El punto culminante espiritual de la peregrinación se vivió en el monte Arafat, donde los fieles, vestidos con túnicas blancas, rezaron y reflexionaron hombro con hombro en la colina rocosa y en la llanura que la rodea. Según la tradición islámica, se considera que este es el lugar donde el profeta Mahoma pronunció su último sermón.
A medida que subían las temperaturas en los lugares santos, las autoridades saudíes desplegaron amplios dispositivos de seguridad, servicios médicos y de emergencia para gestionar las multitudes y proteger a los peregrinos durante la congregación.
En La Meca, los fieles llenaron también la Gran Mezquita para realizar el rito del tawaf, que consiste en circunvalar la Kaaba siete veces en sentido contrario a las agujas del reloj como parte de los ritos de la peregrinación. Imágenes aéreas mostraban densos flujos de peregrinos moviéndose sin pausa en torno al lugar más sagrado del islam dentro del vasto complejo de la mezquita.
Arabia Saudí ha invertido miles de millones de euros en los últimos años para ampliar las redes de transporte, los sistemas de refrigeración y las infraestructuras de gestión de multitudes, con el fin de acoger al creciente número de peregrinos que participan cada año en el hach.
La peregrinación concluirá con las celebraciones de la fiesta del sacrificio, Eid al Adha, y el ritual simbólico de lapidación en Mina, que conmemora la disposición de Ibrahim a sacrificar a su hijo en obediencia a Dios.