Entre 2002 y 2020, la Antártida perdió cada año aproximadamente 149.000 millones de toneladas métricas de hielo, según la NASA.
Los científicos han identificado por fin el "triple golpe" que está detrás del llamativo desplome de la Antártida, lo que arroja nueva luz sobre la reacción en cadena que ha llevado su hielo marino a mínimos históricos.
Un nuevo estudio concluye que una combinación de calor en las profundidades del océano, vientos intensos y un bucle de retroalimentación que se refuerza a sí mismo desestabilizó el océano Austral que rodea la Antártida a partir de 2015. Desde entonces esos factores han impedido que el hielo marino se recupere.
Los investigadores advierten de que estas pérdidas podrían alterar las corrientes oceánicas, acelerar el calentamiento y contribuir a la subida del nivel del mar en todo el mundo.
El estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Southampton y publicado en la revista 'Science Advances', concluye que el desplome se produjo en tres fases a lo largo de la última década.
El autor principal, Aditya Narayanan, afirma que las pérdidas de hielo fueron tan extensas que borraron una superficie de hielo marino casi del tamaño de Groenlandia.
"Lo que comenzó como una lenta acumulación de calor en aguas profundas bajo el hielo marino antártico fue seguido por una violenta mezcla de aguas, que desembocó en un círculo vicioso en el que hace demasiado calor para que el hielo pueda recuperarse", explica.
¿Qué está provocando la pérdida de hielo marino en la Antártida?
En torno a 2013, el fortalecimiento de los vientos empezó a arrastrar hacia la superficie, bajo el hielo marino antártico, agua cálida y salada procedente de las profundidades del océano, conocida como agua profunda circumpolar.
Poco después, los fuertes vientos mezclaron ese calor hacia la superficie y desencadenaron un rápido deshielo del hielo marino en la Antártida Oriental, según revela el estudio.
Desde 2018 la región ha quedado atrapada en un bucle de retroalimentación. Al quedar menos hielo marino que fundir, la superficie del océano se mantiene más cálida y salada. Esto dificulta la formación de nuevo hielo, señalan los científicos.
La investigación también detecta importantes diferencias en la forma en que se están produciendo estas pérdidas en todo el continente.
En la Antártida Oriental el descenso se debe sobre todo al ascenso de aguas cálidas desde las profundidades. En la Antártida Occidental el aire cálido procedente de los subtrópicos y una nubosidad persistente han atrapado el calor cerca de la superficie del océano y han contribuido a episodios de deshielo masivo durante los veranos de 2016 y 2019.
Los investigadores señalan que el cambio climático agrava este efecto al reforzar los vientos que arrastran estas aguas hacia la superficie bajo el hielo.
¿Qué ocurre cuando la Antártida pierde hielo marino?
El hielo marino antártico desempeña un papel mucho más importante en el clima global de lo que su ubicación remota podría hacer pensar.
Su superficie blanca y brillante ayuda a reflejar el calor lejos del planeta y devuelve hasta el 80% de la radiación solar al espacio, según el Programa Antártico Australiano. Cuando desaparece, el océano oscuro que queda al descubierto absorbe más calor y acelera el calentamiento.
Las aguas oceánicas más cálidas también pueden erosionar el hielo tanto en tierra como en el mar, lo que aumenta el riesgo de colapso de las plataformas de hielo. Cuando eso sucede, el nivel del mar sube, y este aumento se relaciona desde hace tiempo con inundaciones costeras y la erosión del litoral.
Los científicos calculan que cada centímetro de subida del nivel del mar expone a alrededor de seis millones de personas a inundaciones costeras.
"Esto no es solo un problema regional", afirma el coautor del estudio Alessandro Silvano.
Estas conclusiones se suman a la creciente preocupación de los científicos ante la posibilidad de que algunas zonas de la Antártida estén acercándose a peligrosos puntos de inflexión climáticos.
"Si la escasa extensión del hielo marino se mantiene hasta 2030 y más allá, el océano puede pasar de actuar como estabilizador del clima mundial a convertirse en un nuevo motor poderoso del calentamiento global", advierte Alberto Naveira Garabato, profesor de oceanografía física en la Universidad de Southampton.
La actividad humana compromete el frágil futuro de la Antártida
Entre 2002 y 2020 la Antártida perdió cada año en torno a 149.000 millones de toneladas métricas de hielo, según la NASA. Y aun cuando el hielo marino se derrite y el continente se vuelve más inestable, cada vez más personas viajan hasta allí para contemplarlo.
Según la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO), unas 122.000 personas visitaron la Antártida en 2024, frente a unas 44.000 en 2017.
Investigadores de la Universidad de Tasmania estiman que el número de visitantes podría superar los 450.000 al año de aquí a 2033.
Pero el auge del llamado turismo de última oportunidad está ejerciendo una presión adicional sobre un ecosistema ya de por sí frágil. A medida que aumentan los visitantes, también lo hacen los riesgos de contaminación, especies invasoras y brotes de enfermedades, advierten científicos y organizaciones ecologistas.