Los Gobiernos de Bélgica e Italia intentan presentar planes para la recuperación de la energía nuclear, mientras que en España se sigue pidiendo con insistencia que se revierta el abandono de la energía nuclear.
La mayoría de los países europeos dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer sus necesidades de electricidad, lo que deja al continente vulnerable a las conmociones geopolíticas y a sus consumidores y empresas expuestos a precios hasta tres o cuatro veces superiores a los de Estados Unidos o China.
En los últimos años, la energía nuclear ha resurgido como alternativa para garantizar la independencia energética europea, sobre todo después de que recibiera el estatus de actividad económica transitoria y sostenible, en virtud del reglamento de taxonomía de la UE, cuyo objetivo es contribuir a mitigar el cambio climático definiendo qué actividades económicas son sostenibles desde el punto de vista medioambiental.
La medida, sin embargo, también provocó airadas acusaciones de "lavado verde" por el temor a que la energía nuclear produzca residuos radiactivos que requieran almacenamiento a largo plazo. La relación de la UE con el átomo sigue siendo, pues, complicada y controvertida.
A pesar de un ligero crecimiento a corto plazo de la producción de energía nuclear en toda la UE (un 4,8%, entre 2023 y 2024), impulsado principalmente por Francia (12,5%), la mayoría de los países la están reduciendo, cuando no eliminando por completo, como Alemania y, en un futuro próximo, España. En general, no obstante, la tendencia a largo plazo desde el cambio de milenio es de una ligera pero constante disminución.
¿Está cambiando el viento?
En su próximo presupuesto para el período 2028-2034, la Comisión Europea propone por primera vez que la energía nuclear pueda optar a financiación comunitaria. Es poco probable que se apruebe la propuesta; sin embargo, países como Bélgica o Italia estudian mantener la nuclear o recuperarla.
Italia, en concreto, a pesar de haber celebrado ya no uno, sino dos referendos sobre la energía nuclear (en 1987 y 2011), ha presentado un proyecto de ley para allanar el camino a su regreso. Ambos países figuran entre los 11 Estados miembros de la UE que firmaron en 2024 una declaración conjunta para "desatar plenamente" su potencial nuclear.
En Bélgica, donde el Gobierno intenta retrasar el cierre de sus reactores, la propuesta se ha topado con la dura oposición de Engie, el principal productor de energía del país, que prefiere invertir en energía eólica, solar, baterías y centrales de gas.
También los Países Bajos, a pesar de la caída de la electricidad generada a partir de la energía nuclear (-10%), pretenden crear dos nuevas centrales y prolongar la vida del reactor de Borssele.
Por otro lado, el abandono progresivo previsto en España también está envuelto en la polémica. Organizaciones pronucleares de la sociedad civil han llevado el asunto a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, advirtiendo de que los cierres previstos "tensarán aún más las redes de suministro".
Los planes de Bélgica y los Países Bajos fueron criticados por Ausgestrahlt, una organización antinuclear, con sede en Alemania, que declaró a 'Euronews' que son poco realistas y excesivamente caros.
Lento reconocimiento de las ventajas y desventajas de la energía nuclear
El experto y defensor de la energía nuclear Zion Lights expresó una opinión similar, afirmando que un posible aumento de la producción de la energía nuclear, al menos durante la próxima década, "procederá de ampliaciones de vida útil, reinicios y cambios de política, más que de una oleada de nuevas construcciones".
"A largo plazo, la expansión significativa de la energía nuclear dependerá menos de la opinión pública y más de si Europa puede volver a aprender a construir y financiar grandes proyectos de infraestructuras", declaró 'Euronews'.
Lights cree que la producción nuclear aumentará en todo el continente, "pero no en línea recta. Lo que estamos viendo en Europa no es una repentina conversión a favor de la energía nuclear, sino un lento reconocimiento de las ventajas y desventajas". "Los países que antes trataban la energía nuclear como un problema político están empezando a redescubrirla como un sistema energético que ya existe, que ya funciona y que ya suministra grandes cantidades de energía con bajas emisiones de carbono".
El panorama actual tiene a Europa dividida en dos grupos. Uno es la Alianza Nuclear, liderada por Francia y respaldada por aspirantes a productores como Polonia, Croacia y Estonia, así como por la mayoría de los actuales productores nucleares.
En el frente opuesto, un grupo dedicado exclusivamente a las renovables, liderado por Alemania y con el apoyo de Portugal y Austria, ambos con una política nacional antinuclear de larga data.
Para reducir los enormes costes iniciales y los largos plazos de construcción de las centrales nucleares tradicionales, países como Estonia, Rumanía, Suecia y Polonia exploran alternativas como los pequeños reactores modulares (SMR), cuyas ventajas también ha expuesto la propia UE.
Su potencia es de entre un tercio y un quinto de la de los reactores tradicionales. Sin embargo, pueden fabricarse en fábricas y desplegarse después in situ, incluso en zonas remotas. Al mismo tiempo, los requisitos de gestión de residuos serían similares a los de un reactor convencional.
Aumente o no la producción nuclear, el problema del abastecimiento energético sigue siendo crítico para Europa. Aunque las energías renovables han avanzado espectacularmente en las dos últimas décadas, la eólica, la solar y la hidráulica combinadas siguen representando menos de la mitad del consumo eléctrico de la UE.