Las comunidades tradicionales de Pakistán recurren a la práctica indígena de injertar glaciares ante la creciente escasez de agua.
Las cumbres más altas del planeta se encuentran en las cordilleras del Himalaya y del Karakórum, parte de un inmenso arco montañoso que atraviesa Asia. Bajo su majestuosidad, sin embargo, se esconden algunos de los ecosistemas más frágiles del mundo.
A medida que las temperaturas siguen aumentando, los glaciares se derriten con mayor rapidez, lo que incrementa el riesgo de crecidas repentinas de lagos glaciares y altera el flujo natural del agua de deshielo. Conforme los glaciares se reducen, liberan menos agua en primavera y verano, precisamente cuando las comunidades más la necesitan.
En Gilgit-Baltistán, territorio autónomo administrado por Pakistán dentro de la disputada región de Cachemira, las comunidades recurren a la práctica indígena del injerto de glaciares, conocida localmente como Gang Khswa, para combatir la escasez de agua y adaptarse frente al cambio climático.
¿Qué es el injerto de glaciares?
El injerto de glaciares es un método tradicional mediante el cual las comunidades locales crean nuevos glaciares artificiales en zonas de gran altitud para garantizar una fuente fiable de agua para el riego, el ganado y la vida cotidiana.
La técnica se conoce a menudo como matrimonio de glaciares, se recoge hielo de los llamados glaciares masculinos y femeninos y se transporta hasta un nuevo lugar de injerto, elegido por la comunidad, para crear un nuevo glaciar.
El glaciar masculino suele ser de color gris y contiene sedimentos como tierra, arena y piedras. El glaciar femenino, en cambio, es más claro, casi transparente, está libre de impurezas y produce más agua.
Decenas de porteadores recogen fragmentos de hielo de ambos glaciares, masculino y femenino. Luego trasladan el hielo al nuevo lugar de injerto en cestas de madera a la espalda, viajando en coche hasta donde el terreno lo permite y continuando después a pie.
El lugar ideal para injertar un nuevo glaciar debe situarse a una altitud de al menos 4.000 metros, tener un elevado nivel de permafrost, estar muy expuesto al viento y recibir la mínima exposición posible al sol, y preferiblemente estar orientado al norte, explica a Euronews el doctor Zakir Hussain Zakir, director de Planificación y Desarrollo de la Universidad de Baltistán.
Una vez en el lugar, los vecinos han excavado previamente un pozo o han localizado una cueva existente para depositar el hielo. Los bloques masculinos y femeninos se colocan en el interior, separados por vasijas de barro llenas de agua del río Indo.
Después se cubre el hielo con capas de serrín, carbón vegetal y huesos de albaricoque. El proceso se repite varias veces, creando múltiples estratos que protegen y aíslan el hielo.
"Es una actividad de fondo", prosigue el doctor Zakir, que explica que el proceso puede durar hasta 48 horas desde la recogida del hielo hasta su "siembra".
"Desde la recogida de los trozos de hielo en el origen hasta su llegada al destino, el hielo tiene que mantenerse en movimiento de forma continua", añade, señalando que en ningún momento del trayecto puede tocar el suelo.
Aunque el lugar se inspecciona y se preparan los trabajos durante el verano, el injerto propiamente dicho se realiza en octubre. Para entonces, las temperaturas a más de 4.000 metros de altitud ya han descendido por debajo de cero, pero todavía no ha empezado a nevar.
Cuando el nuevo glaciar ha pasado por varios ciclos de nieve, comienza a expandirse lentamente. Al cabo de unos diez años, empieza a arraigar y a producir agua. Tras aproximadamente otra década, se convierte en una fuente de agua fiable.
El doctor Zakir señala otras dos técnicas derivadas del injerto de glaciares, la construcción de torres de hielo y la captación de avalanchas.
Las torres de hielo, también llamadas estupas de hielo por su forma cónica, que recuerda a un santuario budista, actúan como depósitos de hielo diseñados para derretirse más lentamente, ya que su superficie no está totalmente expuesta al sol. Desarrollada en Ladakh, la técnica consiste en conducir el agua de deshielo de los glaciares por tuberías subterráneas y pulverizarla en el aire helado.
La captación de avalanchas, una innovación reciente, implica instalar una malla en un desfiladero estrecho para captar y almacenar la nieve y el hielo de las avalanchas.
