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Rusia: ¿cómo afectan las sanciones a los ciudadanos en su día a día?

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Por Naira Davlashyan, Marina Shibalova, Chris Harris
Un centro comercial en Moscú practicamente vacío
Un centro comercial en Moscú practicamente vacío   -   Derechos de autor  The Associated Press. All rights reserved.

El simbólico cierre de McDonald's en Rusia acaparó todos los titulares al ser una de las primeras marcas occidentales que abrieron tras la caída del telón de acero. Una apertura que representaba el acercamiento de Rusia a Occidente.

Esta decisión se suma a la larga lista de empresas extranjeras que han suspendido o detenido sus operaciones tras la invasión de Ucrania por parte de Moscú. Además del cierre temporal de los 850 restaurantes de McDonald's, Starbucks, KFC, Pizza Hut y Coca-Cola suspendieron sus operaciones.

También las empresas finlandesas Valio (productos lácteos) y Paulig (café) han puesto fin a su negocio en Rusia.

Esto se produce después de que Occidente implantara un amplio paquete de sanciones contra Moscú, que incluye medidas contra el banco central de Rusia; la exclusión de algunos bancos del país del sistema de pagos SWIFT, la limitación del suministro de materiales a los fabricantes rusos; la reducción de las importaciones de energía de Rusia y el cierre del espacio aéreo a los aviones y compañías aéreas rusas.

Subida de precios y límite en las compras

El valor de la moneda rusa, el rublo, se ha desplomado desde que Putin envió sus tropas a Ucrania, encareciendo la importación de productos. El 23 de febrero, la víspera de la invasión, el cambio dólar a rublos se situaba en 80 rublos por un dólar. El 10 de marzo, el precio ascendía a 119 rublos.

Las empresas que dependen de los bienes importados tienen pánico. Marina Albee, propietaria del restaurante vegetariano Cafe Botanika, situado en el centro histórico de San Petersburgo, ya ha oído decir a su proveedor de frutas y verduras que los precios subirán entre un 10% y un 50%.

El café importa algas secas y tofu ahumado de Japón, mini espárragos de Chile, brócoli de Benín, arroz basmati y aceite de coco de la India.

"Estamos esperando a que llegue el tsunami, es decir, la subida de precios en todo lo que compramos", dice Albee.

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La gente come en un restaurante McDonald's en la calle principal de Moscú, Rusia, el miércoles 9 de marzo de 2022AP Photo

¿Cuál es la situación para los rusos?

En San Petersburgo, el gran supermercado Auchan, que ocupa la primera planta del centro comercial Leto, se ha reducido a la mitad. Parte del espacio está vacío, las estanterías están desmontadas y muchos productos han desaparecido.

"He oído que parece que Auchan se queda, pero veo que algunos productos que solía comprar han desaparecido, deben ser las sanciones", asegura la clienta Galina "Por supuesto, hemos vivido cosas mucho peores, pero es poco probable que la vida vaya a mejor en un futuro próximo".

Mientras, ciudadanos de Moscú con los que ha podido hablar Euronews dicen que no hay escasez de comida en las estanterías.

Los precios, sin embargo, sí parecen estar subiendo. Rosstat, la agencia estatal de estadísticas, sostiene que los coches y los televisores extranjeros habían aumentado un 15% desde principios de marzo.

El coste de algunos alimentos también ha aumentado. Los rusos denuncian que la cantidad de azúcar, pasta y harina que pueden comprar está limitada. Según Rosstat, el precio del azúcar ha subido un 3,3% en la primera semana del mes.

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Miran una pantalla que muestra el tipo de cambio en una oficina de cambio de moneda en San Petersburgo, Rusia, el martes 1 de marzo de 2022AP Photo

Preocupación por el empleo

Otra de las grandes preocupaciones es el impacto que las sanciones tendrán en el empleo. La tasa de desempleo en Rusia era del 4,4% en enero, pero algunas estimaciones indican que podría duplicarse en los próximos meses.

Esto se debe a varios factores, como la retirada de las empresas occidentales y el impacto de la interrupción de la cadena de suministro en las empresas rusas.

"Mucha gente perderá su empleo por el cierre de empresas, por la falta de materias primas para la producción. No hay demanda y la gente empobrecerá", comenta a Euronews el economista ruso Andrei Movchan.

Natalia, tutora, trabaja en una de las escuelas de idiomas que ofrecen sus servicios online. Ahora teme perder alumnos, que ya no podrán hacer transferencias de dinero desde el extranjero.

