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Día D: "Cuando te estás muriendo llamas a tu mamá", dice un veterano

Día D: "Cuando te estás muriendo llamas a tu mamá", dice un veterano
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"En el bote había muertos, había heridos y había soldados vivos que gritaban 'mamá, mamá, mamá'. Todo el mundo piensa que clamas a Dios. Pero cuando te estás muriendo, llamas a tu mamá", afirma Frank DeVita, veterano del Día D.

"Un recuerdo que no olvidaré el resto de mi vida es cuando caí. Miré hacia un lado y pude ver a mi teniente, el teniente Fields, tiroteado por el mismo fuego allí parado y recibiendo todos esos disparos. Cuando la ametralladora dejó de disparar, cayó al suelo, se había ido", recuerda Steve Milnikoff, veterano de la Segunda Guerra Mundial, 175º Regimiento de Infantería.

"Estábamos asustados. Si no estabas asustado, es que te pasaba algo... porque demonios, solo éramos niños", dice Eugene Deibler, veterano de la Segunda Guerra Mundial, 101ª División Aerotransportada.

"Las órdenes eran que teníamos que correr lo más rápido posible hacia la parte de arriba de la playa, donde estaban los búnkers, porque cuanto más nos acercábamos a ellos, menos riesgo corríamos. Y cuando llegamos cerca de las paredes de los búnkers, lanzamos granadas a través de los agujeros", explica Leon Gautier, veterano francés del Día D.

"Como joven soldado pensaba que con todas esas masas de soldados que llegaron, que desembarcaron, la guerra iba a terminar. Hitler debería detenerse ahora. Es lo que pasaba por mi cabeza al ver cuántos jóvenes había sacrificado", recuerda Paul Golz, veterano alemán del Día D.

"A menudo me pregunto, ¿valió la pena? No lo creo, porque ahora nadie se da cuenta. Ahora, todo está olvidado. ¿No es así? Todo está olvidado", lamenta George Skipper, veterano del Día D del Reino Unido.

"No cambiaría mi experiencia por un millón de dólares. Pero no volvería a pasar por ello por un millón de dólares", asegura Vincent Corsini, veterano de la Segunda Guerra Mundial, 116º Regimiento de Infantería.

"Me agaché y toqué su mano. Porque quería que supiera que no estaba solo. Apretó mi mano como para decir que todo estaba bien y murió... murió... Era solo un niño... y estaba muerto...", cuenta Frank DeVita, veterano del Día D.