Una práctica ecológica arraigada en la tradición
Aunque el injerto de glaciares solo se retomó en la década de 1990, se trata de una práctica ecológica que se remonta varios siglos atrás y está profundamente arraigada en la tradición, el conocimiento y el linaje locales.
"La historia del injerto de glaciares es en gran medida oral, no escrita, aunque algunos libros contienen referencias a este oficio", explica a Euronews Nazir Ahmed, director ejecutivo de la Fundación de Cultura y Desarrollo de Baltistán.
Se cree que la historia del injerto de glaciares se remonta al siglo XIV. Según los relatos históricos, el santo sufí persa Mir Syed Ali Hamadani habría injertado el primer glaciar como táctica defensiva para ayudar a disuadir a los invasores.
Este oficio singular está estrechamente ligado a las tradiciones locales, que incluyen recitar versos del Corán, cantar una nana popular al glaciar "bebé" y realizar rituales espirituales.
"Hay tres mitos", explica Ahmed. "Uno es que hay que transportar el hielo por la noche […]. Se dice que si se lleva el hielo durante el día, Dios no estará contento, porque se introduce un nuevo objeto en el territorio".
"En segundo lugar, mientras se transporta el hielo no se puede hablar entre sí, de lo contrario se quedarán mudos".
"Y en tercer lugar, cuando el hielo se entierra en lo alto, no se puede ver durante al menos dos años, de lo contrario alguien de la familia morirá", concluye Ahmed.
Aunque estas creencias están vinculadas a la mitología, el director ejecutivo de la fundación de cultura y patrimonio señala que también cumplen una función práctica.
Trasladar el hielo de noche reduce la posibilidad de contratiempos y minimiza el deshielo, ya que las temperaturas son más bajas, mientras que viajar en silencio ayuda a los porteadores a mantener un ritmo constante. Una vez enterrado, el hielo recién plantado debe permanecer sin ser molestado durante varios años, lo que le permite arraigar correctamente y lo protege de que otros lo retiren o lo alteren.
La Baltistan Culture & Development Foundation (BCDF) es una organización local creada por los habitantes de Baltistán, dedicada a preservar y restaurar el patrimonio, promover la cultura y las tradiciones locales y proteger el medio ambiente de la región.
En 2025, la BCDF recibió financiación de la Foreign, Commonwealth & Development Office (FCDO), el Ministerio de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo del Reino Unido, lo que permitió a la fundación ampliar sus proyectos.
"Gracias a este proyecto injertamos diez glaciares en distintas aldeas de Baltistán, construimos seis torres de hielo en diferentes pueblos y creamos un jardín botánico en la Universidad de Baltistán", explica Ahmed.
Antes de recibir esta financiación, la fundación solo podía acometer proyectos de menor escala, transportando hasta 200 kilogramos de hielo. Ahora es capaz de trasladar más de 1.000 kilogramos de hielo de una vez.
La fundación aún no ha obtenido financiación ni del Gobierno provincial ni del federal, aunque se están realizando gestiones para que el injerto de glaciares sea reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial.
"Cómo puede estar sin vida quien da la vida"
Desde el inicio hasta el final del proceso, la comunidad desempeña un papel fundamental. No se puede "sembrar" ningún glaciar sin el consentimiento previo de los vecinos y, una vez completado el injerto, son ellos quienes asumen la responsabilidad de cuidar del glaciar "bebé". Vigilan su evolución, informan de su desarrollo y añaden nieve cuando es necesario para ayudarle a crecer.
"Tenemos que contribuir a la naturaleza, al clima, al medio ambiente", afirma el doctor Zakir. "Consumimos agua de deshielo durante toda nuestra vida y, si no aportamos algo, sería injusto".
Explica que esta responsabilidad hunde sus raíces en la antigua civilización de la región y en su fundamento espiritual.
"En el bonismo consideramos que todas las formas de agua son seres sintientes", señala. "El agua da la vida, así que ¿cómo puede estar sin vida aquello que la otorga?"
Los jóvenes son esenciales para mantener viva la tradición del injerto de glaciares
Con la comunidad en el centro de la práctica, la participación de la juventud es crucial para mantener viva la tradición, especialmente ahora que la región se enfrenta a los crecientes impactos del cambio climático.
