Los tintes petroquímicos tóxicos de la moda acaban a menudo en los océanos, ¿podrían cultivarse colores a partir de la naturaleza?
La industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta, y el teñido de los tejidos es una de las principales razones. Este proceso consume enormes volúmenes de agua, energía y productos químicos y deja una huella duradera en el medioambiente.
"La industria utiliza más de 70 sustancias químicas altamente tóxicas en el proceso de teñido", explica a 'Euronews Earth' Orr Yarkoni, consejero delegado y cofundador de Colorifix.
Aclara que esta cifra incluye no solo los tintes en sí, sino también los productos auxiliares necesarios para fijar el color al tejido. "Más de 30 de ellos son irrecuperables, lo que significa que, haga lo que haga con el agua después de usarlos, permanecen en ella y acaban llegando al océano". Según Yarkoni, la dependencia del sector de los tintes sintéticos se remonta al siglo XIX, cuando los fabricantes se alejaron de las alternativas naturales.
"El sector pasó a utilizar compuestos baratos y eficaces que, por desgracia, resultan bastante tóxicos para la vida en general, también para los seres humanos", señala. Alejarse de estos productos químicos está resultando muy lento, en gran medida por la falta de alternativas viables que puedan aplicarse a gran escala.
Fermentar el color como la cerveza
El enfoque de Colorifix se inspira directamente en la forma en que la naturaleza produce los pigmentos, sin extraerlos de plantas o animales. "Tomamos prestada la información sobre cómo se genera el pigmento o el tinte en la naturaleza", explica Yarkoni a 'Euronews Earth'.
La empresa introduce ese código genético en bacterias, que luego se cultivan en tanques de fermentación. "Es muy parecido a cómo se elabora la cerveza, pero en lugar de alcohol, fermentamos el color", explica.
Una vez obtenido, el tinte biológico, junto con la biomasa que ayuda a fijarlo al tejido, sustituye a los productos químicos sintéticos que se emplean habitualmente en el proceso de teñido.
Yarkoni asegura que esto se traduce en importantes ahorros ambientales y cita cifras específicas para los tejidos de policotón: "Estamos logrando ahorros de hasta el 77 % de agua, del 51 % en energía y del 31 % en emisiones al hacerlo de forma biológica".
Subraya que el origen natural no garantiza por sí solo que un producto sea seguro. "Natural no significa no tóxico", afirma, y señala que Colorifix analiza cada tinte que produce para evaluar su citotoxicidad, la irritación cutánea y el potencial alergénico, más allá de las pruebas estándar exigidas a los tintes sintéticos.
"No queremos repetir los errores del pasado introduciendo algo que parece una buena solución y que acaba provocando problemas graves a largo plazo". Producir tintes que estén a la altura de las exigencias de la industria textil también ha sido un reto. Los colores deben resistir la decoloración por la luz solar, soportar lavados repetidos y no transferirse a la piel.
"Hemos desarrollado cientos de colores", afirma Yarkoni, que añade que Colorifix ofrece ya una gama completa para fibras sintéticas como el poliéster, y una paleta más limitada pero en expansión para el algodón y otros tejidos celulósicos.
Del laboratorio a la industria
Colorifix ha pasado de la fase de investigación al uso comercial, y grandes marcas de moda han adoptado la tecnología, según Yarkoni. La empresa también ha empezado a enviar sus tintes en forma de concentrados listos para usar, de modo que los fabricantes ya no necesitan instalar equipos de fermentación en sus propias plantas.
"Estamos lanzando ahora estos productos en forma de concentrados… eso significa que podemos enviar el producto listo para usar en la máquina de teñido sin tener que realizar ningún procesamiento adicional en las instalaciones", explica.
Yarkoni atribuye el aumento de visibilidad entre fabricantes y marcas al hecho de que Colorifix fuera finalista del Earthshot Prize. "Nos ha ayudado a poner realmente el foco en nuestra solución al problema y a que las marcas y los fabricantes tomen más conciencia", asegura. "Tras esa exposición, hemos recibido consultas de todo el mundo".
De cara al futuro, Yarkoni sostiene que los petroquímicos deberían reservarse para usos en los que no existan alternativas naturales, en lugar de aplicarse de forma generalizada en industrias como la moda: "El color es una de las peores cosas que se pueden fabricar a partir de petroquímicos, porque la naturaleza crea todos los colores del mundo y, aun así, los ríos siguen corriendo limpios".