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Los residuos electrónicos europeos terminan en uno de los mayores vertederos de África

Los residuos electrónicos europeos terminan en uno de los mayores vertederos de África
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El dispositivo que está utilizando para leer este artículo probablemente terminará en un vertedero infernal de desechos electrónicos, el más grande del mundo. En Agbogbloshie, un suburbio de Accra, la capital de Ghana, decenas de miles de personas queman todo tipo de basura electrónica. Aquí se pueden encontrar teléfonos móviles, frigoríficos, tractores, reproductores de mp3, coches desechados, monitores... La gente que trabaja en el vertedero extrae hierro, latón y otros metales valiosos.

Ghana importa al menos 40.000 toneladas métricas de desechos electrónicos cada año y Agbogbloshie se convirtió en el mayor centro no oficial de reciclaje del mundo. Esto atrae a la gente del norte de Ghana y de los países vecinos, que terminan viviendo en terribles condiciones sanitarias e higiénicas.

Los chatarreros que trabajan allí no quieren llamarlo vertedero: todavía consideran el lugar como un sitio de reconversión y se ven a sí mismos como recicladores.

Los chatarreros que trabajan allí consideran el lugar como un sitio de reconversión y se ven a sí mismos como recicladores.

Agbogbloshie es uno de los destinos de los 50 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos producidos en el mundo en 2018. Esta masa equivale a 5.000 Tours Eiffel, y sólo el 20% de ella se recicla, incluso si dos tercios de la población mundial están cubiertos por la legislación sobre residuos electrónicos.

Los 40 millones de toneladas métricas restantes de desechos electrónicos terminan en vertederos, quemados o enviados a países en desarrollo, donde las leyes de importación y los controles sobre el uso de materiales de segunda mano son menos estrictos.

Los datos sobre las corrientes de desechos electrónicos que van a parar a los países en desarrollo son contradictorios y de difícil interpretación. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el 85% de los desechos electrónicos vertidos en Ghana se producen allí y en el resto de África Occidental y no son importados.

La fina línea entre los productos de "segunda mano" y los residuos

El verdadero problema para determinar el flujo real de residuos electrónicos es entender si las exportaciones de Equipos Eléctricos y Electrónicos Usados son residuos electrónicos o no. Y no es una tarea fácil.

"Si los equipos eléctricos usados realmente pueden ser reutilizados y si existe un mercado para ellos, estos no entran en el ámbito de los residuos. Estas exportaciones también pueden servir para prolongar la vida útil de los productos y, de esta manera, reducir la enorme huella ecológica que dejan y proporcionar a la creciente clase media un equipo que puedan permitirse", dice Ruediger Kuehr, director del Programa de Sostenibilidad de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU).

Dado que la exportación de residuos electrónicos es ilegal según el Convenio de Basilea, los residuos electrónicos generados en la UE se exportan a menudo bajo la etiqueta de reutilizables. No hay distinción en los códigos comerciales entre equipo nuevo y usado, por lo tanto, es difícil cuantificar los envíos de UEEE, sean legales o no.

Estas exportaciones también pueden servir para prolongar la vida útil de los productos y, de esta manera, reducir la enorme huella ecológica que dejan
Ruediger Kuehr, ONU

"Para saber si se trata de electrónica usada o de residuos , hay que probar los equipos, pero esto es imposible porque los puertos europeos están intercambiando millones de contenedores, y tienen pocas personas para llevar a cabo estas investigaciones", explica Kuehr.

Los productos tecnológicos ilegales suelen almacenarse en vehículos exportados para su reutilización en África. Los productos enviados no provienen de incineradores o vertederos, sino, más a menudo, de colectas informales frente a los puntos o centros de reciclaje, en las calles, a través de Internet o de chatarreros.

"A menudo, los coches están cargados con productos de electrónica y se exportan para su reutilización, y los residuos electrónicos viajan dentro". Esto se documentó en un estudio reciente de la UNU sobre el África occidental. Hay algunos indicios de la participación de delincuencia organizada (por ejemplo, la mafia rumana), pero no hay pruebas contundentes.

