Los cinéfilos más fieles llegan al Palais des Festivals de Cannes antes del amanecer, colocan escalerillas y encadenan sillas para asegurarse un sitio en la gala de apertura.
Les aguardan largas horas de espera y estrictos controles de seguridad, algunos llevan comida, agua y mantas para sobrellevar la larga espera.
La organización abre las vallas de acceso a una hora fijada y las normas de entrada limitan las zonas donde puede situarse el público, así que los aficionados planifican a qué acceso dirigirse.
El ritual combina paciencia y planificación. Los aficionados confían en poder ver aunque sea fugazmente a las estrellas en la alfombra roja y, para muchos, la cola forma parte del propio festival.