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Libia: un país en el abismo

Libia: un país en el abismo
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El principio del fin

El 4 de abril de 2019, el militar Khalifa Hafter ordenó al autoproclamado ‘Ejército Nacional Libio’ que tomara la capital de Libia, Trípoli. La misión de Hafter: "limpiar la región de grupos terroristas." Pero las fuerzas leales al Primer Ministro Fayez al-Sarraj del Gobierno de Acuerdo Nacional respaldado por la ONU,se comprometieron a sofocar el "intento de golpe." En un mes murieron más de 400 personas. Hubo 50.000 desplazados y Libia se sumergió aún más en un caos del que prácticamente todo el mundo está intentando escapar.

Atrapados en el infierno

Prácticamente miremos donde miremos, hay signos de que las cosas en Libia han estado yendo terriblemente mal. El país, que en su día fue una de las naciones más ricas de África, está en ruinas desde que un levantamiento civil respaldado por la OTAN pusiera fin al gobierno de Muamar el Gadafi. Tanto es así, que algunos rememoran los días que Libia fue gobernada con mano de hierro.

Wadah Alkish, excombatiente rebelde: "No estoy elogiando a Muamar el Gadafi. Él fue un dictador y no hizo ningún bien al país durante casi cuatro décadas. Pero que un hombre tenga el control, es mucho mejor que todo esto."

Fui un tonto aquel mes de abril, nos engañaron a todos

Hace 8 años, cuando solo tenía 22, Wadah se unió a la revolución porque quería un cambio: "Me sentí muy esperanzado. Siempre que estoy aquí tomando una cerveza en las calles, cada vez que oigo disparos, algo se mueve dentro de mí. Quería un país sin Gadafi, sin dictadura, sin todo eso, pero fui tonto aquel mes de abril. Nos engañaron a todos. Esa es mi opinión. Después de 2014, todo se derrumbó. Toda esa esperanza, todo ese optimismo...todo desapareció, en mi opinión. Ahora no hay nada más que guerra, nada más que conflicto. No hay más que niños heridos. Niños llorando. Es malo. Es muy malo. Es realmente malo."

Y la situación ha empeorado desde que llegó una nueva ola de violencia a las afueras de la capital de Libia. Dos partes. Múltiples actores en una disputa por el poder que no ha traído más que muerte, destrucción y desesperanza encarnada en toda una generación de libios que, como Wadah, se han quedado sin trabajo e ideas. Él ya ha dejado de luchar y pasa su tiempo lo mejor que puede. Desde que empezó la guerra ha sido voluntario en este refugio, donde los solicitantes de asilo encontraron amparo después de escapar de un centro de detención. La gran mayoría había venido a Libia para tratar de llegar a otro lugar. Y ahora están atascados igual que Wadah.

Munir, solicitante de asilo eritreo: "No tengo la ambición de ir a algún país en especial. Iría a cualquier país que me llevaran. Un país seguro donde mis hijos puedan recibir una educación, donde yo pueda hablar libremente y expresarme."

Munir, su esposa y sus tres hijos no pueden recordar cuánto tiempo tardaron en llegar de Eritrea a Libia. Una vez aquí, fueron capturados y detenidos. La guerra, la tercera desde que Gadafi fue derrocado en 2011, los atrapó.

En unas imágenes grabadas por un aficionado, vemos a las milicias libias, que se cree que forman parte de la ofensiva de Khalifa Hafter en Trípoli, atacando un centro de detención donde había migrantes y refugiados. Munir estaba ahí y lo vio todo: "Un grupo de gente armada se acercó a nosotros y empezaron a quitarnos nuestros teléfonos móviles y nuestro dinero. Nos dividieron en tres grupos. Dispararon a 18 o 20 personas. La gente empezó a gritar. Y luego cogieron sus ametralladoras y llenaron la habitación de balas."

Se cree que siete personas fueron asesinadas ese día. Hubo docenas de heridos. Libia no es signataria de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. El país no tiene un sistema de asilo y tras un acuerdo firmado en 2017 con la Unión Europea, todos los que entran ilegalmente en Libia son atrapados intentando cruzar el Mediterráneo o detenidos. Todo el mundo, incluidas mujeres embarazadas y niños.

@euronews tuvo acceso a un centro de detención donde están detenidos hombres, mujeres y niños.

