Este informe, obtenido por dos senadores de la Comisión de Finanzas y recogido por 'Le Monde', llega en mal momento, dado que el Gobierno acaba de aprobar un presupuesto para 2026 bajo la bandera de la austeridad y sin tocar las rentas altas.
13.335 hogares con al menos 1,3 millones de euros en activos inmobiliarios no pagaron el impuesto sobre la renta en 2024. Esta cifra puede resultar chocante para algunos, justo cuando Francia está saliendo de una maratón de 3 meses dedicada al proyecto de ley de finanzas de 2026.
La cifra ocupa un lugar destacado en un informe del Ministerio de Economía y Hacienda enviado a dos senadores, Claude Raynal (PS) yJean-François Husson (LR), los dos líderes de la Comisión de Finanzas del Senado.
Esta cifra parece confirmar las declaraciones de Eric Lombard, antiguo Ministro de Economía y Hacienda de François Bayrou, que a principios de 2025 hablaba de esta injusticia fiscal, dirían algunos, o rareza fiscal según otros, en el diario 'Libération'.
Según él, "miles" de franceses ricos no pagaban ningún impuesto sobre la renta, alegando que tenían "una renta fiscal de referencia de cero". Esta afirmación le valió críticas incluso dentro de su propio ministerio.
Pero según Claude Raynal, citado por el diario 'Le Monde',"Eric Lombard tenía razón: entre los hogares más ricos, hay muchos miles que no pagan ningún impuesto sobre la renta. Y aun así, sólo se trata de hogares con un patrimonio inmobiliario que les sitúa en el 0,5% superior.
Si incluyéramos el resto del patrimonio, incluidas las acciones, el fenómeno sería aún más acusado". Continúa diciendo que "esta lista incluye incluso un hogar que no paga nada a pesar de tener propiedades por valor de 142 millones de euros"
Pero, ¿de qué estamos hablando?
En Francia es posible ser muy rico sin pagar el impuesto sobre la renta. Los datos de Bercy muestran que varios mecanismos legales pueden conducir a esta situación. El primer caso es el de los hogares con "mucha riqueza pero pocos ingresos".
Se trata de propietarios de inmuebles de alto valor, cuyo patrimonio ha aumentado mucho con la subida de los precios inmobiliarios, pero que no tienen ingresos elevados. Su riqueza es real sobre el papel, pero mientras no se transforme en renta (venta, alquileres importantes, dividendos, etc.), no se incluye plenamente en la base imponible del impuesto sobre la renta.
El segundo caso es contribuyentes que poseen un patrimonio importante en Francia, pero residen fiscalmente en el extranjero. En este caso, tributan principalmente en su país de residencia. En virtud de los convenios fiscales internacionales, una parte de sus ingresos está exenta del impuesto sobre la renta francés.
En el último de ellos, la existencia de una gran cantidad de rentas exentas. Determinadas plusvalías, como las realizadas sobre la vivienda habitual o las capitalizadas en un plan de ahorro en acciones (PEA), no se incluyen en la renta fiscal de referencia hasta que se retiran en determinadas condiciones.
Además, existen multitud de deducciones y bonificaciones fiscales (por inversiones en alquiler, donaciones, trabajo a domicilio, etc.), que pueden reducir la cuota a pagar. En algunos casos, la acumulación de estos mecanismos da lugar a una tributación nula, o incluso a una renta fiscal de referencia muy baja, a pesar de contar con una gran fortuna.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Desde hace años, el Ministerio de Hacienda intenta mejorar la fiscalidad de los hogares ricos, cuya cuota tributaria parece desconectada de su patrimonio real. A pesar de los escollos políticos, no faltan soluciones: introducir un impuesto mínimo efectivo sobre los patrimonios muy elevados, que incluya en la base imponible determinados tipos de ingresos actualmente exentos, imponer límites más estrictos a las lagunas fiscales, reforzar la cooperación internacional para limitar la optimización a través del exilio fiscal y, por último, un impuesto progresivo sobre el patrimonio neto por encima de un umbral elevado.
Otros abogan por una mayor imposición de las plusvalías latentes, es decir, la ganancia potencial realizada sobre un activo (acciones o inmuebles) cuyo valor ha aumentado, pero que aún no se ha vendido, y que sólo se convierte en "real" e imponible cuando el activo se vende realmente.
Pero en la práctica, todos los intentos ambiciosos chocan sistemáticamente con un muro de ladrillo: temores sobre la competitividad, amenaza de fuga de capitales, batallas legales, presión de los círculos empresariales y prudente arbitraje político. Las medidas se diluyen, se posponen o se abandonan.
A estas alturas, la cuestión ya no es realmente cómo hacerlo, sino si la correlación de fuerzas permitirá hacerlo alguna vez. Mientras el coste político de una reforma de gran alcance parezca superar los beneficios electorales, es probable que continúe el "salto mortal fiscal".