"El sistema Paypal que muchos estudiantes utilizaban para transferirme dinero por las clases ya no funciona en Rusia", cuenta a Euronews. "Los tipos de cambio del dólar y del euro están por encima de los 100 rublos, así que todo es más caro".

"Mis clases es mi único trabajo, y si la situación sigue evolucionando así, los idiomas extranjeros no serán necesarios para los estudiantes rusos".

Otros han visto cómo sus peores temores se hacían realidad. Lisa tiene 19 años, vive con su madre y su hermano pequeño en Moscú, donde hace poco consiguió un trabajo para la empresa japonesa de ropa Uniqlo. Pero la firma anunció que suspendería sus operaciones en medio de la invasión de Rusia.

"Uniqlo tiene un paquete social muy bueno, me gustaba mucho el trabajo", dice a Euronews. "Ahora eso ha desaparecido, no tendré nada de eso, tendré que buscar un trabajo nuevo". Además, la madre de Lisa también está en paro y se preocupa porque sin su trabajo no podrá mantener a su familia. "Estoy muy preocupada", añade.

Para las autoridades, solucionar el problema del desempleo es una prioridad fundamental.

"Esperamos que no haya millones de personas sin trabajo, sino menos", dijo el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. "Efectivamente, las empresas se van, el Gobierno se ocupa de ello, es un tema prioritario: el desempleo y las medidas anticrisis en el mercado laboral. Creo que en un futuro muy próximo también tendremos noticias del Gobierno sobre las medidas previstas."

Los rusos serán mucho más pobres

Aunque las sanciones han congelado gran parte de las reservas de divisas de Rusia, la deuda del Estado no se ha disparado. Cuando el gobierno necesita pedir préstamos, sus acreedores son en su mayoría bancos nacionales, no inversores extranjeros que podrían abandonarlo en una crisis. El Gobierno anunció esta semana ayudas a grandes empresas que se consideran cruciales para la economía.

Aún así la bolsa de Moscú siguirá cerrada al menos hasta el próximo lunes. Esta es la tercera semana consecutiva en lo que supone el periodo de suspensión más largo del parqué ruso. El país además, amenza con pagar la deuda externa en rublos.

Las estimaciones sobre el impacto a corto plazo en el crecimiento económico de Rusia varían mucho porque podrían llegar más sanciones y las consecuencias de la guerra de Putin son inciertas.

"Los rusos serán mucho más pobres: no tendrán dinero para ir de vacaciones a Turquía o enviar a sus hijos a la escuela en Occidente", afirma Tim Ash, analista principal de mercados emergentes soberanos de BlueBay Asset Management.

Ash considera que el crecimiento económico caerá un 10%, mientras que otros economistas ven una caída de tan sólo un 2%.

Las perspectivas de crecimiento de la economía a largo plazo no eran buenas, ni siquera antes de la guerra. Unos pocos privilegiados controlan las principales empresas y sectores, lo que provoca una falta de competencia y de nuevas inversiones. Rusia no ha conseguido diversificarse fuera de su sector dominante del petróleo y el gas. La renta per cápita en 2020 era aproximadamente la misma que en 2014.

La inversión extranjera acumulada durante los 30 años transcurridos desde el colapso de la Unión Soviética y los puestos de trabajo que trajo consigo se están diluyendo. Grandes empresas como Volkswagen, Ikea y Apple han paralizado sus fábricas o sus ventas, mientras que los gigantes de la energía BP, Exxon y Shell han dicho que dejarán de comprar petróleo y gas ruso o que abandonarán sus asociaciones.

El miércoles, la agencia de calificación Fitch recortó aún más la calificación crediticia del país, que pasó a ser considerada como basura, y advirtió de un inminente impago de la deuda soberana.

Desde que se enfrentó a las sanciones por la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014, el Kremlin ha anticipado que esas medidas serían el arma principal de Occidente en cualquier conflicto. En respuesta, ha ideado lo que Connolly, miembro asociado del Royal United Services Institute y autor de un libro sobre la respuesta de Rusia a las sanciones, llama "la economía Kalashnikov", en referencia al rifle militar ruso.

Es "un sistema duradero, en cierto modo primitivo", dijo, basado en un bajo nivel de deuda, el control gubernamental de la mayor parte del sistema bancario y un banco central capaz de intervenir y apuntalar la moneda y los bancos.

Aunque el comercio se reducirá y habrá menos productos disponibles, el debilitamiento del rublo significa que el gobierno ruso ganará más divisas por el petróleo que vende, ya que éste se cotiza en dólares. Con la reciente subida de precios, Connolly calcula que Rusia obtiene 2,7 veces más rublos por el petróleo que en 2019, dinero que puede cubrir los salarios y las pensiones.