No hay pruebas fehacientes de que Internet perjudique nuestro bienestar, según un estudio

El estudio no encontró pruebas fehacientes de que Internet perjudique nuestro bienestar
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Por Luke Hurst
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Este artículo se publicó originalmente en inglés

Un estudio que involucró a dos millones de personas no ha encontrado pruebas claras de que el uso de Internet perjudique el bienestar de las personas. Los investigadores insisten en que las empresas tecnológicas deben proporcionar los datos que guardan a puerta cerrada.

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Existe la creencia popular de que la propagación del uso de Internet y las redes sociales ha tenido un efecto negativo en nuestra salud mental colectiva, pero un importante estudio reciente pone en duda esa idea.

Los investigadores utilizaron datos sobre el bienestar psicológico de dos millones de personas entre 2005 y 2022 en 168 países, en relación con el uso de Internet y la banda ancha móvil en cada país. Descubrieron que tanto las experiencias negativas como las positivas eran más altas que la media, pero había pocos indicios de que el uso de Internet móvil estuviera asociado a estos cambios.

Los autores del informe afirman que, entre las personas estudiadas, con edades comprendidas entre los 15 y los 89 años, se observaron asociaciones menores y menos consistentes con el bienestar negativo de lo de lo que cabría esperar si Internet causara daños psicológicos generalizados.

"Buscamos con ahínco una ‘prueba irrefutable’ que relacionara tecnología y bienestar, y no la encontramos", afirma Andrew Przybylski, catedrático de Comportamiento Humano y Tecnología del Instituto de Internet (OII) de la Universidad de Oxford, y uno de los dos autores del informe.

Publicado en la revista Clinical Psychological Science, el estudio incluía los "datos más amplios sobre bienestar y adopción de Internet jamás considerados, tanto a lo largo del tiempo como desde el punto de vista demográfico", explicó el otro autor, Matti Vuorre, profesor adjunto de la Universidad de Tilburg e investigador asociado del Instituto de Internet de Oxford. "Aunque no pudimos abordar los efectos causales del uso de Internet, nuestros resultados descriptivos indicaron asociaciones pequeñas e inconsistentes", añadió.

Tampoco hallaron patrones demográficos específicos entre los usuarios de Internet, aunque afirmaron que, para el país promedio, la satisfacción vital había aumentado más en el caso de las mujeres durante el periodo estudiado. "Hemos comprobado meticulosamente si hay algo especial en función de la edad o el sexo, pero no hay pruebas que respalden las ideas populares de que determinados grupos corren más riesgo", afirmó Przybylski.

También descubrieron que el aumento de la adopción de la banda ancha móvil predecía una mayor satisfacción vital, pero afirmaron que la asociación era "demasiado pequeña para tener una importancia práctica". Un informe anterior de los mismos autores, publicado por la Royal Society en agosto, afirmaba que no había pruebas que relacionaran el uso mundial de Facebook con un bienestar negativo.

Utilizando datos de casi un millón de personas de 72 países entre 2008 y 2019, no encontraron "ninguna prueba" de que el uso generalizado de Facebook estuviera vinculado sistemáticamente a un efecto negativo en el bienestar. Tras la publicación del último estudio, en el que se afirma que no hay indicios "irrefutables" de que Internet perjudique la salud mental, sí insisten en que las empresas tecnológicas deben proporcionar más datos para investigar más a fondo la cuestión.

"La investigación sobre los efectos de las tecnologías de Internet está estancada porque los datos que se necesitan con más urgencia son recopilados y guardados a puerta cerrada por las empresas tecnológicas y las plataformas en línea", afirman los autores en el estudio. "Es crucial estudiar, con más detalle y transparencia por parte de todos los interesados, los datos sobre la adopción individual y el compromiso con las tecnologías basadas en Internet. Estos datos existen y son analizados continuamente por las empresas tecnológicas mundiales con fines de marketing y mejora de productos, pero lamentablemente no son accesibles para la investigación independiente."

Fuentes adicionales • Angélica Parra Hernández (Traducción y texto en español)

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