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El polen llega para quedarse: así puede protegerse

Varias personas descansan bajo los cerezos en flor en St James's Park, en Londres.
Varias personas descansan bajo los cerezos en flor en el parque de St James, en Londres. Derechos de autor  Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Derechos de autor  Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Por Marta Iraola Iribarren
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Con una temporada de polen que empieza antes y se alarga en toda Europa, las personas alérgicas afrontan un desafío creciente cada año, aunque algunos pequeños hábitos pueden marcar la diferencia.

El buen tiempo empieza a afianzarse y, con los días más largos y temperaturas más altas, la primavera trae un regalo menos deseado: las alergias. Cada año, millones de personas cambian los estornudos de los catarros invernales por los provocados por el polen.

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Con la llegada de la primavera, los árboles inician su liberación anual de polen, primero el avellano y el aliso, después el abedul, el fresno y el roble a lo largo de la estación, hasta que en verano toman el relevo las gramíneas.

La alergia al polen se desencadena cuando estas moléculas presentes en el aire entran en contacto con las vías respiratorias y los ojos. El sistema inmunitario puede reaccionar y liberar histamina, lo que provoca inflamación, dilata los vasos sanguíneos y desemboca en mucosidad nasal, lagrimeo y escozor ocular.

El inicio, la duración y la intensidad de la temporada de polen varían cada año y dependen de las condiciones meteorológicas y de los ciclos fisiológicos de las plantas.

"Los árboles siguen ciclos naturales de producción de polen, con años fuertes que van seguidos de un año más flojo, en el que recuperan energía", explicó a 'Euronews Health' Astha Tiwari, científica de la unidad de micología y aerobiología del instituto de salud pública belga Sciensano.

Añadió que producir polen exige mucha energía a los árboles, por lo que los años de mayor intensidad siempre van seguidos de otros más débiles.

¿Se están volviendo más intensas las temporadas de polen?

Se estima que la prevalencia de la alergia al polen en la población europea alcanza el 40%, lo que la convierte en uno de los alérgenos más frecuentes de la región.

Su prevalencia es mayor en las zonas urbanas debido a factores como la contaminación y los cambios en los estilos de vida. "Si observamos los datos de la última década, vemos que las temporadas de polen se alargan, empiezan un poco antes y la intensidad del polen aumenta", señaló Tiwari.

Añadió que esto está potencialmente relacionado con el cambio climático, ya que las temperaturas más suaves favorecen que árboles y plantas florezcan antes y adelanten su periodo de polinización.

Un estudio que siguió los datos de polen de estaciones de vigilancia de Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo durante entre 30 y 44 años constató que la mayoría de especies arbóreas registraron un aumento global de los niveles anuales de polen y de los valores máximos, junto con un adelanto del inicio de la temporada de polen.

El aumento de las temperaturas y de las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera estimula el crecimiento de las plantas y eleva la producción de polen, lo que alarga las temporadas y aumenta su concentración en el aire.

Cuanto más tiempo están expuestas las personas a un alérgeno, más se sensibilizan, de modo que, si hay más plantas produciendo más polen durante periodos más prolongados, las alergias relacionadas con el polen irán en aumento.

Investigadores de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra, calculan que el número de personas que sufran fiebre del heno por el polen de la ambrosía podría pasar de 33 a 77 millones de aquí a 2050.

¿Qué se puede hacer para protegerse de las alergias?

La contaminación y el polen forman un círculo vicioso, se retroalimentan y aumentan la sensibilidad de la población.

Se ha comprobado que la contaminación atmosférica, en particular el dióxido de nitrógeno, el ozono y las partículas en suspensión, altera químicamente las moléculas de polen y las vuelve más alergénicas y agresivas.

No todas las personas tienen la misma sensibilidad al polen, apuntó Tiwari. Incluso concentraciones bajas en el aire pueden desencadenar síntomas alérgicos en quienes son muy sensibles.

Según el Observatorio Europeo del Clima y la Salud, las reacciones alérgicas al polen pueden afectar al sueño, deteriorar el bienestar mental y reducir la calidad de vida, provocar pérdida de productividad o un peor rendimiento escolar en el caso de los niños.

Aun así, hay medidas que pueden ayudar a reducir la exposición en los días de máxima concentración de polen.

Una medida sencilla es mantener las ventanas de casa cerradas durante el día. Para ventilar, es preferible abrirlas a primera hora de la mañana o por la noche, cuando la concentración de polen en el aire es menor.

Ducharse al llegar a casa y cambiarse de ropa también reduce la cantidad de polen que entra en el hogar y, siempre que sea posible, es mejor tender la ropa dentro de casa.

Al salir al exterior, unas gafas de sol ayudan a evitar que las partículas entren en los ojos. Como los alérgenos se adhieren a la superficie de las lentillas reutilizables, las lentes desechables o las gafas son opciones preferibles.

Tiwari añadió que las zonas costeras pueden ser beneficiosas para las personas alérgicas, ya que la brisa marina y la menor presencia de vegetación reducen la cantidad de polen en el aire.

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