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Pelícanos migrantes, un maná caído del cielo para México

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Un niño alimenta a los pelícanos en Petatán (México)
Un niño alimenta a los pelícanos en Petatán (México)   -   Derechos de autor  AFP
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A vista de pájaro, parecen copos de nieve cayendo sobre el lago de Chapala, en México, pero a medida que nos acercamos descubrimos miles de blancos pelícanos.

Han llegado desde Canadá buscando en estas tierras del oeste mexicano temperaturas más clementes durante los meses de invierno. Aunque hay algo, en particular, que les trae a este lugar, el festín de restos de pescado que cada día arroja al agua la población pesquera de Petatán.

Los vecinos del lugar están felices de acoger a estos pelícanos borregones, entre otras cosas porque la presencia de estas aves, que con las alas extendidas miden hasta tres metros, atrae a numerosos turistas.

"Hay comunidades donde no hay trabajo. Aquí hay trabajo de sobra a través de estos animalitos. El domingo se nos llena aquí de turismo de varias partes", explica Ismael Ayad, pescador y guía turístico del lugar.

AFP

Los hombres se dedican a la pesca y las mujeres, a filetear el pescado. Lo hacen en cuestión de segundos, desechando los restos que sirven de alimento para las aves.

"Es bonito tener a los pelícanos (...) Atraen turistas y todos pueden conocer un poquito de Petatán", dice Esveidy, una cortadora de pescado.

Los pelícanos se dispersan durante el día por el extenso lago de Chapala, ubicado entre los estados de Jalisco y Michoacán, pero al final de la tarde se concentran junto a Petatán, para recibir su cena. Al menos hasta que emprendan en marzo su viaje de vuelta al norte canadiense.