Unas 6.000 personas esperan actualmente la repatriación voluntaria o la deportación en uno de los 26 centros de detención del país. Según las organizaciones humanitarias, estos lugares son escenario de violaciones de los derechos humanos, tales como trabajos forzados, tortura e incluso abuso sexual. Euronews tuvo acceso a uno de estos centros: el centro de los mártires de Al Nasr, situado en Zauiya, a sólo 30 kilómetros del puerto libio de Sabratha, el epicentro del tráfico de humanos hacia Europa. Un lugar tan peligroso que dos coches de policía tuvieron que escoltarnos. Un grupo diferente de guardias nos mostró los alrededores de la fábrica de neumáticos convertida en centro de detención. Nos filmaron durante la visita, nos dijeron donde podíamos y no podíamos ir y escucharon cada entrevista que hicimos. Los solicitantes de asilo eran cautelosos, pero tenían ganas de hablar.

Tenemos libertad para dar una vuelta. Compartimos un colchón entre dos personas, pero hay comida

Imutan, solicitante de asilo eritreo: "Somos víctimas, somos supervivientes. Somos víctimas de la guerra, así que necesitamos ayuda de cualquier organización, no sólo de ACNUR, sino de cualquier otra organización que pueda socorrernos porque estamos en un lugar en guerra, en una zona de guerra, así que necesitamos ayuda."

Cuando le preguntamos a Imutan cómo le trataban aquí, él miró al guardia: "Sí, comparado con Qasr bin Ghashir, este lugar es mejor. Tenemos libertad para dar una vuelta. Pero hay problemas: está lleno de gente, compartimos un colchón entre dos personas...pero el resto es bueno. Hay comida, etc."

Imutan dejó Eritrea hace dos años y se separó de su esposa y de su hijo de cinco años en el camino. No ha sabido nada de ellos desde entonces: "Necesitamos un lugar seguro. Da igual el país si mejora nuestra situación. Un lugar seguro."

Satarussem Ibrahim, solicitante de asilo somalí: _"Más de dos años [en Libia]. Huimos de nuestros países por la guerra. Pero Libia es otro país en guerra, así que no estamos a salvo. La guerra está en todas partes en Libia, así que necesitamos una evacuación de emergencia."
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Satarussem dejó Somalia a los 15 años y cruzó Kenia, Uganda, Sudán del Sur y Sudán para llegar a Libia: "Fueron por lo menos 3 meses [de viaje]. Algunos murieron durante el viaje por el desierto del Sáhara."

No se nos permitió dar nuestro contacto a los refugiados. Tampoco nos autorizaron para entrar en el patio de los hombres. En el de las mujeres quedó claro que, en cuanto a centros de detención, este es de nivel superior. Está superpoblado. Hay más de 850 personas durmiendo en el suelo en hangares comunales, pero al menos los hombres están separados de las mujeres y los niños tienen un espacio para jugar.

No hay fosas sépticas ni mantas. Hasta ahora sólo tenemos promesas vacías.

"Nos enfrentamos a varios desafíos. Por ejemplo, no hay fosas sépticas ni mantas. Estos son algunos de los principales retos a los que nos enfrentamos. Las ONG han prometido muchas cosas, pero los problemas persisten y, por lo tanto, los migrantes pierden la paciencia. Nos dicen "queremos esto ahora, nos lo prometiste". Por tanto, sí, hay desafíos. Y hasta ahora sólo tenemos promesas vacías. Hacemos todo lo que podemos", se quejaba un guardia del centro de detención.

La detención indefinida o el encarcelamiento de una persona sin juicio, es una violación de las leyes de derechos humanos. Le preguntamos al oficial al cargo del centro si sabía de otros tipos de abuso, pero él nos aseguró que "no, nunca he visto nada así. No, en este centro no ha habido nada así."

Evitamos preguntar a los refugiados si estaban bajo coacción, pues no iban a poder darnos una respuesta honesta. Además, ellos tenían más preguntas que nosotros. Por ejemplo, la agonía de saber cuándo podrán salir de aquí. Hay por lo menos otros cuatro centros de detención ubicados en Trípoli y sus alrededores y, desde el 4 de abril, han estado expuestos repetidamente al recrudecimiento de los combates. Las organizaciones humanitarias han dado la voz de alarma. La situación, dicen, es terrible.

