Algunos manifestantes se afeitaron la cabeza en un gesto simbólico, mientras que otros corearon consignas contra el presidente chino Xi Jinping y pidieron la intervención de las Naciones Unidas.
Los participantes en la protesta afirmaron que la legislación pone en peligro la identidad, la lengua, la cultura y las tradiciones religiosas tibetanas, y que podría ofrecer una base jurídica a lo que describen como una política de asimilación. Pekín sostiene que la ley pretende fomentar el desarrollo, el patriotismo y la unidad entre los cincuenta y seis grupos étnicos oficialmente reconocidos de China.
La ley, que entró en vigor el uno de julio, prohíbe los actos considerados susceptibles de fomentar divisiones entre grupos étnicos. También obliga a escuelas, familias, organismos públicos y otras instituciones a promover la unidad nacional, y prevé actuaciones contra personas u organizaciones fuera de China si se considera que han perjudicado la unidad étnica.
Los manifestantes celebraron además oraciones en memoria de Lobsang Palden, conocido también como Lobga Rangzen. Organizaciones tibetanas aseguran que murió el dos de julio tras prenderse fuego frente a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, donde se había estado manifestando contra las políticas de China en el Tíbet.