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El cambio climático transforma la tundra de Alaska: las plantas crecen y aceleran el calentamiento

ARCHIVO - Onion Portage, ruta migratoria clave para la manada de caribú del Ártico occidental en el río Kobuk cerca de Ambler, Alaska, el 30 de septiembre de 2025.
ARCHIVO - El 30 de septiembre de 2025 se ve Onion Portage, ruta migratoria clave de la manada occidental de caribú ártico junto al río Kobuk, cerca de Ambler, Alaska. Derechos de autor  AP Photo/Annika Hammerschlag, File
Derechos de autor AP Photo/Annika Hammerschlag, File
Por Angela Symons con AP
Publicado última actualización
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En el Ártico crece una exuberante jungla que apenas llega a la rodilla, pero el calentamiento está transformando el pequeño invernadero de la Tierra.

Sin árboles altos que se alcen hacia el cielo, la tundra del North Slope de Alaska puede parecer desolada.

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Pero de cerca, "la tundra es en cierto modo como una selva", dice Adam Bloom, estudiante de biología vegetal de la Universidad Atlántica de Florida. Solo que esta exuberante jungla ártica no pasa de 25 centímetros de altura.

El suelo esponjoso estaba completamente congelado hace unas semanas. Ahora, abedules enanos que apenas llegan a la rodilla y rododendros bajos pero vistosos brotan en North Slope, una vasta y escasamente poblada zona sin árboles que se extiende desde la cordillera Brooks hasta el océano Ártico.

Durante siglos, el frío ártico ha mantenido la vegetación en tamaño reducido, una especie de casita de muñecas con miniaturas de la Tierra. Este entorno extremo lleva mucho tiempo ofreciendo a los investigadores una perspectiva única sobre qué hace que las plantas crezcan, una información difícil de obtener en otros lugares.

Ahora les proporciona una de las ventanas más útiles del mundo para entender cómo el cambio climático afecta a la vida vegetal, con el Ártico calentándose cuatro veces más rápido que el resto del planeta, especialmente en invierno.

Por ejemplo, investigadores de la estación de campo de Toolik, situada a 320 kilómetros al norte del círculo polar ártico, estudian si las plantas que afrontan estas duras condiciones evolucionan para competir entre sí o para cooperar.

Los estudios muestran que cuanto más frío hace y más al norte se está en el Ártico, más pequeña es la vegetación. Hay varios motivos, pero el principal es que la vida en invierno es muy dura.

Cualquier cosa que sobresale por encima de la escasa capa de nieve aislante tiene más probabilidades de dañarse por el frío y el viento o de ser comida por la fauna, explica la ecóloga vegetal Anne Bjorkman, de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia. Además, añade, el permafrost helado no permite que las raíces crezcan demasiado profundas.

Alaska se vuelve más verde a medida que se calienta el clima

Pero el frío pierde fuerza y las miniaturas se estiran. Esta parte de Alaska es ahora unos 2,7ºC más cálida que hace 40 años, en gran medida por la quema de carbón, petróleo y gas. "Las plantas que ya están allí se hacen más altas", explica Bjorkman, que añade que probablemente seguirán creciendo en el futuro.

Y cada vez están más verdes. Algunos de los estudios de largo plazo que se realizan aquí "intentan comprender qué determina cuánto crecen las plantas, qué determina lo verde que es" y cómo está cambiando todo eso, señala el ecólogo de la Universidad de Columbia Duncan Menge. Al mismo tiempo, están llegando plantas más altas que antes no podían sobrevivir al frío, añade Bjorkman.

Este proceso, conocido como arbustificación, puede acelerar el calentamiento por la forma en que las plantas atrapan el calor, explica la ecóloga de plantas de la Universidad de Colorado Sarah Elmendorf. Las copas de los arbustos más altos y oscuros sobresalen de la nieve y absorben más energía del sol que la manta de nieve blanca, que refleja el calor. "Sin duda es una señal clara de cambio que podemos ver", afirma.

ARCHIVO - La nieve cubre las montañas de la cordillera Brooks en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, el 14 de octubre de 2024, cerca de Kaktovik, Alaska.ARCHIVO - La nieve cubre las montañas de la cordillera Brooks en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, el 14 de octubre de 2024, cerca de Kaktovik, Alaska.

