No habrá seguridad climática para el planeta ni para la humanidad sin una Amazonia plenamente protegida
Los incendios forestales en la Amazonia brasileña cayeron a un mínimo histórico en 2025 tras alcanzar su máximo el año anterior, según un nuevo informe.
La deforestación en la mayor selva tropical del mundo también se redujo el año pasado, señala el informe de la red de monitoreo ambiental MapBiomas, lo que reduce drásticamente la cantidad de combustible disponible para que se inicien los incendios.
Con imágenes de satélite, MapBiomas detectó que el año pasado se quemaron 3,1 millones de hectáreas, la superficie más pequeña desde que comenzaron los registros en 1985.
El avance será una buena noticia para el presidente de izquierdas Luiz Inacio Lula da Silva, que se comprometió a acabar con la deforestación cuando fue elegido en 2022.
Proteger la Amazonia es crucial en la lucha contra los peores efectos del cambio climático, ya que su densa vegetación absorbe los gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global.
La sequía de 2024 llevó a las comunidades de la Amazonia a proteger sus tierras
Los incendios forestales en la Amazonia alcanzaron su punto máximo en 2024, cuando una sequía sin precedentes disparó la propagación de los fuegos, la mayoría provocados por la acción humana. Las llamas envolvieron la mayor selva tropical del planeta, causando pérdidas incalculables de árboles que capturan carbono, plantas y fauna rara.
Los nuevos datos muestran que en 2025 se produjo un giro de esa situación crítica. La caída fue "fuera de lo común", declaró a la agencia AFP la geógrafa y coordinadora del informe Ane Alencar.
Mientras los patrones meteorológicos alterados están causando estragos en muchas partes del mundo, en la Amazonia han sido una ventaja en cierto sentido. Una temporada de lluvias tardía entre 2024 y 2025 impidió la aparición de la "ventana ideal para las quemas en determinadas zonas" donde se utiliza el fuego para despejar tierras agrícolas, explicó Alencar.
Las quemas mal gestionadas de este tipo se agravan por prácticas ilícitas como la deforestación, frecuente en zonas donde se lleva a cabo minería ilegal.
El informe destacó el "factor psicológico" entre las comunidades que temían una temporada de incendios como la de 2024 y por ello ayudaron a controlar cualquier foco. Menos incendios, añade, "interrumpen una secuencia de años de expansión del fuego y devuelven al país a un nivel históricamente más bajo de superficie quemada".
Los incendios disminuyeron en todo el país en 2025, con superficies quemadas en su nivel más bajo desde 2018. Sin embargo, la vasta sabana del Cerrado en el centro de Brasil "siguió ardiendo" a ritmos similares, señaló Alencar.
Por qué un super El Niño puede provocar más incendios
Alencar señaló la posible llegada de un "super El Niño" como factor de riesgo de más incendios forestales.
En marzo de este año, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) pronosticó un 62 por ciento de posibilidades de que se forme El Niño este verano. "Si El Niño se forma, la intensidad potencial sigue siendo muy incierta, con una probabilidad de una entre tres de que sea 'fuerte' entre octubre y diciembre de 2026", indica el Centro de Predicción Climática de la NOAA.
Aunque no es un término oficial, este intenso fenómeno meteorológico ha sido bautizado como "super El Niño". En la Amazonia podría traer consigo "una estación seca prolongada y un mayor riesgo de incendios forestales" según la coordinadora del informe, Ane Alencar.
El Niño puede desencadenarse por una serie de ráfagas de viento tropical procedentes del oeste que debilitan o incluso invierten estos vientos alisios. Cuando esto ocurre, las aguas superficiales cálidas se desplazan de nuevo hacia Sudamérica, donde el calentamiento de la superficie impide que aflore el agua fría de las profundidades.
El Niño, que se produce de forma irregular y suele durar alrededor de un año, tiende a elevar las temperaturas globales, lo que a su vez puede dar lugar a fenómenos meteorológicos más extremos como inundaciones.
Esto se debe a que por cada aumento de un grado en la temperatura del aire, la atmósfera puede contener alrededor de un siete por ciento más de humedad, lo que provoca lluvias más intensas y abundantes. El Niño también puede intensificar las olas de calor en los trópicos, por lo que los años de El Niño suelen situarse entre los más cálidos registrados.
El presidente Lula: "Luchemos por la deforestación cero"
Cuando el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, llegó al poder en 2022, tenía por delante una larga lista de tareas ambientales pendientes.
Con su predecesor, Jair Bolsonaro, la deforestación en la Amazonia alcanzó un máximo histórico. Solo en 2019, el primer año del mandato de Bolsonaro, se deforestaron 9.762 kilómetros cuadrados de tierra, un aumento del 30 por ciento respecto al año anterior. "El periodo de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil ha supuesto el mayor retroceso de las protecciones sociales y ambientales en la historia de nuestra nación", declaró entonces Adriana Ramos, del Instituto Socioambiental.
"Luchemos por la deforestación cero", dijo Lula en su discurso de victoria en 2022, comprometiéndose a poner fin a esta práctica para 2030. Desde entonces, esta promesa ha ocupado un lugar central en las políticas de Lula, que en la COP27 afirmó: "No hay seguridad climática para el mundo sin una Amazonia protegida", y añadió que Brasil hará "todo lo que sea necesario para lograr la deforestación y la degradación cero de nuestros biomas".
Sus promesas parecen estar dando frutos, la deforestación en la Amazonia se redujo en un tercio durante los primeros seis meses de su mandato. Para abril de 2023 se había reducido un 68 por ciento en comparación con el año anterior. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que la deforestación se sitúa en su nivel más bajo de la década.
El líder de izquierdas aspira a lograr un cuarto mandato no consecutivo en las elecciones de octubre, en parte gracias a su defensa de las causas ambientales. Pero su decisión de respaldar un gran proyecto de exploración petrolífera en alta mar frente a la costa de la Amazonia ha suscitado duras críticas por parte de activistas.