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Pedro Sánchez, el presidente que desconcierta a los aliados y que encandena 3 derrotas electorales

El presidente español, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa tras reunirse con su homólogo polaco, Mateusz Morawiecki, en Varsovia, el 27 de julio de 2022.
El presidente español, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa tras reunirse con su homólogo polaco, Mateusz Morawiecki, en Varsovia, el 27 de julio de 2022. Derechos de autor  AP
Derechos de autor AP
Por Rafael Salido
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La tercera derrota consecutiva del PSOE en las urnas lleva a muchos a preguntarse si Pedro Sánchez se está convirtiendo en un lastre para el partido. En España su figura genera división, mientras que en el extranjero muchos le miran desde el desconcierto debido a algunas de sus decisiones.

Los números no mienten. En las tres últimas elecciones regionales celebradas en España, el Partido Socialista del presidente Pedro Sánchez ha acumulado una derrota tras otra: primero fue en Extremadura, luego en Aragón y, ya por último, este pasado fin de semana en Castilla y León, aunque esta última región es históricamente un bastión de la oposición.

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Así las cosas, desde el pasado mes de diciembre, el PSOE no ha sido capaz de arañar ni una sola victoria en las urnas. En todas estas comunidades autónomas ha sido el PP el que se ha alzado con más votos, si bien en todas ellas parece que los populares van a tener que negociar con el partido Vox, de extrema derecha, para poder formar Gobierno.

A pesar de estos resultados, según los últimos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), del pasado mes de febrero, el PSOE lidera la intención de voto en España, con un 32,6%, frente al 22,9% del PP. Sin embargo, como es natural, en Ferraz preocupa una tendencia que podría reflejarse en las próximas generales, previstas para julio de 2027.

De acuerdo con un reciente sondeo de Opina360, Pedro Sánchez es -con un 3,2 de puntuación- el presidente peor valorado de la democracia en España; muy lejos del 7,2 que obtiene Adolfo Suárez, quien lidera la tabla. Sin embargo, su presidencia se ha visto marcada por el descontento de buena parte de la sociedad española, que no ha dudado en salir a las calles en numerosas ocasiones a lo largo de los últimos años, bien fuera para rechazar su acercamiento al independentismo catalán o bien para denunciar los casos de corrupción que se ciernen sobre su Gobierno.

Esa dicotomía entre la animadversión que llega a suscitar en buena parte de la población española y la aprobación que aún cosecha en los sondeos es una de las características clave que marcan los ya siete años de presidencia de Sánchez; una dualidad especialmente marcada al contrastar su imagen de fronteras para afuera. Donde muchos en el extranjero ven a un líder que se rige por su brújula moral, capaz de plantarle cara al mismísimo Donald Trump, muchos españoles ven a un político ante todo ambicioso, capaz de negociar con cualquiera con tal de aferrarse al poder.

Esa eterna sospecha de arribismo le ha perseguido desde 2014, cuando, contra todo pronóstico, se hizo con la secretaria general del Partido Socialista al imponerse en las primarias al candidato del 'establishment', Alfredo Pérez Rubalcaba. Así, en apenas cuatro años, y gracias a una moción de censura contra Mariano Rajoy, del Partido Popular, Sánchez se alzó con la presidencia del Gobierno en 2018.

Esos eran los tiempos en los que medios de talla internacional, como 'The Financial Times' o 'Newsweek' le apodaron 'Mr. Handsome', o lo que es lo mismo 'el señor Guapo'. Sin embargo, ha llovido mucho desde entonces, y ese aura de invencibilidad de que hizo gala tras dejar atrás su cargo como diputado, ha dejado paso a un ciclo en el que el partido que lidera cosecha una derrota tras otra en las urnas.

Una presidencia marcada por catástrofes y polémicas

Desde que Sánchez asumió la presidencia, ha tenido que hacer frente a algunas de las crisis más notables de la historia reciente de España: desde la pandemia del COVID-19, al desastre del accidente ferroviario de Adamuz, pasando por el gran apagón del año pasado o el desastre de la DANA, en el que 230 personas perdieron la vida a causa de las fuertes lluvias.

Sin embargo, algunas de las crisis que están marcando la trayectoria de Sánchez en La Moncloa se podría decir que son de fabricación propia. Sin ir más lejos, sus negociaciones con el independentismo catalán para asegurarse un tercer mandato en 2024, llevaron a 'The Economist' a titular: "Pedro Sánchez se aferra al cargo a costa de la democracia española".

