájaros mientras palomas, ranas, peces de colores y escarabajos se apresuran hacia sus asientos.
Se reúnen para el primer Parlamento de las Especies Vivas, con la esperanza de convencer a los responsables políticos de que les tengan en cuenta cuando decidan qué construir y dónde en la segunda ciudad más grande de Italia.
Cada uno de los 50 animales, representado por una persona enmascarada y elegido por su vulnerabilidad al desarrollo urbano, tiene en Milán su hogar, ya sea en sus edificios, parques o zonas ribereñas.
Un representante de los vencejos denuncia la demolición del estadio de San Siro, que miles de ejemplares de su especie utilizan como lugar de anidación. Tras haber sido descartado por la UEFA para la final de la Liga de Campeones y la Eurocopa 2032, el campo de fútbol está en el punto de mira del Ayuntamiento debido al insostenible aumento de los costes de gestión y mantenimiento.
Un zorro interviene en nombre de los habitantes del subsuelo para defender que se prioricen los corredores verdes frente a la creación de nuevos aparcamientos en superficie. Y la reapertura de los canales Navigli, cubiertos con asfalto a finales de la década de 1920 cuando el ferrocarril los dejó obsoletos, es objeto de un encendido debate. Un coipú, un gran roedor semiacuático, celebra la perspectiva de un nuevo hogar acuático; un representante de los pequeños mamíferos se opone con firmeza a la creación de nuevas barreras urbanas.
Aunque los temas son serios, la reunión adopta un tono cómico y ofrece a los guardianes humanos de la ciudad un espacio lúdico y colaborativo para imaginar las preocupaciones de sus habitantes sin voz.
Impulsar una convivencia más armoniosa entre humanos y animales
Fruto de la colaboración entre el Laboratorio de Urbanismo del Politécnico de Milán, el Piccolo Teatro di Milano y la ciudad de Milán, la iniciativa da continuidad al proyecto 'Animals in the City', que ocupó a principios de año el museo de arte contemporáneo Fondation Cartier de París.
En la exposición francesa, el diseñador Andrea Branzi y el profesor de la Universidad de Milán y arquitecto de jardines verticales Stefano Boeri, las mentes creativas detrás del proyecto, exploraron cómo el urbanismo podría favorecer una convivencia más armoniosa entre humanos y fauna silvestre.
La muestra incluía collages lúdicos en los que animales inesperados se superponían digitalmente a imágenes de monumentos y bulevares de París para generar una nueva visión de la ciudad.
A partir de esta experiencia, la nueva entrega en Milán es al mismo tiempo exposición y proyecto de investigación, y analiza cómo el urbanismo puede ser más sensible a las necesidades de las especies animales permanentes y migratorias de la ciudad.
Dar voz a los animales 'invisibles'
Los organizadores del Parlamento confían en que los participantes salgan con una sensibilidad mayor hacia las necesidades de las especies urbanas y que las tengan presentes al tomar decisiones que afecten a todo el ecosistema.
"La oportunidad de crear un espacio que da voz a las criaturas a menudo invisibles que conviven con nosotros en Milán, además de ayudarnos a reconocer la multitud de vidas no humanas presentes en el espacio urbano, puede contribuir a un enfoque mejor informado de las grandes decisiones que afectan al futuro de nuestras ciudades", afirma Stefano Boeri.
Esto podría incluir la "decisión valiente" de convertir ciertos lugares de Milán, como el antiguo complejo Marchiondi Spagliardi, una brutalista 'escuela de la vida' para jóvenes desfavorecidos diseñada por el arquitecto Vittoriano Viganò en la década de 1950 y abandonada en los años 80, en "centros para la protección y la puesta en valor de la biodiversidad urbana", sugiere Matteo Moscatelli, que ha contribuido a coordinar el evento.
La recuperación de edificios abandonados y de ecosistemas degradados a su estado natural puede "ayudar a reducir los conflictos entre humanos y especies no domesticadas y enriquecer el patrimonio ecológico de la ciudad", sostiene.
"La ciudad, como lugar inclusivo, es y debe ser cada vez más un espacio capaz de acoger y proteger el mundo animal", afirma Elena Grandi, concejala de Medio Ambiente y Zonas Verdes del Ayuntamiento de Milán. "Nuestro espacio es también su espacio, por eso debemos proteger este gran patrimonio de biodiversidad".