Las exportaciones no son retenidas porque los puertos europeos apenas pueden monitorear e inspeccionar las cantidades ingentes de contenedores que se mueven cada día. "Ningún puerto quiere frenar su actividad con inspecciones", dice Jim Puckett, Director Ejecutivo de Basel Action Network (BAN), un organismo de vigilancia medioambiental que, hace unos meses, colocó 314 rastreadores GPS en material de residuos electrónicos en Europa. La ruta de los GPS reveló casos en los que se exportaron artículos del Reino Unido, España, Italia, Irlanda, Dinamarca y Alemania.

El fin de la vida útil de los aparatos electrónicos es un problema mundial, agravado por la obsolescencia cada vez más rápida de los productos y las dificultades para alcanzar y reciclar la mayor parte de estos materiales.

"Yo estimaría que desde Europa, alrededor del 80% del comercio que se exporta a África es ilegal tanto en importaciones como en el exportaciones", continúa Puckett. "En Ghana, las autoridades portuarias le dirán que el 75% de las mercancías que llegan a Ghana son de segunda mano. He estado en el puerto de Tema y he visto todo abierto.

Y hay coches usados de EE.UU., papel y plástico usados de Europa, neumáticos usados, electrónica usada, muebles, ropa. La idea es que el mercado local reacondicione este equipo y trate de venderlo. La electrónica va a pequeñas tiendas o puestos de venta y allí intentan venderla. Algunos tratan de arreglarlo. Lo que no se puede vender va a Agbogbloshie".

Agbogbloshie es la última oportunidad de reciclaje, a expensas de la salud de sus trabajadores y vecinos. Agbogbloshie es un patio al aire libre, donde la gente trata todo tipo de residuos electrónicos, ganando de 2 a 3 dólares al día. En la actualidad, los desechos electrónicos en esta área se eliminan principalmente mediante la quema.

El sitio se encuentra entre los 10 más contaminados del mundo. Recientemente, un informe de BAN y la Red Internacional de Eliminación de COPs (IPEN), mostraron cómo los productos químicos peligrosos, provenientes de desechos ilegales, están afectando toda la cadena alimentaria en Ghana. El estudio mostró altos niveles de dioxinas y bifenilos policlorados en los huevos vendidos en los mercados.

Los recicladores de residuos electrónicos de Agbogbloshie emplean métodos de desmantelamiento manual y de reciclaje al aire libre para recoger los metales valiosos del flujo de residuos. Varios estudios mostraron cómo estas actividades exponen a las personas que trabajan allí a sustancias letales que podrían causar, por ejemplo, enfermedad coronaria isquémica, accidente cerebrovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer de pulmón e infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en los niños.

Recientemente, los datos mostraron que los trabajadores de los desechos electrónicos tienen altos niveles de compuestos sintéticos peligrosos en su orina y sangre.

¿Perspectivas optimistas?

En Agbogbloshie se están iniciando algunos proyectos, en su mayoría financiados por países occidentales (especialmente Alemania), con el fin de reducir la peligrosidad del proceso y ofrecer a los comerciantes de chatarra una alternativa a los grandes incendios que contaminan toda la zona y a la desintegración manual de los estuches de plástico y de los dispositivos electrónicos que los ponen en peligro.

Uno de estos proyectos es, por ejemplo, un centro de reciclaje con unidades de desaislado automatizadas que debería persuadir a los comerciantes de chatarra a no quemar cables y que ofrecen de formación sobre el uso de las máquinas adecuadas.

"Gestionamos el 30% de los cables eléctricos que llegan a Agbogbloshie. Extraemos los metales de forma correcta, respetuosa con el medio ambiente y con la salud del pueblo de Accra", dijo Kwaku, uno de los operadores del proyecto.

Los chatarreros pueden incluso entregar su material en el centro, donde será procesado de forma ecológica y se les pagará por el valor de los metales contenidos en él. Un proyecto importante, uno de los financiados por Alemania, pero aún no lo suficiente para detener la catástrofe ecológica que está ocurriendo en la zona.

"Tengo una neumonía por trabajar aquí desde hace muchos años, y conozco varios casos de enfermedades respiratorias. Pero sigo adelante porque soy ambientalista y creo en un futuro diferente para este planeta", dijo Kwaku.