El precio del apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para formar Gobierno, fue la polémica Ley de Amnistía, con la que el Gobierno socialista buscó rehabilitar al expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, así como a los principales artífices del referendum de independencia de 2017. La medida ha sido apelada ante los tribunales, tanto españoles como europeos.

Ese mismo año, comienza un goteo de acusaciones de corrupción que, por momentos, parecieron poner al mandatario contra las cuerdas. En abril de 2024, el mandatario dejó incluso entrever la posibilidad presentar su dimisión al anunciar por sorpresa, a través de las redes sociales, que necesitaba "parar y reflexionar" ante lo que calificó de "una operación de acoso y derribo" por parte de la derecha.

Las supuestas prebendas de su esposa Begoña Gómez, el puesto de funcionario de su hermano, David Sánchez, y -sobre todo- la presunta trama de corrupción orquestada por el exministro José Luis Ábalos en lo que se conoce como el caso Koldo, han hecho reaparecer los fantasmas de la corrupción que marcaron al PSOE durante los últimos años de la presidencia de Felipe González.

Además, desde la oposición, se acusa sistemáticamente a la Administración Sánchez de ser rehen de sus socios de la extrema izquierda, especialmente de Sumar, que habrían empujado al actual Gobierno ha sacar adelante leyes de un profundo calado social, pero no siempre con un amplio respaldo, como la reforma laboral, la Ley de Memoria Democrática o, más recientemente, la regularización de unos 500.000 inmigrantes irregulares, una medida que incluso ha enfrentado a Madrid con la Comisión Europea. Y a pesar de ello, el Ejecutivo de Sánchez ha sido incapaz de sacar adelante el presupuesto general en los últimos años.

Del embargo a Israel al "no" a la guerra de Trump

Según algunos analistas, muchas de estas medidas responden a la preocupación de la dirección del Partido Socialista en Ferraz, que busca articular un mensaje que ayude a cimentar la imagen de Sánchez como líder, una estrategia que, por el momento, parece haber calado más en el plano internacional que en el nacional.

En los últimos tiempos, Sánchez se ha convertido en uno de los líderes más vocales contra la ofensiva de Israel en Gaza, llegando a ser uno de los primeros líderes mundiales en reconocer el Estado de Palestina y a aprobar un embargo de armas sobre el Gobierno de Benjamin Netanyahu.

Pero, sobre todo, Sánchez ha buscado posicionarse como el azote de Trump frente a su filosofía del "América primero", en contraste con lo que están haciendo numerosos políticos de extrema derecha que buscan ostensiblemente el apoyo del mandatario estadounidense. Cabe señalar que, según datos del CIS, el 76,5% de los españoles tiene, en estos momentos, una opinión "mala o muy mala" del inquilino de la Casa Blanca.

Así las cosas, en momentos en que la Casa Blanca no duda en presionar a Bruselas para que relaje las normas que regulan a las redes sociales en el Viejo Continente, el presidente español ha propuesto restringir el uso de las redes sociales a los más jóvenes.

Además, ante a la insistencia de Washington de que Madrid debe aumentar su aportación a la OTAN hasta el 5% de su PIB, Sánchez ha subrayado que la defensa que más interesa a los españoles es la del Estado de bienestar. El desencuentro ha llegado hasta el extremo de que La Moncloa vetó el uso de las bases de Rota y Morón como parte de la campaña de las Fuerzas Armadas estadounidenses contra Irán. El propio Trump reaccionó calificando a España de "aliado terrible".

Como consecuencia, el mandatario estadounidense ha amenazado con cortar sus relaciones comerciales con España, algo que supone un nuevo contratiempo para la Unión Europea, que a duras penas logró alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos el año pasado.

A pesar de que desde Bruselas se han apresurado a cerrar filas en torno al Gobierno español, haciendo hincapié en que las relaciones comerciales de la UE se manejan en bloque, también es cierto que cuando Trump lanzó su amenaza, el canciller alemán, Friedrich Merz, quien se encontraba con el estadounidense en ese momento, no tuvo reparos en criticar las reticencias de La Moncloa a aumentar el gasto en Defensa.

Un claro ejemplo de cómo la figura de Sánchez, convertido en una suerte de Quijote que busca enfrentarse a los molinos de Trump, se ha alzado en un improbable adalid de unos valores y principios que le han embarcado en una cruzada que con frecuencia descoloca al resto del mundo.

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