La tundra más oscura, que absorbe más radiación, es "una de las principales razones de lo que llamamos amplificación ártica, que hace que el cambio climático se acelere", especialmente en el Ártico, señala Menge.

Los arbustos también atrapan más nieve. Esa nieve calienta el suelo y permite que los microbios liberen en invierno más metano, un gas que atrapa el calor, explica Elmendorf. La vegetación adicional de las plantas y arbustos más altos podría compensar en parte ese efecto al absorber más dióxido de carbono, añade.

Las masas de sauces en expansión parecen proporcionar más sombra a los arroyos y están cambiando la ecología de peces, insectos y aves, según Chris Neill y Linda Deegan, del Centro de Investigación Climática Woodwell. Ambos llevan a cabo un estudio plurianual para saber si un ecosistema se adapta e incluso evoluciona genéticamente para soportar el estrés del cambio climático. Si eso está ocurriendo, ofrece cierta esperanza para la supervivencia de algunos de los ecosistemas árticos más frágiles, señala Deegan.

Usar una lupa para apreciar las plantas diminutas

"Pequeños cambios en una pequeña jungla marcan una gran diferencia", afirma Jake Francis, profesor de la Universidad Atlántica de Florida, mientras examina la diminuta flora a sus pies en su primera incursión en el Ártico.

Los grandes árboles en la Florida donde vive Francis son llamativos y asombran a la gente porque se ven con tanta facilidad, comenta. Pero aquí, en las almohadillas esponjosas del lago Toolik, matas de plantas que sobresalen y hacen que caminar sea una aventura para los tobillos, Francis señala: "tenemos tres o cuatro especies diferentes de plantas con flor creciendo. Tenemos musgos. Tenemos hepáticas y es lo mismo, capas que crecen sobre plantas, sobre plantas, sobre plantas. Pero no nos gritan para que las miremos".

"Hay que agacharse, detenerse y mirar", dice Francis. "Podrías pasar justo al lado y ni siquiera verla. Y eso es lo que a mí me parece fascinante".

Qué ayuda a la supervivencia de las plantas, la competencia o la cooperación

Estas plantas compiten por el sol, los nutrientes, el agua y, sobre todo, la polinización en este entorno duro de luz limitada pero intensa. Francis y sus estudiantes analizan si las relaciones son más cooperativas de lo que se ha asumido durante mucho tiempo, frente a una competencia a vida o muerte. El equipo de Francis se centra en una planta parasitaria concreta, la pedicularia ártica, que creen que tiene mala fama. La pedicularia ártica se conecta a las raíces de las plantas cercanas para extraer nutrientes.

Es cierto que actúa como un vampiro, desviando recursos de sus vecinas. Pero el doctorando Jonathan Carcache teoriza que la pedicularia ayuda a sus vecinas tanto como les roba. Cree que su llamativa espiga de flores moradas atrae la atención de los poco numerosos abejorros que hay aquí "como una valla publicitaria que anuncia polinización", explica. Y, una vez llega ese codiciado abejorro, todas las plantas reciben polen.

Para comprobar su teoría, Carcache y Bloom hacen de abejorros. Es una tarea minuciosa y complicada que se reparten entre los dos. Bloom utiliza pinzas para retirar las partes masculinas de una planta, y de vuelta en el laboratorio usa un dispositivo mecánico para sacudir el polen. Cada noche le lleva varias horas producir menos de una cucharadita de microscópicos granos de polen.

Después, Carcache remata el trabajo, tumbado boca abajo en el suelo e intentando no aplastar ninguna de las plantas que han venido a estudiar. Con una red sobre la cabeza y guantes de nitrilo para protegerse de los mosquitos que le rodean, usa un pincel para depositar granos de polen justo en las partes femeninas adecuadas de las flores de brezo vecinas.

Al hacer el trabajo de los abejorros, Carcache y Bloom esperan averiguar si las plantas que rodean a la parasitaria se polinizan más que las que están más alejadas. Si es así, se estaría produciendo un intercambio justo, en vez de que una sola planta se aproveche de las demás.

En medio de las tensiones del Ártico, los científicos están replanteándose la idea de que toda la vida sea una competencia despiadada con ganadores y perdedores. Podría tratarse más bien de mutualismo, con especies vegetales que cooperan para que todas sobrevivan, como la pedicularia y sus vecinas, apunta Francis. "Sería maravilloso que los seres humanos fueran igual", concluye Francis.

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