Sin embargo, Nazir Ahmed señala un reto creciente, muchos jóvenes abandonan sus comunidades para trasladarse a las ciudades.
"Si hablamos del distrito de Skardu, en torno al 90 por ciento de la población está escolarizada. Y, tras graduarse, suelen ir a ciudades como Karachi, Lahore o Islamabad para continuar sus estudios", explica el director de la BCDF, que añade que el injerto de glaciares también requiere mucho tiempo y esfuerzo físico.
"No veo en esto una pérdida de interés por el medio ambiente", señala a Euronews Zeeshan Abbas, responsable del proyecto juvenil Siachen Sherpa. Asegura que, junto al cambio climático, a los jóvenes les preocupan cada vez más cuestiones como la educación, el empleo, la seguridad económica y la migración.
"Muchos jóvenes comprenden que los glaciares están cambiando y que el cambio climático afecta a la región, pero pocos cuentan con recursos, oportunidades o apoyo institucional para participar en proyectos sobre el terreno".
Abbas también considera que la forma en que se presenta la acción climática debe cambiar.
"Si les decimos a los jóvenes que el cambio climático es una crisis, pueden sentirse sobrepasados", afirma. En su opinión, hay que dar poder a las nuevas generaciones para que se vean capaces de desarrollar soluciones.
Según este joven de 20 años, su generación ocupa una posición poderosa y única en la sociedad.
"Heredamos el conocimiento indígena de nuestras comunidades, pero también tenemos acceso a la ciencia moderna, a las herramientas digitales, a la tecnología y a redes globales", afirma Abbas, que subraya cómo Siachen Sherpa pretende tender puentes entre esas dos formas de saber.
"Las comunidades locales comprenden el territorio gracias a generaciones de experiencia, saben por dónde fluye el agua, cómo se comporta el relieve, dónde se producen las heladas y cómo cambian las condiciones estacionales. La tecnología nos ayuda a complementar ese conocimiento mediante información satelital, datos de GPS, del terreno y de la altitud, y observaciones sobre el terreno", añade.
"Los jóvenes no deben ser tratados solo como víctimas del cambio climático, hay que darles la oportunidad de convertirse en investigadores, innovadores, profesionales de campo y personas que toman decisiones", concluye Abbas.
Los países que menos contribuyen a las emisiones globales suelen sufrir más
Según el Foro Económico Mundial, los glaciares del llamado Tercer Polo en Pakistán riegan el 90 por ciento de las tierras agrícolas y sostienen a más de 220 millones de personas.
El Tercer Polo, es decir, el sistema montañoso del Hindu Kush, el Karakórum y el Himalaya, alberga el mayor volumen de agua dulce congelada del planeta fuera de las regiones polares ártica y antártica.
Los expertos advierten de que el calentamiento global provocado por el ser humano ejerce una presión sin precedentes sobre estas zonas, donde las inundaciones, los deslizamientos de tierra, las avalanchas y las sequías son cada vez más frecuentes e intensos.
"En el norte de Pakistán, el deshielo de los glaciares del Hindu Kush, el Karakórum y el Himalaya debido al aumento de las temperaturas ha creado 3.044 lagos glaciares en el territorio federal de Gilgit-Baltistán y en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa", señaló en un comunicado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la principal agencia de la ONU dedicada a acabar con la injusticia de la pobreza, la desigualdad y el cambio climático.
"Se estima que 33 de esos lagos glaciares son peligrosos y pueden provocar inundaciones repentinas por la rotura de lagos glaciares", añadía el comunicado, que advertía de que este tipo de crecidas puede liberar millones de metros cúbicos de agua y sedimentos en cuestión de horas.
La semana pasada, el colapso de un glaciar lanzó grandes cantidades de roca, hielo y agua de deshielo a los valles situados más abajo, desencadenando una inundación similar a un tsunami en Nepal y el Tíbet.
Las causas de los colapsos glaciares son diversas. Por un lado pueden formar parte de procesos naturales y cíclicos; pero, cada vez más, están impulsados por el cambio climático de origen humano.
Pese a aportar menos del 1 por ciento de las emisiones globales anuales, Pakistán es uno de los países más vulnerables al cambio climático. Al mismo tiempo, un estudio publicado en 2025 reveló que el 10 por ciento más rico del planeta es responsable de dos tercios del calentamiento global desde 1990.