Los centros de detención a menudo son almacenes que ahora se utilizan para almacenar personas en lugar de mercancías

Sam Turner, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras para Libia: "Los centros de detención no fueron construidos para albergar gente. A menudo son almacenes que ahora se utilizan para almacenar personas en lugar de mercancías. A veces llamamos a las celdas hangares, debido a que son habitaciones grandes, largas y diáfanas, donde hay cientos de personas hacinadas y encerradas. La gente duerme en suelos de cemento, a veces sobre un colchón muy fino y apenas tienen acceso al mundo exterior. Los que están detenidos están completamente atrapados. A menudo están encerrados en sus celdas y no pueden salir. Hay varios centros de detención que se han quedado atrapados en el frente de batalla, donde tienen lugar enfrentamientos en el exterior. Otros que están más lejos del frente de batalla también están sintiendo el impacto del conflicto, ya que ha habido bombardeos y ataques aéreos a vecindarios civiles, por lo que creemos que esas personas tienen un nivel de riesgo aún mayor debido al conflicto en sí, porque no pueden huir, no pueden salir de estas áreas para buscar seguridad en otros lugares."

El riesgo de que los migrantes y los refugiados se ahoguen en el Mediterráneo y mueran en la playa es el más alto que jamás ha habido debido a la falta de buques de rescate de ONG y al conflicto en Libia

Los centros de detención de migrantes de Libia están controlados por el Departamento de Lucha contra la Migración Ilegal, que depende del Ministerio del Interior.

Concertamos una entrevista con el ministro del Interior Fathi Bashagha, hoy conocido como 'el hombre que da las órdenes' en Libia, para preguntarle por qué las cosas están tan mal: "Una vez describí Libia como un médico enfermo al que se le pide que trate a los pacientes. Porque Libia tiene problemas internos. Desde que el Estado se desmoronó, Libia no ha podido proporcionar servicios adecuados ni siquiera a los libios. Y la Unión Europea exige a Libia que asegure la costa, que luche contra el tráfico de personas, que cuide y pague a los inmigrantes ilegales de acuerdo con las normas internacionales. Pero Libia tiene muchos otros problemas, problemas de servicios, de seguridad, de terrorismo, problemas económicos..."

Libia también tiene un problema de 'milicias'. Hay infinidad de grupos que luchan por el territorio y el poder. Algunos, usando las armas que acumularon en los años de anarquía, se han dedicado a otros negocios más lucrativos, como el tráfico de seres humanos.

Me pegaban. No nos dieron comida durante varios días, así que tuve que amamantar a mis hijos

Fatma ha experimentado el problema de primera mano. Toda su familia fue secuestrada y estuvo en cautiverio durante varias semanas: "Me pegaban y yo no podía hacer nada al respecto. No nos dieron comida durante varios días, así que tuve que amamantar a mis hijos."

El marido de Fatma sigue desaparecido. Ella escapó con sus tres hijas y, al menos por ahora, vive en esta escuela convertida en refugio en el centro de Trípoli, donde también conocimos a Munir y su familia y donde Wadah se ofrece como voluntario. Ninguno de ellos tiene ni idea de lo que pasará después. Si esta escuela reabre sus puertas para estudiantes, los refugiados y migrantes, lo más probable es que vuelvan a ser detenidos.

Libia es un verdadero infierno ahora mismo

Y Wadah, bueno, Wadah podría terminar en el frente: "Para los refugiados es pasar de un infierno a otro. Libia es un infierno ahora mismo. Libia es un verdadero infierno ahora mismo. No son sólo ellos los que lo sienten. Nosotros también lo estamos sintiendo. Nosotros. Personas que vivíamos aquí, que nacimos aquí y que vamos a morir aquí."

Encrucijada política

Morir en Libia no es tan difícil y para mucha gente de aquí, las potencias occidentales tienen gran parte de culpa.

Macron es responsable de todo el que muera aquí

Mohamed Khalil Issa, Comandante de la Brigada de Medina: "Francia, y no me refiero a los franceses, me refiero a Macron, es quien apoyó a Hafter. Macron es responsable de todo el que muera aquí. Estos tres países árabes: Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, apoyan a Hafter, pero Macron es el mayor demonio de todos ellos. Macron fue uno de los que apoyó políticamente a Hafter. Incluso le proporcionó apoyo militar."

