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25 aniversario de Maastricht en una Europa en crisis

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25 aniversario de Maastricht en una Europa en crisis

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La Unión Europea celebra el 25º aniversario del Tratado de Maastricht acechada por el auge del populismo e inmersa en una profunda crisis. El clima festivo y esperanzado que rodeó la firma del Tratado en febrero de 1992, ha dado paso a otro más sombrío en el que la clave es evitar el naufragio y sobrevivir.

Atrás queda la esperanza del 1 de noviembre de 1993, fecha en la que el acuerdo entró en vigor y transformó la Comunidad Económica Europea en Unión Europea.

Perikles Christodoulou, comisario de la Casa de la Historia Europea, recuerda el motor que impulsó la Unión: "Los Estados miembros de las prósperas comunidades europeas querían ir más allá de una simple cooperación económica. La cooperación debía tener también otros niveles."

Además de sentar las bases para el nacimiento del euro una década más tarde, el Tratado de Maastricht aumentó los poderes políticos de la Unión, creó la ciudadanía europea, la política Exterior común y estrechó la cooperación judicial. Pero el camino hacia la ratificación no fue fácil.

Los referendos que se celebraron en varios países reservaron sus dósis de sorpresas y desilusiones. En Francia, por ejemplo, el sí ganó por un margen muy estrecho. Dinamarca, en cambio, dijo No al Tratado y desbarató los planes.

Jacques Delors, a la sazón presidente de la Comisión Europea no ocultó su decepción al conocer los resultados del referéndum danés: "Este no al referéndum debe hacer reflexionar a todo el mundo, pero la Comisión sólo puede decir que teme que esto tenga consecuencias".

Víctor Fernández Soriano, investigador de Historia de la ULB-FNRS, explica por qué supuso un jarro de agua fría para los responsables políticos del Viejo Continente: "Por primera vez se dieron cuenta de que el entusiasmo que había llevado a las negociaciones europeas antes del referéndum de Maastricht no era necesariamente compartido por las sociedades, por la opinión pública".

Las razones de este rechazo fueron diversas. Para algunos, el miedo a la inmigración y a la pérdida de la identidad nacional fueron claves. Otros vieron un problema en el modelo económico, que consideraron demasiado liberal y susceptible de pisotear los derechos laborales y sociales.

El Tratado de Maastricht también introdujo la noción de límites presupuestarios basados en la deuda y el déficit nacionales, ya criticada por muchos en su momento.

Víctor Fernández Soriano, investigador de Historia de la ULB-FNRS: "Existen muchos vínculos históricos entre los debates del Tratado de Maastricht y los debates actuales. La mayoría de las cuestiones son básicamente las mismas. Así que el Tratado de Maastricht fue realmente un giro para la integración europea, fue un hito en la historia europea, pero también fue el momento en que surgió el euroescepticismo".

Tras mucho forcejeo, Dinamarca consiguió que se introdujeran modificaciones que abrieron el camino para la adopción del Tratado y dieron a la UE un impulso decisivo. Pero como ilustran el Brexit, el aumento del euroescepticismo o el pulso actual entre Roma y Bruselas por los presupuesto, las cuestiones que sacudieron el proceso de ratificación de Maastricht siguen estando muy presentes un cuarto de siglo después.