Pocos alimentos reciben ahora en internet tantos elogios como la sardina. No es de extrañar, con sus ácidos grasos omega 3, calcio y otros nutrientes, este pequeño pescado en conserva parece capaz de casi todo. Pero ¿qué hay realmente detrás de esta fiebre?
Son aceitosas, huelen fuerte y vienen en lata, durante mucho tiempo las sardinas se han considerado un alimento para incondicionales con un paladar muy tolerante. Eso ha cambiado, también por las promesas para la salud que se atribuyen a estos pequeños peces.
La seriedad con la que algunos se toman esta tendencia quedó clara con el caso de un investigador de Harvard que pasó un mes sin comer prácticamente otra cosa que sardinas y documentó públicamente su experimento. Instagram y TikTok están llenos de vídeos de pescado en conserva, solo que justo ahora el pescado apenas se encuentra en muchos supermercados.
Una tendencia no del todo nueva
Ya en el verano de 2025 empezó a circular en internet el término 'Sardine Girl Summer', en alusión a tendencias previas como el 'Hot Girl Summer', un eslogan que describe una actitud vital segura de sí misma y que popularizó en su día la rapera estadounidense Megan Thee Stallion. Ahora a ese estilo de vida se le han sumado las sardinas.
Diversos medios informaron ya entonces de un fuerte aumento de las búsquedas en Google y de un boom de accesorios relacionados con las sardinas. Un año más tarde, la moda se ha convertido en una auténtica obsesión por el pescado en lata, bajo el término 'Sardinecore' el pescado marca ya toda una estética. En TikTok hay más de 115.000 publicaciones con la etiqueta #sardines, una aplicación de fitness australiana registró para julio de 2026 el doble de raciones de sardinas anotadas que el año anterior.
Un mes a base de sardinas
Hasta dónde puede llegar el furor lo mostró el experimento personal del investigador de Harvard Nick Norwitz. Comió durante un mes casi exclusivamente sardinas, a razón de 100 gramos diarios por cada 50 libras (unos 22,7 kg) de peso corporal, acompañadas de agua y electrolitos, en este entorno se conoce como el llamado ayuno de sardinas.
Tras una semana había perdido, según sus propios datos, casi tres kilogramos sin perder fuerza. Llamativo fue su análisis de sangre, su índice de omega 3 subió hasta alrededor del 16%, cuando el valor normal se sitúa entre el 8% y el 11%. Norwitz comparó sus valores con los de un delfín, que ronda el 20%, y afirmó notar una nueva resistencia al frío.
Sin embargo, no todo fue sobre ruedas. Hacia el final de la primera semana su rendimiento se desplomó, previsiblemente porque, pese a consumir mucha proteína y omega 3, le faltaba simplemente grasa, solo cuando añadió aceite de oliva se normalizó su nivel de energía. A ello se sumó un problema de olor, según contó, seguía oliendo a pescado varias horas después de comer.
Por ilustrativo que sea el experimento, un único caso no sustituye a un estudio representativo. Por eso el panorama resulta realmente interesante cuando se mira a la investigación disponible sobre las sardinas.
Lo que muestran realmente los estudios
Un artículo científico en la revista especializada 'Frontiers in Nutrition' de 2023 describe las sardinas como una alternativa económica a las cápsulas de aceite de pescado. Además de omega 3 aportan calcio, magnesio, zinc, hierro y los aminoácidos taurina y arginina, una combinación que puede reducir la inflamación y el estrés oxidativo en el sistema cardiovascular.
No obstante, los autores subrayan que la mayor parte de las pruebas proceden de estudios observacionales. La Sociedad Alemana de Nutrición (DGE) llega a una conclusión similar, el consumo regular de pescado graso reduce el riesgo de cardiopatía coronaria e ictus, se recomienda comer pescado una o dos veces por semana.
Concretamente, una ración de 100 gramos de sardinas cocidas aporta unos 382 miligramos de calcio, alrededor de un tercio de las necesidades diarias, además de hierro, fósforo y abundante vitamina B12, con más de 24 gramos de proteína. Al ser peces pequeños de vida corta acumulan, además, mucho menos mercurio que grandes depredadores como el atún, un exceso de mercurio en el organismo puede dañar el sistema nervioso y el sistema inmunitario.
