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Nuevos antibióticos "cambiantes", la solución contra las superbacterias resistentes a los fármacos

Infecciones resistentes a los antibióticos
Infecciones resistentes a los antibióticos Derechos de autor Canva
Derechos de autor Canva
Por Oceane DuboustEuronews en español
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En los países del EEE mueren cada año más de 35 000 personas por infecciones resistentes a los antibióticos.

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La resistencia a los antimicrobianos es un problema creciente, declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) "una de las 10 principales amenazas mundiales para la salud pública".

Los datos hablan por sí solos: en los países del EEE —Estados miembros de la Unión Europea, Islandia y Noruega— mueren cada año más de 35 000 personas por infecciones resistentes a los antibióticos, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC).

Los científicos trabajan a marchas forzadas para atajar este problema. Un estudio publicado a principios de abril muestra resultados prometedores en relación con nuevos antibióticos "cambiantes".

Moléculas que cambian de forma

La nueva investigación se basa en una molécula ya conocida y utilizada: la vancomicina, un antibiótico empleado desde los años cincuenta.

A pesar de ser menos común que la penicilina y sus derivados, algunas bacterias se hicieron progresivamente resistentes a la vancomicina, lo que llevó al desarrollo de dos nuevas versiones, la última de ellas en 2017.

Para detener esta carrera contrarreloj, investigadores del Laboratorio Cold Spring Harbour de Nueva York crearon una molécula que puede cambiar de forma. En este caso, los investigadores han encontrado la manera de reorganizar sus átomos.

El autor principal de este estudio, el profesor John E Moses, lo explica a Euronews: "Debemos pensar que las moléculas tienen una forma, que permite a las moléculas de fármacos interactuar muy estrechamente con la forma de una diana terapéutica para curar el cáncer o tratar una infección bacteriana, de forma similar a una llave en una cerradura".

Basándonos en esta comparación, una bacteria resistente equivale a una nueva "cerradura" para la que hay que fabricar una nueva llave, un proceso que, recuerda el profesor Moses, "puede llevar mucho tiempo y dinero".

Su equipo combinó la vancomicina con una molécula llamada bullvaleno, esta última con capacidad para cambiar de forma. Esto la convierte en una molécula fluxional —o no rígida—, algo que Moses descubrió mientras asistía a una conferencia en Australia en 2017.

"Esta capacidad de cambiar de forma rápidamente puede permitir que las moléculas del fármaco —la llave— sigan interactuando con la diana terapéutica —la cerradura— aunque cambie su estructura", explica Moses.

Métodos de química del clic

Para combinar las dos moléculas, el equipo utilizó la conocida como química del clic, un método por el que Carolyn Bertozzi, Morten Peter Medal y Karl Barry Sharpless ganaron el Premio Nobel de Química el año pasado.

Sencilla, rápida y eficaz, la química del clic es beneficiosa para el descubrimiento de fármacos, ya que preserva las propiedades específicas de las moléculas, en este caso, la capacidad de matar bacterias.

"La química del clic nos permite tomar moléculas muy complicadas (como el antibiótico vancomicina) y unirlas rápidamente, de forma parecida a como encajan las piezas de Lego", explica Moses. "La química es robusta y fiable, y funciona siempre.

El equipo, en colaboración con la Dra. Tatiana Soares da-Costa, de la Universidad de Adelaida, probó la nueva molécula combinada en larvas de polilla de la cera. Las larvas se infectaron con bacterias patógenas resistentes a los antibióticos clásicos.

Si pudiéramos crear moléculas que marquen la diferencia entre la vida y la muerte, eso sería el mayor logro de la historia
John E Moses
Investigador del laboratorio Cold Spring Harbour de Nueva York

El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, mostró los prometedores resultados de este antibiótico que cambia de forma. Al hacerlo, el fármaco resultó eficaz contra patógenos resistentes. Además, las bacterias no desarrollaron resistencia a la nueva molécula, que podía seguir funcionando durante más tiempo que sus homólogas anteriores.

Los autores del estudio subrayaron que los resultados podrían "ofrecer una posible solución a corto plazo que aproveche las cadenas de suministro establecidas y el éxito clínico".

Además de los beneficios para la salud mundial, esta solución también podría ser económica, ya que se calcula que la resistencia a los antibióticos cuesta 1 500 millones de euros al año sólo en Europa.

El equipo afirmó que estaban "allanando el camino para futuros estudios" sobre el tema. El Laboratorio Cold Spring Harbor trabaja actualmente para adaptar esta técnica a otros antibióticos de uso clínico.

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"Si podemos crear moléculas que marquen la diferencia entre la vida y la muerte, sería el mayor logro de la historia", afirmó Moses.

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