Nos invitaron al iftar, la comida que los musulmanes celebran para interrumpir su ayuno durante el mes sagrado del Ramadán, cerca de la línea del frente. El Comandante Mohamed Khalil Issa y sus tropas de Misurata nos acogieron. Querían demostrarnos que están con la moral alta. Las 235 brigadas de la milicia de Misurata son de las fuerzas más poderosas de Libia. Estos son los hombres responsables de la victoria en la Batalla de Sirte, conocida como la 'última batalla' del ISIS en el país. El Comandante Issa quería que entendiéramos la ironía detrás del hecho de que a aquellos que echaron al grupo terrorista del país en 2016, ahora se les llama terroristas. En un hospital de campaña convertido en hogar cerca de la línea del frente, nos mostró horas vídeo de sus hombres en Sirte: "Los que ahora vienen con Hafter, no lucharon contra el terrorismo. Nosotros lo hicimos. Nosotros nos sacrificamos. Esa fue una guerra de verdad, una guerra en la que luchamos durante siete u ocho meses. Una guerra que mató a más de 700 personas e hirió a 18.000. Hafter, ¿dices que estás luchando contra el terrorismo en Trípoli y que estos son terroristas? ¡Estos tipos lucharon contra el terrorismo."

Estos hombres dicen que están defendiendo a su país y su futuro. Creen que el objetivo real de Hafter es aprovechar el poder militar y convertirse en el gobernante de facto de Libia, destruyendo el proyecto de democracia del país, mientras otros luchan por la estabilidad con armas. Otros dicen que todavía esperan construir ese proyecto de democracia a través de la política. Después de la división virtual entre el este y el oeste, algunos diputados de la Cámara de Representantes se organizaron en Trípoli, asegurando que el mandato de la administración de Tobruk había expirado. Se reúnen en este centro de convenciones en ruinas, lo que da una idea exacta del estado actual de las instituciones libias, donde los agujeros de bala son parte del paisaje, los inodoros no tienen agua corriente y la electricidad no es fiable. En un contexto como este, nos atrevimos a preguntar sobre la propuesta de Europa: que Libia celebre elecciones.

Hammuda Siala, portavoz de la Cámara de Representantes de Libia: "No somos expertos, no tenemos experiencia histórica en democracia. En una democracia creo que hay que aceptar los resultados: si no se está en el poder, se está en la oposición. Nosotros no tenemos esta terminología ni estos conceptos. Cuando se habló de unas elecciones el año pasado en París, me sorprendió descubrir que no iba a ser una tarea fácil."

Días después de nuestra visita, la guerra llegó a la política. El edificio que estos diputados han tomado como sede, fue alcanzado por un artefacto y uno de sus miembros fue secuestrado por las milicias.

Hammuda Siala: "Tenemos dos escenarios: con la presencia de Hafter, personalmente no veo ningún avance político. Pero sin él, podríamos tener un proceso político y terminarlo con unas elecciones dentro de 18 o 24 meses. Y ahora tengo que irme."

Fe, huída y futuro

Si tuviera dos opciones: morir en el mar o vivir en Libia, elegiría morir en el mar

La fe en una solución política para Libia pende de un hilo. La fe en algo más grande es lo que mantiene a algunos esperanzados y vivos. Esta iglesia sirve como un espacio seguro y un refugio. Retroceder no es una opción, así que Daniel Michael, solicitante de asilo eritreo, que ya ha tratado de cruzar el Mediterráneo tres veces, podría intentarlo de nuevo: _"Lo intentaría porque la vida en Libia es muy difícil. Si tuviera dos opciones: morir en el mar o vivir en Libia, elegiría morir en el mar. De verdad."
_

Anelise Borges, Euronews: "Para miles de personas, algunas que escapan de la guerra y otras que viven en una pobreza extrema, Libia es un conducto, un punto de tránsito, una forma de llegar a un lugar nuevo. Pero a veces, muchas veces, Libia se convierte en el final del camino."

ACNUR dice que hubo 18.328 muertos o desaparecidos hasta 2019 (hasta el 3 de junio de 2019).

Cifras de años anteriores de muertos y desaparecidos:

  • 2018 > 2.277
  • 2017 > 3.139
  • 2016 > 5.096
  • 2015 > 3.771
  • 2014 > 3.538

En los últimos 5 años, casi 20.000 personas desaparecieron mientras intentaban cruzar el Mediterráneo. Según la Organización Internacional para las Migraciones, más de 8.000 han muerto. Una masacre de la que muchos culpan a Europa. La política europea de migración ha visto cómo gran parte de la responsabilidad del control fronterizo de los países de la Unión Europea se ha trasladado a Libia. La Guardia Costera de Libia recibió formación, fondos y equipos de la Unión Europea a cambio de patrullar el mar Mediterráneo.