Hay otro nutriente que a menudo pasa desapercibido, la creatina, conocida en el mundo de la fuerza, se encuentra sobre todo en el tejido muscular de origen animal. Según la literatura científica, pescados como el arenque o el salmón aportan entre 300 y más de 1.000 miligramos por cada 100 gramos. En el caso de las propias sardinas, las cifras que circulan en la red varían mucho, las tablas comparativas más fiables las sitúan con unos 0,3 a 0,5 gramos por cada 100 gramos, aproximadamente al nivel del salmón.
Cuando demasiado pescado se convierte en un riesgo
En dietas extremas como el ayuno de sardinas, los especialistas recomiendan cautela, quien come durante semanas casi exclusivamente un solo alimento corre el riesgo de sufrir carencias de fibra y vitaminas.
También con el omega 3 no siempre más es mejor. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria consideró en 2012 que hasta cinco gramos diarios de los ácidos grasos EPA y DHA son inocuos, pero con la regla práctica del ayuno de sardinas ya se supera ese límite.
Entre las posibles consecuencias figuran una mayor tendencia a sangrar y un sistema inmunitario debilitado. Importante también para los grupos de riesgo, el contenido de sodio de las conservas puede suponer una carga para las personas con hipertensión, más de la mitad de quienes tienen alergia al pescado reaccionan también a las sardinas en lata y, por su contenido en purinas, las personas con gota deberían vigilar su consumo.
Estanterías vacías pese a la demanda récord
Precisamente ahora las estanterías de sardinas están vacías en muchos supermercados alemanes. Una encuesta de la dpa realizada en septiembre de 2026 reveló que Aldi Nord, Rewe, Lidl, Kaufland, Edeka y el distribuidor en línea Picnic coinciden en que sufren problemas de suministro.
La principal razón se encuentra frente a la costa de Marruecos y del Sáhara Occidental, la principal zona de captura para Europa, la cantidad de capturas cayó de 965.000 toneladas en 2022 a 525.000 toneladas en 2024, casi un 46 % menos en solo dos años.
Según explicó Stefan Meyer, del Centro de Información sobre el Pescado de Hamburgo, citado por la dpa, la causa está en el cambio climático, las alteraciones en las condiciones marinas y la presión pesquera. Desde febrero de 2026 Marruecos ha restringido además de forma drástica la exportación de sardinas congeladas para abastecer primero su propio mercado, un problema para Europa, ya que Marruecos era hasta ahora su principal proveedor. Algunas latas cuestan ya hasta 6,90€, y algunos fabricantes recurren ya a las anchoas.
El reverso del pescado en conserva
Bajo el término 'Sardinemaxxing' circulan también vídeos que presentan la lata como producto para el cuidado de la piel. Detrás de esa promesa de belleza hay un punto de verdad, los ácidos grasos omega 3 sí ayudan a la barrera cutánea y pueden proteger el colágeno de los daños de los rayos UV, solo que no de la noche a la mañana ni por comer una sola lata.
Rara vez se menciona en esos coloridos vídeos la situación de las zonas de pesca. La guía de pescado del WWF clasifica las poblaciones de sardinas de forma muy desigual según la región, frente a Portugal y en el Cantábrico la presión de pesca es demasiado alta para que se recuperen, en el Adriático y en el mar de Alborán las poblaciones ya se consideran sobreexplotadas.
Un estudio científico sobre las poblaciones marroquíes llegó en el verano de 2026 a una conclusión similar, especialmente en el sur la presión de pesca se sitúa muy por encima de un nivel sostenible. Según el informe mundial sobre pesca de la FAO, alrededor del 35,5% de todas las poblaciones de peces marinos del planeta están sobreexplotadas, un porcentaje que aumenta desde hace años.
Las sardinas crecen y se reproducen rápido, lo que las hace más resistentes que los grandes depredadores de vida larga, pero reaccionan con sensibilidad al aumento de la temperatura del agua que está provocando el cambio climático frente a las costas de Marruecos.
De todo ello apenas se habla en los vídeos virales. Pese a sus ventajas para la salud, la sardina sigue siendo al final lo que siempre ha sido, un pez pequeño, barato y realmente nutritivo de la familia de los arenques.