Los equipos de rescate sacaron cuerpos de entre los escombros de edificios derrumbados en la capital y en localidades del sur, entre ellas Abbassiyeh, cerca de Tiro, donde el humo seguía elevándose en la mañana del jueves. La magnitud del bombardeo convirtió la jornada en la más mortífera de la última fase de la guerra entre Israel y Hezbolá y avivó el temor a una extensión del conflicto en la región.
El balance aumentó de forma brusca desde un recuento oficial previo de 182 muertos y 890 heridos, lo que sugiere que más víctimas quedaron atrapadas bajo los escombros durante la noche. Los ataques israelíes alcanzaron el centro de Beirut, el sur del Líbano y otros distritos, y dañaron viviendas, comercios y carreteras clave en zonas densamente pobladas.
En Beirut, los equipos de emergencia trabajaron toda la noche en barrios como Tallet el Khayat, mientras los hospitales tenían dificultades para atender a los heridos. Según las autoridades libanesas, los bombardeos golpearon zonas civiles sin previo aviso, lo que aumenta la presión sobre un sistema sanitario ya debilitado.