Tras décadas de contaminación, los ríos urbanos europeos viven una nueva etapa. Ciudades de todo el continente impulsan proyectos de recuperación para mejorar la calidad del agua y permitir que vuelvan a ser lugares de baño, encuentro y ocio.
Las ciudades europeas están devolviendo sus ríos a los bañistas. De París a Berlín, las autoridades se apresuran a sanear cauces centenarios, convencidas de que contar con un río apto para el baño es ya una infraestructura urbana esencial, y no un lujo, a medida que se intensifican las olas de calor y los veranos se vuelven más difíciles de soportar.
Cuando París abrió el Sena al baño público el año pasado, no fue solo un golpe de efecto ligado a los Juegos Olímpicos. Fue la parte visible de un cambio más amplio en toda Europa, las ciudades empiezan a ver sus ríos y canales no como problemas de ingeniería escondidos tras muros de hormigón, sino como espacios públicos que merece la pena recuperar, proteger y con los que convivir.
"Las ciudades europeas sin duda están invirtiendo cada vez más en los ríos y también en los canales que los conectan, porque pueden aportar varios beneficios a la vez", explica Vassileios Latinos, responsable de resiliencia y adaptación climática en ICLEI Europe, una red de gobiernos locales y regionales que trabajan en sostenibilidad.
De París a Copenhague y Berlín, afirma, las ciudades redescubren sus vías fluviales como herramientas de resiliencia climática, de salud pública y para la vida urbana cotidiana, a menudo todo al mismo tiempo.
Los datos respaldan el giro
El optimismo no se basa solo en percepciones aisladas. Según Trine Christiansen, responsable del grupo de aguas continentales y medio ambiente de la Agencia Europea de Medio Ambiente, las aguas de baño del continente presentan en general un buen estado. En la evaluación más reciente de la AEMA, el 85% de las zonas de baño europeas obtuvo la calificación de excelente y el 96% cumplió al menos los estándares mínimos de calidad.
Estas cifras han mejorado de forma constante desde la revisión de la Directiva sobre aguas de baño de la UE. La proporción de zonas de mala calidad se redujo del 2,4% al 1,5%, mientras que las calificadas como excelentes subieron hasta rozar el 85%.
Aun así, persisten carencias, sobre todo en las ciudades que quieren que sus ríos urbanos sean aptos para el baño, y no solo las costas y los lagos en los que se centró inicialmente la directiva. Francia, Países Bajos y Estonia registran actualmente algunas de las mayores proporciones de aguas de baño de mala calidad de la UE, a menudo vinculadas a ríos interiores más que al mar.
Por qué las ciudades apuestan ahora por sus ríos
Para Latinos, la motivación va mucho más allá de la nostalgia por un río donde poder bañarse. Es una respuesta al calentamiento del clima. "Contar con cursos de agua y ríos limpios e integrados en la ciudad puede ser una herramienta muy poderosa para ayudar a las urbes a afrontar olas de calor más frecuentes e intensas", señala, recordando el episodio de calor extremo que vivió Europa pocas semanas antes de esta conversación.
Los ríos, los canales y las zonas verdes que los rodean "pueden generar una refrigeración natural, reducir el efecto isla de calor urbana y ofrecer lugares accesibles donde la población pueda encontrar alivio durante temperaturas extremas".
Relata cómo, durante la reciente ola de calor, vio cómo los paseos fluviales de París, rediseñados deliberadamente como espacios públicos pensados para los peatones, se llenaban "prácticamente hasta los topes". En su ciudad, Berlín, el Gobierno local "está revitalizando las vías de agua mediante corredores verdes y proyectos de acceso público", a menudo en colaboración con ONG y colectivos vecinales que buscan reconectar a los habitantes con el agua.
La clave, sostiene Latinos, es que la restauración de los ríos ofrece varios beneficios con una sola inversión, reduce el riesgo de inundaciones, mejora la biodiversidad, refresca las calles, crea espacios públicos atractivos y dinamiza las economías locales en un mismo proyecto. También es, apunta, una declaración de intenciones. "Es una forma de mostrar que la ciudad se preocupa de verdad por el entorno urbano".
La parte difícil, limpiar el agua
Nada de esto funciona si no se aborda primero la calidad del agua, y ahí reside la verdadera complejidad. Eline Boelee, experta en agua y salud del instituto de investigación neerlandés Deltares, señala las infraestructuras envejecidas del continente como uno de los problemas de fondo.
Muchas ciudades europeas siguen dependiendo de sistemas de alcantarillado unitarios que transportan tanto aguas pluviales como residuales. "Estos sistemas están diseñados para unas condiciones medias y, cuando se producen lluvias intensas, la capacidad se supera y esa agua se vierte a las aguas superficiales", explica. Esto entraña riesgos como la presencia de patógenos, bacterias resistentes a los antimicrobianos y, cada vez más, contaminantes químicos como las PFAS.
Latinos plantea la solución en términos estructurales. Lograr que un río sea apto para el baño, afirma, exige reducir la contaminación en origen, modernizar los sistemas de aguas residuales y pluviales, restaurar el ecosistema natural y, algo crucial, crear un sistema de vigilancia adecuado que permita a las ciudades y a la ciudadanía saber cuándo el agua es realmente segura.
La coordinación es la mayor dificultad
Si hay un obstáculo recurrente para las ciudades, no es la ciencia, sino las personas y el dinero. "No es que alguien tome una decisión y esto pueda hacerse en unos meses", afirma Latinos. Los ríos atraviesan múltiples jurisdicciones e implican a empresas de servicios, negocios y comunidades locales cuyos intereses no siempre coinciden, especialmente cuando las obras de restauración obligan a cerrar durante meses los comercios a orillas del río. "Hace falta una acción coordinada y un liderazgo fuerte desde el principio", añade, además de conocimiento técnico y, igual de importante, una financiación ensamblada a partir de fuentes diversas.
Si se hace bien, la recompensa es importante. Latinos cita ciudades como París y Copenhague como modelos de lo que puede lograr la llamada "infraestructura azul y verde", barrios más frescos, saludables y habitables construidos en torno al agua y no a pesar de ella.
Como explica Christiansen, a medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes, "disponer de aguas fluviales seguras y bien gestionadas para el baño es cada vez más importante para la calidad de vida en las ciudades, la salud pública y la resiliencia hídrica". Recuperar los ríos urbanos se está convirtiendo en una respuesta práctica a un clima más cálido e imprevisible.