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Los 78 migrantes a bordo del Aita Mari recuerdan el "infierno libio" antes de desembarcar en Sicilia
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Javi Julio - Javi Julio

Los 78 migrantes a bordo del Aita Mari recuerdan el "infierno libio" antes de desembarcar en Sicilia

Al grito de ¡Boza! ¡Boza! (¡Victoria!) celebraron las 78 personas rescatadas abordo del Aita Mari cuando conocieron que finalmente Pozzallo será el puerto de destino donde desembarcarán. En la popa del barco y tras anunciarlo, la tripulación y las personas rescatadas se fundieron en abrazos.

Cerca de las 12 de la noche del domingo Italia autorizaba a Salvamento Marítimo Humanitario (SMH), la ONG armadora del Aita Mari, permiso para desembarcar en un puerto seguro en el sur de Sicilia.

Aunque el Aita Mari se encuentra a pocas millas de distancia, el mal tiempo ha obligado al buque a esperar hasta el martes. “Tendremos que esperar a que pase el temporal y que el desembarco sea seguro porque ahora llevamos gente muy cansada”, apuntaba el capitán, Marco Martínez.

Desde el viernes el fuerte viento y las olas de hasta tres metros han dificultado la navegación del barco. Muchas personas rescatadas han tenido que dormir en la cubierta, expuestas al frío y la tormenta de las últimas horas, haciendo del domingo una noche muy complicada.

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Foto de Javi Julio
AbdulFoto de Javi Julio

“Es injusto. Éstas personas debían ser trasladadas a puerto seguro de forma inmediata. Es un derecho humano universal”, señalaba Iñigo Gutierrez, vicepresidente de SMH, a bordo el barco, mientras se desataba el temporal.

Escapando del infierno libio

La mañana del lunes, ya con el mar más calmado, los migrantes han celebrado la noticia con entusiasmo, cantando y dando las gracias a la tripulación del Aita Mari. Todos se han mostrado felices de dejar atrás el “infierno” libio, según sus palabras.

“En mi país la única vida es la de ser soldado. No hay educación ni libertad”, cuenta Abdul, que con apenas 15 años huyó de Eritrea para evitar hacer el servicio militar e ir a la guerra. De su país escapó a Etiopía, después a Sudán, y finalmente a Libia, donde cayó en manos de una de las milicias que pugnan por el control del país”. Tras quitarse el jersey y la camiseta, comienza a enseñar marcas de cicatrices por los brazos mientras repite “Libia no es un buen sitio”.

“Teníamos que comer pasta de dientes”, explica en la popa del Aita Mari Ismail, de origen Somalí. Ismail ha intentado cruzar el Mediterráneo hasta en tres ocasiones y, hasta ahora, en todas fue interceptado por la Guardia Costera libia y llevado a centros de detención. “Las prisiones están controladas por milicias. Y están compuestas por hermanos, primos...Allí piden tu rescate”.

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IsmailFoto de Javi Julio

Los testimonios de las 78 personas rescatadas por el Aita Mari coinciden con las denuncias que vienen apuntado las organizaciones de derechos humanos que trabajan en Libia: los centros de detención son centros de tortura y extorsión. “Te detienen sólo por ser negro”, afirma Ismail. El resto de las historias de los migrantes, de origen subsahariano, afirman lo mismo.

El viaje por el desierto en camioneta de Hamir, ha quedado grabado en su cabeza. Decenas de cuerpos de personas que caían durante la marcha señalaban el camino. “Al menos en el mar puedes nadar. Si te caes durante el viaje, estás muerto”, afirma. Durante el trayecto, el conductor no apareció, y tras varios días esperándolo, comenzaron a caminar por el desierto.

“No podías ver nada, sólo desierto”, continúa. Al llegar a Trípoli, la policía le detuvo junto a su hermano y lo llevó a la cárcel. “Un día, durante un partido de fútbol, logré escapar, pero dejé a mi hermano dentro”, lamenta.

El Aita Mari pondrá rumbo a Pozzallo durante la madrugada del martes, cuando el estado de la mar se lo permita. Tras un corta travesía, llegará a puerto. Junto al Ocean Viking y al Open Arms, el Aita Mari es el último en desembarcar a las 366 personas que fueron rescatadas por organizaciones humanitarias durante la semana pasada en la zona SAR del Mediterráneo central.

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