La OIM habla de 8.450 muertos

  • 2019 > 519
  • 2018 > 790
  • 2017 > 1.742
  • 2016 > 2.896
  • 2015 > 2.078
  • 2014 > 425

Teniente General Ayub Kassim, portavoz de las Fuerzas Navales Libias: "Desafortunadamente, la Unión Europea sólo está interesada en la migración ilegal y este enfoque es defectuoso y unilateral. Creemos que nuestra tarea es mucho más grande: proteger la soberanía libia, la migración ilegal, pero también luchar contra otros actos ilícitos. Cuando luchamos contra la inmigración ilegal, no seguimos los modelos europeos. Lo hacemos de acuerdo al enfoque libio, que es más eficaz para garantizar la paz y la seguridad regionales."

No queremos que los inmigrantes piensen que Libia está abierta para cuando ellos quieran entrar y salir

En cuanto a su enfoque, a veces controvertido, de interceptar a las personas en el mar, Libia ha sido acusada de abandonar a migrantes y refugiados, y de amenazar a algunos a punta de pistola. El Teniente General Ayub Kassim dice que Libia está tratando de enviar un mensaje a los migrantes: "No luchamos contra los inmigrantes. Estamos luchando contra la cultura de la migración. No queremos que los inmigrantes piensen que Libia está abierta para cuando ellos quieran entrar y salir".

La Unión Europea ha invertido 200 millones de euros en un plan destinado a detener la migración desde Libia, incluidos 32 millones de euros para ampliar un programa de formación para los guardacostas libios. Los libios dicen que todo lo que pudieron hacer con el dinero fue comprar seis viejos barcos italianos. Subimos a uno de ellos para realizar una patrulla nocturna de rutina 60 millas náuticas al noroeste de Trípoli. Esa noche, los oficiales perseguían el contrabando de personas, pero también la pesca ilegal y el tráfico de drogas o combustible...cuando a mitad de camino hacia nuestro destino, nos vimos obligados a dar la vuelta

Anelise Borges, Euronews: "Estamos llegando a Trípoli. Las condiciones meteorológicas eran bastante malas, así que nos hemos visto obligados a acortar esta patrulla. El comandante nos explicaba los pocos recursos que tienen para llevar a cabo estas operaciones. Las olas ni siquiera eran tan grandes, pero había que dar la vuelta. El gran oleaje y los fuertes vientos son elementos normales a la hora de patrullar el mar, pero los libios no pueden trabajar en esas condiciones."

Desde que volvió a estallar el conflicto, más de un centenar de migrantes y refugiados han muerto ahogados. 871 fueron interceptados en el mar y devueltos a Libia (hasta el 6 de junio), uniéndose a los miles ya atrapados en un lugar donde no hay escapatoria

En Libia no hay futuro para nadie

Anelise Borges: "¿Consideraría alguna vez hacer lo mismo que estas personas? ¿Subirse a un barco y marcharse?"

Wadah Alkish, excombatiente rebelde: "Todo el tiempo, todo el tiempo. Pienso, y si me fuera ¿qué podría estar haciendo? ¿Qué tipo de trabajo tendría, estaría estudiando? Casi lo hice una vez. Hace 3 años. Casi lo hago"

Anelise Borges: "¿Qué se le pasó por la cabeza? ¿Por qué?"

Wadah Alkish: "Me estaba agobiando. El mundo se hacía cada vez más pequeño. Las paredes se me caían encima. Han pasado casi 10 años y no he avanzado ni un centímetro. No he hecho nada con mi vida. Ahora tengo 30 años. No tengo casa, no tengo trabajo, no sé qué me deparará el futuro."

Anelise Borges: "¿Cree que Libia es un país que puede ofrecerle un futuro?"

Wadah Alkish: "Si se gestionara bien, sí podría ofrecer a todo el mundo un futuro mejor. Incluso los refugiados podrían tener un futuro mejor aquí en Libia. Pero tal como están las cosas ahora, no hay futuro para nadie."

Euronews solicitó una entrevista con el comandante militar Khalifa Hafter, así como permiso para acceder a las fuerzas que apoyan su ofensiva. No obtuvimos respuesta hasta el momento de la finalización de este reportaje.

Somos gente de paz, pero lucharemos por ella
Mohamed Sawan
Luchador leal al Gobierno de Acuerdo Nacional